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Una alianza en la selva maya maneja de manera eficiente los recursos forestales

En México está reconocida la propiedad de la tierra a las comunidades y ejidos (Foto tomada del sitio oficial de Alianza Selva Maya y reproducida con permiso)

En México está reconocida la propiedad de la tierra a las comunidades y ejidos (Foto tomada del sitio oficial de Alianza Selva Maya y reproducida con permiso)

El 19 de agosto de 2007, el meteorólogo mexicano José Nemesio Medina avisó que el huracán Dean podría pasar por la Bahía de la Ascensión, en el municipio Felipe Carrillo Puerto del estado Quintana Roo. El 21 de agosto, el ojo del huracán Dean atravesó Bacalar, una ciudad del municipio Chetumal, la capital de Quintana Roo, con vientos de hasta 295 km/h.

El monto de los daños, según un informe publicado por la Secretaría de Gobernación y el Centro Nacional de Prevención de Desastres, ascendió a 210 millones de dólares. La selva maya fue afectada. Alrededor de 917.000 ha de selva mediana y 270.000 ha de selva baja sufrieron daños.

En el municipio Felipe Carrillo Puerto, el ejido Noh Bec estaba a punto de concluir sus primeras anualidades de cortas autorizadas como parte del Programa de Manejo Forestal de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) iniciado en 1999.

Tras el paso del huracán, la secretaría suspendió ese programa y aprobó permisos de corta temporales. Noh Bec perdió además la certificación forestal de la organización Smart Wood, que les permitía la exportación de la madera a Estados Unidos y Alemania fundamentalmente. El bosque quedó en estado crítico, con una buena parte de sus árboles dañados.

Tres años después, Noh Bec no había recuperado el sello verde. “La madera empezó a venderse a como se podía y los precios bajaron muchísimo”, recuerda Abraham González, director forestal del ejido. “Había que unirse para homogeneizar los precios de la madera”.

Así se inicia la Alianza Selva Maya el 15 de julio de 2011.

Captura de un diario local que refleja la conformación de la Alianza Selva Maya (Foto: Blog oficial de Alianza Selva Maya y reproducida con permiso)

Captura de un diario local que refleja la conformación de la Alianza Selva Maya (Foto: Blog oficial de Alianza Selva Maya y reproducida con permiso)

El artículo 27 de la Constitución mexicana, aprobada en 1917, cedía la propiedad de la tierra a campesinos y comunidades indígenas mediante la creación de dos formas fundamentales de propiedad social: los ejidos y las comunidades.

Los ejidatarios mantienen la “propiedad civil” sobre la tierra, pero no pueden venderla, alquilarla, hipotecarla, ni ofrecerla como garantía para la solicitud de créditos. La concesión de la propiedad plena sobre la tierra podría provocar su pérdida a manos de los latifundistas, debido a la vulnerabilidad política de los campesinos.

El gobierno mantuvo un control centralizado de los bosques hasta 1940, cuando se permitió el otorgamiento de concesiones a empresas privadas para la explotación de los recursos forestales. A finales de 1970, el sector forestal mexicano estaba en crisis debido a la sobre-explotación de los bosques naturales. En 1986 se abolieron las concesiones a empresas privadas y se devolvió el derecho a la explotación de los recursos forestales a las comunidades y ejidos.

En 1997, SEMARNAT diseñó una estrategia de promoción de la gestión de bosques que incluyó dos nuevos programas: el Programa de Desarrollo Forestal y el Programa de Desarrollo Forestal Comunitario (PROCYMAF).

Se estima que actualmente 2.300 ejidos y comunidades tienen permiso para el uso de la madera en sus bosques y selvas tropicales, de un total de 8.400 con derecho. Durante los últimos 25 años, más del 80 por ciento de los bosques templados y tropicales de México han sido manejados por comunidades rurales y poblaciones indígenas, lo cual les permite decidir sobre la producción maderera comercial.

—Imagina un ejido que tiene 10.000 hectáreas de bosques y 100 ejidatarios –dice Iván Zúñiga, coordinador operativo de Polea, una organización sobre política y legislación ambiental mexicana–. Tocarían cien hectáreas por cada uno. Esas cien hectáreas se dividen en bloques de diez hectáreas y esas son las que se cosechan cada año. Por tanto, tendrías diez años para regresar al sitio por donde empezaste. Ahora bien, en esas diez hectáreas no se talan todos los árboles, sino los más débiles. Se dejan en pie los de mayor calidad genética. En el sitio donde se talaron los árboles queda un claro, que permite la entrada del sol, y las semillas de los árboles que no fueron talados se prenden en el suelo y se restaura de manera natural el ecosistema.

La Alianza Selva Maya tiene 113.000 ha de selva en zonas conocidas como Áreas Forestales Permanentes y otras 49.000 bajo conservación comunitaria. Los cinco ejidos que la conforman son Bacalar, Felipe Carrillo Puerto, Noh Bec, Petcacab y Polinkin, y Xhaxil y Anexos.

José Antonio Arreola, asesor técnico forestal, explica que “cada ejido se maneja de manera independiente, pero forman parte de la Alianza”, porque “en un solo ejido no podemos lograr mejores precios para nuestra madera”.

Alfonso Argüelles, representante nacional de México ante el Consejo de Administración Forestal, una organización no gubernamental de acreditación con sede en Bonn, Alemania, explica los principales desafíos que enfrentan en las comunidades.

—Hay dos ejidos donde las tesoreras son mujeres. Muchas trabajan en las zonas eco-turísticas. En el caso de los jóvenes, no queríamos que se fueran a la ciudad por el Internet, así que trajimos el Internet hasta el ejido. No queríamos que se nos fueran por la televisión y trajimos Cablevisión. La comunidad lo subsidia.

Un propietario puede ganar hasta 4.000 pesos mexicanos al mes como salario básico. Si es técnico forestal puede llegar hasta los 14.000. Tenemos una política de empleos que favorece a los propietarios, luego a sus hijos y familiares, después a los miembros de la comunidad y, por último, a extranjeros o personas de fuera del pueblo.

—¿Cómo logran que algunos ejidatarios no quieran apropiarse de los recursos comunes?

—Abriendo espacio para los emprendedores. Hay quienes se conforman con cosechar su madera y venderla, hay quienes quieren añadir un valor agregado. A esos últimos, por ejemplo, se les permite crear carpinterías. Si te permito tener una carpintería, no vas a querer quedarte con mi madera, ¿verdad?

Desde su creación, la Alianza ha incorporado proyectos de eco-turismo y de captura de carbono, y ha desarrollado técnicas de adaptación agrícola para el cambio climático.

—Somos los principales impulsores de la conservación rural comunitaria. De eso vivimos.

*Este artículo es un extracto exclusivo para Global Voices. Puede consultar la versión original de “Una alianza en la selva maya maneja de manera eficiente los recursos forestales” aquí y leer otros artículos de Elaine Díaz aquí. Elaine Díaz Rodríguez recibió una beca de la Earth Journalism Network para la cobertura de la COP 13.

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