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Cómo Alexey Navalny abandonó el nacionalismo ruso

Fotografía: Alexey Navalny / Instagram

En febrero de 2011, más o menos nueve meses antes de que Alexey Navalny se volviera famoso a nivel internacional como uno de los líderes de la oposición rusa contra Putin, The Guardian publicó una historia sobre él titulada “El principal denunciante de actos ilícitos de Rusia quiere encarcelar a los corruptos“. El artículo incluyó una fotografía suya con un chaleco definitivamente anticuado.

Al día siguiente, Navalny se mofó en su blog de LiveJournal: “No sé por qué a todos los extranjeros les encanta utilizar esas fotografías. Una posible explicación es que en cada artículo extranjero que trata sobre mí, es necesario mencionar cautelosamente que ‘las opiniones de este hombre son, hablando en términos generales, algo similares a las opiniones de los nacionalistas’. En la mente de los europeos y estadounidenses, el chaleco es símbolo de un ratón de biblioteca. Quizá la idea de un ‘estudioso nacionalista’ es menos atemorizante, de alguna manera”.

Alcanzar la fama

Más de seis años después, Navalny ha progresado bastante. Antes de que terminara 2011, encabezó enormes multitudes que estuvieron en contra de los resultados de la elección parlamentaria. En 2013, desafió al alcalde de Moscú y casi fuerza una segunda votación. En múltiples ocasiones ya, los tribunales rusos lo han condenado por delitos graves, que resultan en libertad condicional y con antecedentes penales que técnicamente le impiden postular a la presidencia en las elecciones de marzo próximo. No obstante, Navalny se postula para ese puesto, aunque es poco probable que le permitan aparecer en la boleta electoral.

El hombre que empezó como un “nacionalista-estudioso” con una cuenta en LiveJournal es ahora una figura política internacional, descrito regularmente como el “líder de la oposición rusa”, con cada vez más proyectos civiles y de medios en línea que esperan sus instrucciones. A mediados de abril, el equipo de Navalny informó que más de 77 000 personas se habían registrado para trabajar como voluntarios en su campaña presidencial, casi 320 000 habían respaldado su derecho de aparecer en la boleta electoral del año próximo, y que había recibido más de $690 000 dólares en donaciones.

La campaña presidencial de Alexei Navalny ha gozado de éxito repentino desde que decidió competir contra el primer ministro, Dmitry Medvedev.

A principios de abril, la estación de televisión independiente Dozhd informó que los funcionarios a cargo de la política nacional del gobierno de Putin estaban planeando una campaña de difamación contra Navalny, diseñada aparentemente para retratarlo como un fascista. Al día siguiente, apareció en YouTube un elegante video –hecho en el mismo estilo y con el mismo alto valor de producción que los videos virales a favor del Kremlin– donde se comparaba a Navalny con Adolfo Hitler.

Después, en menos de una semana, YouTube retiró el video por violaciones de derechos de autor, aunque los duplicados continúan circulando. El video original recibió más de dos millones de vistas antes de ser eliminado.

Las personas detrás del video aparentemente esperan desalentar el apoyo a Navalny por medio de la exageración de sus opiniones nacionalistas, y de recordarle al público sobre un joven que se aprovechó del nacionalismo para hacerse de un nombre.

Pero indagar sobre el nacionalismo de Alexey Navalny tiene un propósito más: le recuerda a los nacionalistas rusos que él abandonó muchas opiniones y mucha de la retórica que antes los unía.

¿Acaso importa si esas personas se molestan?

Los dos Navalny

Los nacionalistas rusos son conocidos por adornar su propia influencia política. En 2008, el propio Navalny afirmó que el cuarenta por ciento de todos los rusos están “naturalmente predispuestos al nacionalismo”. Tres años después, Alexander Belov (un destacado nacionalista que ahora cumple condena de siete años y medio en prisión por delitos múltiples) dijo que el setenta por ciento de los rusos son nacionalistas, “mas carecen de representación política”.

Al analizar la política electoral en Rusia, es difícil justificar esos números; no obstante, es innegable que la extensa mayoría de la población, incluidos muchos nacionalistas, aceptaron la anexión de Crimea. De hecho, muchos analistas políticos en la actualidad argumentan que un supuesto “consenso por Crimea” sostiene la enorme popularidad de Vladimir Putin.

Hace una década, Navalny era demasiado nacionalista para convencer a la intelectualidad liberal, pero ahora se arriesga perder el apoyo de los antiguos camaradas y del público general por no ser suficientemente nacionalista.

Al menos, esa fue la advertencia que realizó Alexandr Khramov en un texto que publicó el 21 de abril pasado, en el nuevo sitio web nacionalista “Europeo ruso”. Khramov, antiguo coordinador del movimiento nacionalista “Sindicato civil ruso”, separa la historia política de Navalny en dos etapas: “el Navalny de los hombres saludables” y el “Navalny de los fumadores”.

Khramov, nacionalista ruso proclamado, afirma que los mejores momentos de Alexey Navalny duraron hasta marzo de 2014. Navalny participó en la “Marcha rusa” anual, en donde cabezas rapadas y jóvenes que usaban máscaras vociferaron lemas como “¡Rusia para los rusos!”, “¡Dejen de alimentar al Cáucaso Norte!” y “¡Rusia sin Putin!”

