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Por qué 78 solicitantes de asilo llegaron a la frontera estadounidense, aunque probablemente rechacen su solicitud

Gente que huye de la violencia en El Salvador sentada fuera de Enclave Caracol en Tijuana, antes de que la caravana de refugiados se aproximara a la frontera estadounidense el domingo 7 de mayo de 2017. Crédito: Erin Siegal McIntyre/PRI.

Esta historia de Erin Siegal McIntyre apareció originalmente en PRI.org el 8 de mayo de 2017. Se vuelve a publicar como parte un acuerdo entre PRI y Global Voices.

La tarde del 7 de mayo de 2017, unas seis docenas de inmigrantes procedentes de Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras llegaron en masa al extremo más al norte de Tijuana para solicitar asilo, en el puerto de entrada de San Ysidro (California).

El más pequeño tenía solo tres meses de vida.

Organizados por un equipo de activistas estadounidenses y mexicanos del grupo Pueblo Sin Fronteras, la caravana Viacrucis de refugiados partió de Tapachula (ciudad del sur de México) el 9 de abril.

Un grupo de 200 hombres, mujeres y niños centroamericanos atravesó México en autobús, a pie, caravana y subidos al tren mexicano de carga conocido como La Bestia.

Tras llegar a Tijuana el primer fin de semana de mayo, 78 miembros del grupo marcharon hacia la frontera con Estados Unidos el 7 de mayo.

Jimmy Antonio, de 16 años, de El Progreso, Honduras, ha viajado solo. «Las bandas mataron a mi hermano», dijo, explicando que miembros de bandas lo habían abatido y prometido matarlo a él también.

Su nuevo amigo, Aron Méndez, de 19 años, huyó de La Ceiba Atlántida, en Honduras, por motivos similares. Los dos adolescentes se hicieron amigos tras unirse a la caravana en Tapachula.

«A pesar de ser de países distintos, nos apoyamos mutuamente y superamos los retos en grupo», dijo Méndez.

No obstante, a pesar de que los 78 inmigrantes de la Caravana de Refugiados que llegaron a la frontera pasaron a estar bajo custodia estadounidense, sus posibilidades de poder quedarse son realmente escasas.

Un grupo de 78 inmigrantes centroamericanos llegó a El Chaparral, la entrada peatonal de México al Puerto de Entrada de San Ysidro, para solicitar en masa asilo. Crédito: Erin Siegal McIntyre.

Las estadísticas ofrecidas por el Centro de Acceso a Documentos Transnacionales (TRAC, por su nombre en inglés), de la Universidad de Syracuse, muestran que a la mayoría de los solicitantes se les niega el asilo.

Durante el año fiscal de 2016, la tasa total de denegación fue del 57 por ciento. Para los centroamericanos es aún mayor. Solo se concede asilo a entre el 10 y 23 por ciento de los solicitantes.

Esto significa que aproximadamente 8 de los 78 solicitantes de asilo podrán quedarse en Estados Unidos.

Es por eso también que algunos refugiados, como Griselda, mujer transexual hondureña, decidió permanecer en Tijuana en lugar de pedir asilo.

«Me da demasiado miedo entrar en Estados Unidos», dijo, y explicó que temía la deportación en caso de que se le denegara el asilo. Para ella, la posibilidad de morir asesinada a su regreso a Honduras parecía segura.

La llegada de la Caravana a la frontera es puntual. John Kelly, Secretario de Seguridad Nacional en Estados Unidos, dijo recientemente que cree que «la amplia mayoría» de las solicitudes de asilo no eran creíbles.

Un niño centroamericano sentado mientras espera en la cola de los solicitantes de asilo que llegaron a la frontera estadounidense el domingo 7 de mayo de 2017. Crédito: Erin Siegal McIntyre.

Los grupos por los derechos humanos respondieron y dijeron que a muchos de los que buscan ayuda en la frontera de Estados Unidos se les devuelve sin haber procesado sus solicitudes.

Un informe publicado el 3 de mayo por la organización Human Rights First destacaba 125 casos distintos de solicitantes de asilo deportados en lugar de evaluar sus solicitudes. Estos casos se dieron en siete puertos de entrada de California, Texas y Arizona.

De acuerdo con las leyes estadounidenses, los funcionarios de protección de aduanas y fronteras deben enviar a los solicitantes de asilo a funcionarios especializados del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos, quienes realizan entrevistas de temor creíbles para determinar si las peticiones de asilo merecen ser atendidas.

Esta institución ya ha indicado previamente que siguen las reglas.

Sin embargo, eso no siempre sucede, según la fiscal Nicole Ramos. «Les están diciendo “No aceptamos a gente como ustedes” o “Ya no hay asilo”», manifestó. «Con la negativa a seguir este procedimiento, el gobierno estadounidense está básicamente obligando a la gente a cruzar ilegalmente».

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