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Interrogan a activista de medios tunecino sobre fuentes de documentos filtrados

Sami Ben Gharbia (derecha) con la activista siria Razan Ghazzawi en una reunión de Global Voices en 2008. Foto de Yazan Badran vía Flickr (CC BY 2.0)

Sami Ben Gharbia, activista tunecino de medios y los derechos humanos, fue interrogado durante seis horas el 3 de mayo por las autoridades tunecinas. Le preguntaron sobre su papel en la publicación del plan de acción de la presidencia sobre un polémico proyecto de ley de reconciliación económica.

A su llegada a la Brigada Central de Investigación de la Guardia Nacional en L’Aouina, Ben Gharbia fue interrogado principalmente sobre la fuente de los documentos filtrados sobre el plan de acción de la Presidencia de la República para ejercer presión a favor de la ley. También fue interrogado extensamente sobre el funcionamiento interno de Nawaat, la ONG tunecina de medios independientes y transparencia que cofundó en 2004. En su descripción del incidente, el equipo de Nawaat escribió:

Faced with Ben Gharbia’s determination to protect our sources as per article 11 of Decree-Law 115, the interrogation lasted 6 hours and gave way to harassment, focusing on Nawaat’s internal functioning, the identity of its journalists (identity cards, telephone numbers, etc.) and the list of Nawaat’s collaborators, with the intention of interrogating them one by one.

Ante la determinación de Ben Gharbia de proteger nuestras fuentes según el artículo 11 del Decreto Ley 115, el interrogatorio duró seis horas y se convirtió en acoso, se centró en el funcionamiento interno de Nawaat, la identidad de sus periodistas (documentos de identidad, números de teléfono, etc.) y la lista de colaboradores de Nawaat, con la intención de interrogarlos uno a uno.

Ben Gharbia es una destacada figura de los medios de comunicación independientes y el activismo digital por los derechos humanos en Túnez y la región árabe. Además de cofundador de Nawaat, también fue director fundador del proyecto Advocacy de Global Voices, actualmente conocido como Advox.

Organizaciones de derechos humanos de la región y de todo el mundo han condenado las acciones del gobierno contra Ben Gharbia:

Declaración en apoyo a Sami Ben Gharbia y Nawaat de Reporteros sin Fronteras – Norte de África, Artículo 19 – Túnez y otras ONG locales e internacionales de derechos humanos.

La llamada ley de “reconciliación económica” ha suscitado críticas, pues concedería amnistía a empresarios y funcionarios acusados de corrupción durante el régimen del exdictador Zine el Abidine Ben Ali, a condición de que devuelvan los fondos obtenidos ilegalmente. Patrocinado por el gobierno y el presidente Beji Caid Essebsi, la aprobación del proyecto de ley se ha retrasado dos años debido a la oposición de la sociedad civil y manifestantes. Sin embargo, estaba previsto que el proyecto de ley se sometiera a debate en sesión plenaria el 9 de mayo, lo que desató protestas en todo el país.

Los críticos, entre ellos la ONG anticorrupción I-Watch, el grupo a favor de la transparencia AlBawsala y la Comisión de la Verdad y la Dignidad, establecida después de la revolución para investigar los crímenes cometidos durante la época de la dictadura, argumentan que la adopción del proyecto de ley socavaría el proceso de justicia transicional del país y propiciaría un aumento de la corrupción pues reforzaría la cultura de impunidad. Los activistas que se oponen al proyecto de ley quieren que los implicados en casos de corrupción comparezcan ante la justicia y sean condenados por los tribunales, antes de que se conceda ningún tipo de amnistía.

Desde que el presidente Essebsi lo presentó por primera vez en 2015, Nawaat ha brindado amplia cobertura sobre el proyecto de ley, incluida cobertura multimedia de las protestas contra la ley y la presión ejercida por exfuncionarios de la era Ben Ali a favor del proyecto. Asimismo, Nawaat ha calificado el proyecto de ley de “contrarrevolucionario”.

El plan de acción de siete puntos publicado por Nawaat arroja luz sobre las estrategias de la presidencia para recabar apoyo en favor del proyecto de ley. Estas estrategias incluyen reuniones con partidos políticos, economistas, expertos legales y representantes de la sociedad civil, y una estrategia mediática destinada a destacar los “resultados de la reconciliación sobre el rendimiento económico y financiero” mediante un aumento de las apariciones en los medios de comunicación de los partidarios del proyecto de ley y una campaña de medios sociales para “difundir los mensajes positivos a adoptar y poner de relieve los beneficios de la reconciliación”.

Estos asuntos no son nuevos para Ben Gharbia, que ha trabajado para mejorar la transparencia y la rendición de cuentas en Túnez durante más de 15 años. Jugó un papel fundamental en la publicación de documentos y cables del Departamento de Estado de Estados Unidos, conocidos como Tunileaks, que corroboraban las denuncias de profunda corrupción y abusos sistemáticos de derechos humanos por el gobierno tunecino bajo el régimen de Ben Ali. Su publicación fue un precursor crucial de la revolución tunecina, que provocó el derrocamiento de Ben Ali en enero de 2011.

En una reflexiva entrada de blog publicada en 2013, Ben Gharbia describió el impacto de TuniLeaks:

Tunisians didn’t need Tunileaks to tell them their country was corrupt. Tunisians had been gossiping and joking about the corruption for years. What was different was the psychological effect of an establishment confronted so publicly with its ugly own image. It was that the government knew that all people knew, inside and outside the country, how corrupt and authoritarian it was. And the one telling the story wasn’t a dissident or a political conspirator. It was the U.S. State department, a supposed ally.

Los tunecinos no necesitaban que Tunileaks les dijera que vivían en un país corrupto. Los tunecinos habían chismorreado y bromeado sobre la corrupción durante años. La diferencia fue el efecto psicológico de un sistema de contemplarse, enfrentado públicamente con su propia imagen repugnante. Es que el gobierno sabía que todo el mundo, dentro y fuera del país, sabía lo corrupto y autoritario que era. Y quien contaba la historia no era un disidente o un conspirador político. Era el Departamento de Estado de Estados Unidos, un supuesto aliado.

Después de pasar más de una década fuera de Túnez por temor a la persecución del régimen de Ben Ali, regresó a Túnez tras la revolución y continuó trabajando en la plataforma Nawaat, que sirve como espacio para los medios independientes. La plataforma recibió varios premios internacionales y locales, incluido el Premio Netizen de Reporteros Sin Fronteras en 2011 por promover la libertad de expresión en línea, y el Premio Pioneer de la EFF por su “papel crucial en la cobertura de la agitación social y política en Túnez”, y el premio al mejor sitio web interactivo en Túnez de 2015, otorgado por el sindicato de periodistas del país.

El largo interrogatorio de Ben Gharbia se produjo en medio de preocupación sobre intentos del gobierno de interferir en los medios de comunicación durante los últimos meses. En abril, la presidencia intervino para impedir la transmisión de una entrevista con el exjefe de la oficina del presidente, mientras que un mes antes el Ministerio de Educación Superior se negó a responder a las preguntas y las solicitudes de entrevistas de Mohamed Yousfi, redactor del sitio de noticias Hakaek Online.

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