Navalny brinda un discurso en la “Marcha rusa” de 2011.  / YouTube

En 2007, ayudó a iniciar el movimiento nacionalista NAROD, que fusionó la política liberal con aspiraciones nacionalistas, como exigir elecciones libres, terminar los monopolios estatales en los medios informativos, y que Rusia reconociera la soberanía de Transnistria, Abjasia y Osetia del Sur. Un año después, cuando la guerra estalló en Georgia, Navalny respaldó nuevamente la idea de que Rusia reconociera la independencia de Ossetia del Sur y Abjasia, y bromeó que el presidente Saakashvili demostraba un deseo parecido al de Hitler: expansión territorial en tierras extranjeras.

Navalny protagoniza un video para NAROD en septiembre de 2007, donde aboga por la posesión de armas en contra del  “homosapiens bezpredelius” de aspecto oscuro / YouTube

Khramov se maravilla de cómo Navalny permaneció leal a sus aliados nacionalistas en los primeros días del “Movimiento Bolotnaya” en diciembre de 2011, cuando insistió en que tuvieran acceso al micrófono en las manifestaciones importantes.

De acuerdo con Khramov, después de que Navalny se ausentara de la Marcha Rusa dos años consecutivos, “el Navalny de los fumadores” tomó el control en marzo de 2014, cuando intentó replantear una postura con respecto a Crimea. El 12 de marzo de ese mismo año, Navalny publicó un texto en el que suponía esclarecer sus opiniones sobre la anexión. Ahí, argumentó que el respaldo de parte de Moscú al referéndum emitido por Crimea de
dejar Ucrania por Rusia puso en riesgo a un voto secesionista similar en Chechenia –una extraña inquietud, dado que Navalny había apoyado antes abandonar Chechenia por completo.

“Quería sujetar a Navalny del brazo y preguntarle, ‘Alexey, ¿de qué estás hablando?’ ¿Qué tiene que ver Chechenia en esto? Existen 1,2 millones de rusos en Crimea (sesenta y tres por ciento de la población) y 24 000 [rusos] en Chechenia (dos por ciento de la población)”, Khramov escribió.

Ridiculez convencional

La postura de Navalny respecto a Crimea no tiene sentido para rusos como Kharmov, quien la considera como un truco político barato para negarle el crédito a Putin en “lo único en que acertó”.

“La historia con Crimea, donde Putin actuó como nacionalista ruso por primera y única vez en su mandato de 15 años, sumergió a Navalny en una profunda confusión. No sabía cómo proceder. ¿Apoyar la reabsorción de Crimea? Pero lo considerarían como un simpatizante de Putin. ¿Oponerse? Entonces, tendría que despedirse de su imagen de patriota”, Khramov escribió, quejándose de que Navalny abandonó al final sus raíces nacionalistas, populistas para ganar la aceptación de los liberales y los extranjeros.

Los esfuerzos de Navalny por apaciguar, Khramov afirma, significan que ahora habla con las mismas “afirmaciones débiles” y “sin sentido” predilectas de “los burócratas de Putin”.

En una entrevista reciente, Navalny incluso indicó, “el asunto caucásico es igual para mí que la cuestión rusa –todo es mucho peor allá. Los salarios son más bajos e inclusive existe más corrupción”.

Para los nacionalistas rusos este comentario es absolutamente ridículo. “En los lugares más remotos de Rusia, también existen salarios bajos, no obstante, ¿alguna vez has escuchado de un conductor de tractor u ordeñadoras de alguna parte recóndita del país que coloca minas terrestres o escapan para formar parte del turismo yihadista de Oriente Medio?, Khramov pregunta.

Una década después

En el mes de diciembre se cumplen diez años del discurso de Navalny dirigido al partido político liberal Yabloko, en donde le restó importancia a los peligros del “DPNI”, movimiento nacionalista vetado posteriormente por extremismo, y argumentó que el manifiesto de su movimiento NAROD era perfectamente compatible con la plataforma del partido Yabloko. A sabiendas de que estaba a punto de ser expulsado, Navalny concluyó sus observaciones gritando “¡Gloria a Rusia!” –un lema un tanto activista en ese momento.

Navalny culpó de su salida a los políticos más antiguos del partido, quienes no valoraron su crítica durante las elecciones parlamentarias de 2007, cuando Yabloko perdió todos sus escaños en la Duma estatal.

Una década después, la oposición liberal de Rusia todavía no tiene ninguna representación en el Parlamento, y los antiguos vigías –las personas que sacaron a Navalny– no pueden ni siquiera abrir camino para ellos mismos.

Alexey Navalny, la fuerza de un solo hombre que en marzo demostró su capacidad para movilizar sin ayuda a miles de manifestantes a nivel nacional, es ahora más grande que sus antiguos aliados en Yabloko. Es más importante que todos sus rivales.

Pero en una Rusia posCrimea, Navalny quizá haya renunciado a su ventaja populista que tenía sobre Putin en el camino para convertirse en el preferido de la oposición rusa.

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