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“Los matan por haber cometido el gran error de vivir en México, y ser periodistas”

Fotografía de Héctor Vivas (@hectorvivas) para Derecho Informar. Usada con permiso.

Fotografía de Héctor Vivas (@hectorvivas) para Derecho Informar (). Usada con permiso.

El galardonado periodista y escritor sinaloense Javier Valdéz Cárdenas fue asesinado este lunes 15 de mayo a balazos sobre una calle de Culiacán −ciudad al noroeste de México− a plena luz del día. El editor y reportero del medio local Riodoce era considerado uno de los máximos expertos en nacrotráfico mexicano.

Valdez se especializaba en reportar temas relacionados a la “guerra” emprendida por el gobierno contra los cárteles de la droga, así como la corrupción política que rebosa a los gobernantes mexicanos. Pero su no usaba su pluma para enaltecer a los capos y a los criminales, su enfoque eran los deudos, los desplazados, los huérfanos, las viudas. A él le importaban los nombres, no los números. Así lo expresó él mismo en un discurso en la Feria del Libro en Los Ángeles, California en 2015:

Seguimos con un déficit de genitales en el país, hay un déficit de genitales, al país le falta ciudadanía, le falta recuperar la calle, la dignidad y creo eso es hasta tarea de los periodistas, tenemos que dejar atrás el periodismo cuenta-muertos, el ‘ejecutómetro’, y contar historias de vida en medio de la muerte, historias de estoicidad, de lucha.

Muchos podemos morir, y muchos han muerto, y no están dentro del negocio (del narco), y no han estado dentro del negocio, y no son víctimas colaterales, ni son números, son personas.

“Los matan por haber cometido el gran error de vivir en México. Y ser periodistas”. Palabras de Javier Valdez #UnDiaSinPeriodismo 🏴. Ilustración de Pictoline. Usada con permiso.

“Los matan por haber cometido el gran error de vivir en México. Y ser periodistas”. Palabras de Javier Valdez #UnDiaSinPeriodismo 🏴. Ilustración de Pictoline. Usada con permiso.

Valdez siempre supo, muy a su pesar, que ejercer su profesión en México ponía en riesgo la vida, al igual que lo hacen muchos de sus colegas. De hecho, ya en el año 2009 una granada de fragmentación explotó a las puertas de Ríodoce como amenaza. En esa ocasión, solo hubo daños materiales y nunca se esclarecieron los motivos tras el ataque. Sin embargo, su deseo de informar y de dar voz a aquellos que eran silenciados por la violencia era mayor que sus aprensiones. En su columna Malayerba, en Rio Doce escribió estas líneas bajo el título “Te van a matar” que son un reflejo de este sentir:

Pero él tenía en el pericardio un chaleco antibalas. La luna en su mirada parecía un farol que aluzaba incluso de día. La pluma y la libreta eran rutas de escape, terapia, crucifixión y exorcismo. Escribía y escribía en la hoja en blanco y en la pantalla y salía espuma de sus dedos, de su boca, salpicándolo todo. Llanto y rabia y dolor y tristeza y coraje y consternación y furia en esos textos en los que hablaba del gobernador pisando mierda, del alcalde de billetes rebosando, del diputado que sonreía y parecía una caja registradora recibiendo y recibiendo fajos y haciendo tin en cada ingreso millonario.

En el 2011, Javier Valdez recibió Premio Internacional a La LIbertad de Prensa que otorga el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ). Este este discurso (a partir del minuto 5:13), volvió a enfatizar el peligro que conlleva ejercer el periodismo en México:

“No al silencio”

Reporteros, activistas y lectores compartieron su pena por la pérdida de tan comprometida voz, muchos de ellos recordando las propias palabras de Valdez:

Lágrimas en los ojos al saber del asesinato de Javier Valdéz Cárdenas en Culiacán, uno de los mejores escritores y periodistas de México. UNA TRAGEDIA.

… cada que visitaba Sinaloa, me tomaba unas copas con él. Javier era un hombre maravilloso. Perderlo es devastador para todos nosotros.

Pantallazo del post público de Ximena Antillón.

Pantallazo del post público de Ximena Antillón.

