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Cómo dos estudiantes estadounidenses convirtieron su popularidad en internet en dinero para combatir el hambre en Somalia

Liban Adam da un discurso sobre la situación actual de sequía en Somalia  durante una convención del recién elegido presidente de Somalia en el Centro de Convenciones de Mineápolis. Junto a otros que viven fuera del país se están movilizando en la red para ayudar. Fuente: Arthur Nazaryan/PRI.

Este artículo de Arthur Nazaryan se publicó primero en PRI.org el 21 de abril de 2017. Se reproduce aquí como parte de la colaboración entre PRI y Global Voices.

Hace solo dos años, Liban Adam se encontraba en una estepa del norte de Somalia, agachado ante un cubo gigante de leche de camello. El criador de camellos que se lo había dado lo miraba divertido desde atrás, mientras el chico de 24 años probaba tímidamente ese líquido agrio por primera vez.

Más de 20 000 personas vieron ese momento después de que Adam publicara en Facebook un video de 40 segundos de su experiencia. Fue uno de muchos otros que este activista publicaría durante su viaje de seis semanas a Somalia, que entretendrían a los miles de seguidores somalíes que viven fuera del país y consolidaría su imagen de celebridad en las redes sociales.

Ahora, Adam está aprovechando esa audiencia para promover el apoyo a Somalia, que está al borde de una hambruna y pone en peligro la vida de aproximadamente seis millones de personas, según Naciones Unidas.

Desde su ciudad natal de Mineápolis, en Minesota, Adam todavía comparte vídeos de esas vastas estepas donde las escasas lluvias han acabado con los animales de los que dependen los pastores para su sustento y medio de vida.

«El contenido que he captado en Facebook es horrorizante», afirma, sobre las imágenes de madres afligidas sosteniendo a niños famélicos.

Por este motivo, Adam colaboró con un amigo de secundaria, Kali Mohamed, para lanzar una campaña en línea en GoFundMe, con el objetivo de recaudar fondos para las víctimas de la sequía. Está utilizando Facebook Live y SnapCash; además, cuenta con la ayuda de «guerreros de las redes sociales»: Nadira Mohamed y Hafsa Jibril, ambos de 23 años. El equipo ha logrado recaudar más de 80 000 dólares en un mes.

Su iniciativa es solo un ejemplo del papel fundamental de las redes sociales entre los somalíes que viven fuera del país, al conectar a personas dispersas por todo el mundo, debido a más de dos décadas de guerra civil en su país natal.

Liban Adam y Kali Mohamed esperan dar un discurso junto con Nadira Mohamed y Hafsa Jibril (que no aparece en la foto) sobre la situación actual de sequía en Somalia. El equipo ha conseguido reunir más de 80 000 dólares, principalmente, a través de las redes sociales. En abril, solo la plataforma de microfinanciación colectiva GoFundMe recaudó 10 000 dólares adicionales. Fuente: Arthur Nazaryan/PRI.

Pero es mucho más que un fenómeno «social». La omnipresencia de las redes sociales, entre los millennial que viven fuera de Somalia, es terreno fértil para lograr apoyo para las causas humanitarias de una manera que antes no era posible, pues facilita un punto de unión en tiempo real para ayudar a los damnificados.

Ya antes, Adam y Mohamed habían organizado varias campañas de recaudación de fondos, que incluían iniciativas para paliar la hambruna, ayuda a víctimas quemadas y víctimas de violaciones. Con cada iniciativa, las redes sociales van jugando cada vez un papel más importante. Por eso, ahora el equipo las está usando de manera «agresiva», afirma Adam, «porque la gente está comprometida, los comentarios son instantáneos, además disponemos del algoritmo de Facebook. En cuanto te pones en directo, la gente —los 20 000 o 30 000 seguidores que tienes— lo primero que ve es a ti… ¡Bam!».

