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Debates, denuncias y videos virales muestran cómo el racismo y el poder judicial van de la mano en Colombia

Captura de pantalla del video de Carlos Angulo, viralizado en 2015 y origen de discusiones sobre el racismo dentro de la policía y el Poder Judicial en Colombia.

El debate sobre el racismo y el abuso policial en Colombia se hizo visible en redes con el video de Carlos Angulo, un afro-colombiano de unos 30 años que fue detenido por la policía. El video muestra cómo a eso de las ocho de mañana, de camino al trabajo, la policía lo detiene para hacer una requisa. A juzgar por la reacción de Angulo, la situación no parece excepcional. Angulo habla fuerte y suena frustrado, pero sobre todo, da una alocución clara contra el racismo, evoca la defensa de los derechos ciudadanos y denuncia la discriminación en la Colombia que le toca vivir a diario.

Vienen pasando cada cinco minutos más de 200 personas y escoges exactamente a los dos negros que vienen pasando para requisarles. Y nos detienes, y asumes una actitud grosera […Pero] claro, somos iguales ante la Ley. Son las ocho de la mañana… ¡Es normal que lleve prisa! Pero mi prisa es sospechosa […] Para el patrón es sospechoso que llegue tarde y para ustedes es sospechoso que vaya rápido […] ¿Me pones entre la espada y la pared y luego me tratas de extremista?

Del furor del video hace ya un año, pero el debate no se extingue. Al contrario. Al igual que los acosos policiales denunciados por jóvenes colombianos afro-descendientes, la conversación sobre el racismo en Colombia está extendida y toma distintos matices. Las organizaciones en defensa de los derechos de los afro-descendientes reaccionan y denuncian cómo la discriminación policial les hace vivir una versión hostil de su propio país.

De acuerdo con el activista Aiden Salgado Palenquero, miembro de la organización Conafro – Marcha patriótica:

…Indudablemente, lo que le pasó a Carlos es pan de cada día para los jóvenes afrocolombianos. ¿Cuántos de nosotros hemos armado protestas como estas? No es la primera vez que a Carlos lo detiene un policía; muchos de nosotros y hemos pasado por este mismo hecho, y no solo en Bogotá. Esto sucede en Medellín, Cartagena, Barranquilla, Cali, Pereira, en todo el país y fuera de él…

Para muchos, dada la poca representación de estas luchas en Colombia, la experiencia del acoso policial se entiende a través de las campañas de denuncia contra abusos policiales a ciudadanos estadounidenses negros. Sin embargo, estos casos están lejos de ser exclusividad de América del Norte, como lo destaca el reportaje de Andrés Páramo Izquierdo:

“…de acuerdo con la Encuesta de Policía y Desigualdad, desarrollada por ese centro, las personas afro o indígenas que tienen encuentros con la policía son requisadas el 32% de los casos; el resto de la población, el 26%. Los perfiles de hombres de raza negra hechos en Cali muestran cómo el prejuicio gana de forma sistemática: no solamente la policía los aborda de forma agresiva y preventiva, sino que siempre hay una mención a la raza: “este negro”, “ese negro tan agresivo, hijueputa”, “negro hijueputa”, “ah, que deje la bulla, negro hijueputa”…

Las redes sociales han visto también debates y desacuerdos con respecto a la representación del racismo. Para Felipe Arias-Escobar, el problema en Colombia es no poder identificar la discriminación en el país por no parecerse a lo que popularmente se entiende como racismo:

Del mismo modo, otros videos, como el compartido por La Cabellera de la Noche desataron también controversia al mostrar un enfrentamiento entre la policía y un grupo de jóvenes afro-descendientes. Sin embargo, el punto que se destaca, más que el video, son los comentarios que originó:

Justicia con ceguera selectiva

En el resto de la región la información sobre la situación de los afrodescendientes y sus relaciones con la policía y el sistema judicial es escasa y poco sistematizada. De acuerdo con el informe Justicia Penal Juvenil Situación y perspectivas en América Latina y el Caribe de UNICEF, en la mayoría de los países de la región no existe información cuantitativa oficial que permita identificar este tipo de problemas, y destaca que la poca o nula información estadística representa también una forma de discriminación. Así, en Ecuador, Nicaragua o Venezuela las estadísticas que describen la situación social de las comunidades afro-descendentes son pocas, o nulas, aún cuando la población privada de libertad tenga un número importante de jóvenes afro-descendientes.

Al mismo tiempo, el informe destaca cómo las políticas de seguridad que son defendidas por los sectores más conservadores “muestran a los adolescentes y jóvenes [afrodescendientes] como personas peligrosas [y con esto] se juntan los prejuicios raciales, con las vulnerabilidades sociales y fenómenos como las pandillas y el narcotráfico”.

Para los movimientos en defensa de los derechos afro-descendientes el tema del acoso policial y la criminalización de los jóvenes, así como el acceso a la justicia, no solamente está muy presente, sino que es parte integral del racismo estructural en los sistemas judiciales. Muchas de estas organizaciones tienen tiempo denunciando estas desigualdades en instancias nacionales y foros internacionales.

Al mismo tiempo, los jóvenes de comunidades afrodescendientes reciben sanciones más rigurosas o maltratos especialmente fuertes dentro de los centros penitenciarios, como lo muestra el estudio de Felipe González y Jorge Contesse y el informe de la oficina colombiana del Alto Comisionado de de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos:

…En centros penitenciarios como la cárcel distrital “La Modelo”, ubicada en Bogotá, los afrodescendientes “carecen incluso de lugar para dormir y se han visto obligados a ocupar, como los más pobres entre los pobres, un intersticio entre dos pabellones (por donde pasan los tubos de agua y desagüe, y los cables de electricidad) […] [Muchos] están en prisión por varios años y su situación revela la falta de una defensa profesional idónea.

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