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La Cumbrecita, o la vida lejos del mundanal ruido

Paraje de La Cumbrecita. Imagen en Flickr del usuario José e Marina (CC BY-NC 2.0).

¿Te imaginas vivir en un pueblo peatonal donde no hay prácticamente autos? Ese lugar existe: se llama La Cumbrecita, está ubicado a solo 120 kilómetros de la ciudad argentina de Córdoba, en las Sierras Grandes de la provincia de Córdoba y ahí habitan no más de mil personas. La villa es una joya ecoturística que recuerda los pueblos germanos del siglo XV, y tiene la particularidad de ser completamente peatonal.

Así fue su fundación, hace menos de cien años, de acuerdo el sitio web turísitico del Gobierno de la Provincia de Córdoba:

En el año 1932, viaja a Argentina desde Alemania el Dr. Helmut Cabjolsky acompañado por su familia. En la búsqueda de un lugar para vacacionar, compra en 1934 en las sierras de Córdoba un campo de aproximadamente 500 ha, el cual contenía como punto de referencia geográfico al denominado Cerro Cumbrecita.

La primera edificación [era para servir] de casa de veraneo para la familia Cabjolsky, pero muy pronto se transformó en albergue para alojar a los amigos de la familia. Años más tarde, dado el creciente interés turístico que despertaba el territorio, la casa comenzó a funcionar como una pequeña hostería.

En un inicio, el lugar no estuvo pensado para desarrollarse como el centro turístico que es actualmente:

La divulgación del encanto del lugar […] no fue intencional sino más bien circunstancial y de boca en boca, ya que nunca se había pensado en la posibilidad de que La Cumbrecita, Córdoba, podría transformarse en polo de atracción turística.

En la actualidad, el turismo en La Cumbrecita, Córdoba, es uno de los mayores atractivos de la región, llenando sus calles de visitantes nacionales e internacionales durante cada temporada estival.

Entrada a La Cumbrecita. Imagen en Flickr del usuario Juan Pedro Diez (CC BY 2.0).

Una de las reglas del lugar es que de 10 a.m. a 6 p.m., se cierran las calles al paso de los automóviles. Los vehículos deben dejarse estacionados a la entrada del pueblo y los turistas ingresan caminando.

Ingrid Cabjolsky, nieta del fundador del pueblo, comenta –según una nota publicada en BBC Mundo– que no entiende “cómo en los centros históricos de las capitales de Europa aún se permiten autos”:

Tú entras al centro de cualquier ciudad y está colapsada, tanto por la cantidad de autos como por la contaminación visual, ambiental y sonora.

Suena idílico, pero el lugar tiene sus reglas y sus propios desafíos:

Venir a vivir a La Cumbrecita no es fácil, porque al ser parte de una reserva natural los códigos de zonificación y edificación son muy estrictos: en busca de mantener la calma y el paisaje natural, por ejemplo, los lotes deben ser de mínimo 2.000 metros cuadrados.

Por otro lado, el mismo sitio web de La Cumbrecita nos aconseja tomar varias previsiones para visitar el lugar sin sobresaltos:

En La Cumbrecita NO EXISTE Banco, NO HAY Cajero Automático, y NO DISPONEMOS de una estación de servicio para proveer combustible, por lo que recomendamos PREVER dichas necesidades.

La Cumbrecita es un pueblo peatonal, todos los circuitos internos están previstos para ser realizados a pie; es importante prever de CALZADO APROPIADO para recorrerlos. […] es necesario disponer de ABRIGO, LENTES DE SOL Y PROTECTOR SOLAR.

En Twitter, los usuarios publican fotos del lugar y sus impresiones. Matías Di Santi muestra cómo lo recibió La Cumbrecita:

Majo compartió un momento familiar de su niñez en el pueblo:

Sou cuenta un dato algo contradictorio a la paz que promete el lugar cuando lo visitó durante un reciente feriado largo:

Aldana Martínez cuenta su mayor deseo:

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