Un portal de reciente creación, El Mañanero Diario, dio cuenta de las manifestaciones que tuvieron lugar para repudiar el homicidio de Valdez:

Periodistas de todo el país se manifestaron en protesta por el asesinato del periodista sinaloense Javier Valdez. Sinaloa, Ciudad de México, Guerrero, Baja California y Jalisco fueron algunos de los estados en los que los profesionales de la información salieron a las calles para condenar el asesinato de Valdez y exigir mayor seguridad y un alto a la violencia contra el gremio.

En el Ángel de la Independencia [en la capital mexicana], se reunió un grupo de fotoperiodistas quienes, sobre la glorieta, con gis blanco, escribieron: “En México nos están matando” y “No al silencio”, con palabras formadas por los retratos de reporteros asesinados, como Gregorio Jiménez y Miroslava Breach.

Fotografía de Héctor Vivas (@hectorvivas) para Derecho Informar. Usada con permiso.

“En México nos están matando. No al silencio”. Fotografía de Héctor Vivas (@hectorvivas) para Derecho Informar (). Usada con permiso.

Javier Valdez Cárdenas era el sexto periodista que fallecía asesinado en lo que va del año. El mismo día, un poco más tarde, el reportero Jonathan Rodríguez del semanario El Costeño murió en ataque, en el que además resultó herida su madre.

Una fiscalía que no funciona

El Estado mexicano cuenta con una oficina dedicada exclusivamente −en teoría− a procurar justicia cuando ocurren delitos cometidos en contra de quienes ejercen la actividad periodística o se comentan con motivo del ejercicio del derecho a la información o de libertad de prensa y expresión. El nombre oficial de tal oficina es Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos en Contra de la Libertad de Expresión (FEADLE) y depende de la Procuraduría General de la República (PGR).

La FEADLE, no obstante, es una rama más del abstruso entramado burocrático del país, que ejerce millonarios recursos públicos y entrega nulos resultados. Baste con saber que en relación a los casos de homicidios cometidos contra periodistas en lo que va del año, no se ha detenido a una sola persona, es decir, ningún sospechoso ha sido puesto en custodia de la autoridad por estos hechos.

El portal independiente mexicano Animal Político también detalló:

En algo más de seis años -de julio de 2010 al 31 de diciembre de 2016- se registraron 798 denuncias por agresiones contra periodistas.

Pues bien, de esas 798 denuncias, de las cuales 47 fueron por asesinato, la FEADLE informó en respuesta a una solicitud de transparencia que solo tiene registro de tres sentencias condenatorias: una, en el año 2012; y otras dos en 2016. O en otras cifras: el 99.7% de las agresiones no ha recibido una sentencia.

Las causas del cierre de las investigaciones por parte de la fiscalía han sido, de manera consistente desde que se tiene estadística, la “incompetencia” y el “no ejercicio de la acción penal”, términos técnico-jurídicos que conllevan la remisión del expediente a otra autoridad, y el cese de la función investigadora, respectivamente, sin que el órgano haya formulado acusación formal ante un juez en dichos casos, resultando en impunidad para los delincuentes y denegación de justicia a las víctimas.

Respecto a estos sombríos precedentes, se pronunció así el portal Sin Embargo:

En 2010, mediante acuerdo, se creó la FEADLE en las entrañas de la PGR y con el antecedente de otro órgano, la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra Periodistas (FEADP). Los delitos en contra de los periodistas se incrementaron sin que se supera de un solo proceso [juicio] que concluyera en sentencia penal.

Ése es el organismo al que el Jefe del Ejecutivo [el Presidente de México] le ha pedido que apoye en Sinaloa para esclarecer el asesinato de Valdez Cárdenas, un periodista que se distinguió por un conocimiento profundo de la región norte donde han operado grupos de narcotraficantes desde los años treinta del siglo pasado.

A pesar de todos estos antecedentes, en los días posteriores al homicidio de Valdez, el Estado mexicano anunció un conjunto de medidas para proteger a periodistas; la principal de ellas: engrosar el cuerpo burocrático de la FEADLE dotándola de más personal.

La pasividad o la ineficiencia con la que el Estado responde a la violencia contra comunicadores, se ha vuelto un incentivo perverso para que todos aquellos interesados en callar voces sigan recurriendo a la violencia, e incluso, para que las voces amenazadas opten por la autocensura y dejen de hacer su trabajo. Esto último es a lo que Javier Valdez se rehusó diciendo “no al silencio” y por eso hoy, nos unimos al llamado #NiUnoMás.

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