¿Ve todos esos idiomas arriba? Traducimos las historias de Global Voices para que los medios ciudadanos del mundo estén disponibles para todos.

Entérate más sobre Traducciones Lingua  »

La muerte de un dictador panameño

Letrero en la mansión abandona de Manuel Noriega. Foto del usuario Flickr Jasperdo. Usada bajo licencia CC 2.0

Letrero en la mansión abandona de Manuel Noriega. Foto del usuario Flickr Jasperdo. Usada bajo licencia CC 2.0

Ha muerto Manuel Antonio Noriega, el martes 30 de mayo de 2017, a la edad de 83 años. El alguna vez llamado hombre fuerte de Panamá, murió tras ser desconectado de los aparatos que le mantenían con vida desde el 7 de marzo de 2017, luego de una operación para remover dos tumores cerebrales que lo llevaron a caer en un coma del que nunca despertó.

Hablar de Noriega es hurgar en las heridas del pueblo panameño. Un pueblo que aún se divide entre quienes le consideran un héroe que supo enfrentar a los gringos salvando la dignidad de la patria, y quienes le consideran un asesino cobarde, megalómano y narcotraficante.

Roberto Eisman, quien fuera director del diario La Prensa, cerrado por la dictadura norieguista, opinó que Noriega fue un cobarde por evitar una muerte heroica en 1989 al salir huyendo de las tropas estadounidenses.

Sin embargo, también hay quienes aseguran que en los tiempos de Noriega las cosas no estaban tan mal como ahora, sobre todo en cuanto a temas de delincuencia:

Facebook Screen Shot

Pantallazo de actualización pública en Facebook.

Noriega, “El cara ‘e piña”, forma parte de la historia panameña pero también de su mitología. La dictadura y su abrupta finalización tras la invasión estadounidense de 1989 son temas de los cuales no se habla, no se enseña en las aulas, como si no hablar del tema lo hiciera menos real. La memoria se ha mezclado entonces con mitos, con leyendas y cuesta mucho desenredar el entramado de quién fue en realidad Manuel Antonio Noriega. Su leyenda se expande y gana brillo para aquellos que le admiraban y se cubre de sangre y podredumbre para quienes le consideraron un tirano.

En su libro “Nuestro hombre en Panamá”, el norteamericano John Dinges lo describió así:

Creó, definió y fortaleció un círculo de fieles, en la vida civil y militar, pero siempre rehuyó definirse, como si fuera un agujero negro estelar, que absorbe inmensas cantidades de energía sin reflejar la luz.

El exdictador, y último general del ejército panameño, regresó a Panamá el 11 de diciembre de 2011 tras cumplir 20 años de condena en Estados Unidos y uno más en Francia. Se mantuvo preso en el centro de rehabilitación “El Renacer” hasta la operación que le causaría la muerte. Algunos opositores y víctimas de la dictadura guardaban esperanzas de que Noriega delatara a quienes le ayudaron y trabajaron con él durante la dictadura. Noriega mantuvo silencio. Sin embargo, se dio a conocer que el exgeneral dejó un libro a medio terminar y grabaciones de sus memorias para completarlo.

Para algunos, como el presidente Juan Carlos Varela, este es el cierre de un capítulo de la historia panameña:

Para otros, mientras no se aclare lo que pasó durante la dictadura e invasión, el capítulo sigue abierto y la herida sangrando. Como comenta Carmen Brown haciendo referencia a la muerte de Hugo Spadafora, cuyo cadáver fue encontrado decapitado en 1985, durante la dictadura de Noriega. Nunca se encontró su cabeza y es un símbolo de aquellos que aún esperan respuestas de lo que sucedió durante el régimen.

También hay quienes, al igual que el sitio humorístico El Gallinazo, consideran a Noriega parte del pasado y hay otros vivos turbios que deben ser llamados a cuenta:

Pantallazo de actualización pública en Facebook.

Pantallazo de actualización pública en Facebook.

 

Inicie la conversación

Autores, por favor Conectarse »

Guías

  • Por favor trate a los demás con respeto. Comentarios conteniendo ofensas, obscenidades y ataque personales no serán aprobados.