El 4 de marzo, Adam y Mohamed difundieron un video por Facebook Live donde solicitaban ayuda para recaudar fondos desde el desván de Mohamed en Mineápolis, solo con una bandera somalí de fondo. Era una decoración modesta, pero lo que iba a ser una retransmisión de 20 minutos terminó durando una hora, ya que cada vez se conectaba más gente para ver, comentar y donar. Adam estima que, en 24 horas, casi se triplicaron las donaciones de su campaña, de 3 000 a 8 000 dólares. Una semana y media después, afirma que la campaña reunió un promedio de 4 000 dólares diarios; una cifra enorme que, según Adam y Mohamed, habría sido imposible sin la ayuda de las redes sociales.

Durante la celebración del recién elegido presidente somalí, Mohamed Abdullahi Mohamed, en el Centro de Convenciones de Mineápolis, se dejó de lado la participación de cantantes y las actuaciones musicales. En su lugar, animaron a la gente a centrar sus esfuerzos en apoyar a las víctimas de la sequía con iniciativas para la recaudación de fondos, como las de Adam y Mohamed. Fuente: Arthur Nazaryan/PRI.

Y deben de saberlo: en 2011, Adam intentó recaudar dinero para ayudar a combatir el hambre puerta por puerta, con llamadas y mensajes a potenciales donantes. En ese tiempo, no existía ni Snapchat ni Facebook Live, y los portales de microfinanciación colectiva como Kickstarter o GoFundMe estaban en sus incios. Apenas logró recaudar 2 000 dólares para la organización humanitaria somalí Adeso.

Aparte del alcance limitado, otra dificultad de la recaudación es el desencanto con la ayuda internacional. Los somalíes no pueden ignorar el hecho de que miles de millones de dólares en ayuda humanitaria, administrados por toda una industria humanitaria, hayan tenido un efecto imperceptible en la empobrecida nación. Durante la hambruna de 2011, la revista Foreign Policy se hizo eco también de este asunto: «Con todo el dinero que se ha destinado a Somalia, el país está todavía muy lejos de la estabilidad».

Los somalíes que viven en el extranjero tienen muy poca fe en que sus donaciones beneficien a las personas a las que van destinadas. Según Adam, los que viven fuera prefieren enviar el dinero directamente a sus familias con el método tradicional de transferencia llamado ‘hawala’ en vez de donar a organizaciones no gubernamentales.

Por esa razón, Adam y su equipo han optado por donar el dinero de su campaña actual a tres respetables organizaciones somalíes. En marzo, enviaron 20 000 dólares a Amoud Foundation, una organización de ayuda humanitaria somalí. La fundación sumó a esa cantidad 35 000 dólares de su propio bolsillo, y gastó el total en comida, agua y lonas de plástico para cubrir las tiendas de la región de Baidoa. Las fotos muestran a varios trabajadores que descargan camiones llenos de arroz, leche en polvo y aceite de cocina; mientras la multitud se congrega para recogerlos. Mohamoud Egal, presidente de Amoud Foundation, afirma que ese dinero era suficiente para suministrar comida a 1 150 familias y agua a 10 378 hogares.

Egal comenta que Amoud Foundation ha generado confianza, tanto en los donantes como en los beneficiarios, porque la gente no los percibe como una organización extranjera que contribuye con sus limosnas.

«Formamos parte del panorama real… somos parte de la comunidad», sostiene. «Por eso, tenemos éxito».

Kali Mohamed, Hafsa Jibril, Nadira Mohamed y Liban Adam (de izquierda a derecha) sostiene un cheque gigante de la organización Read Horn of Africa de la sección de Estados Unidos, una de las tres organizaciones para las que recaudaron fondos. Las otras son Amoud Foundation y CaaliWalaal, que quiere decir «Ayuda a tu hermano» en somalí. Fuente: Arthur Nazaryan/PRI.

Es importante ser eficiente, y es aquí donde Arnoud cuenta con una posición privilegiada: no necesitan seguridad privada, que puede costar a los voluntarios humanitarios extranjeros cientos de dólares al día y limitar considerablemente las operaciones en áreas activas del grupo radical Al Shabab.

Pese a todo esto, Adam y Mohamed afirman que los críticos les acusan de ayudar a las regiones del país de su mismo grupo tribal. Es una acusación que les indigna, aunque no les sorprende. Defienden que todavía son estudiantes a tiempo completo, no filántropos multimillonarios. Adam declara que Mohamed y él están haciendo todo lo que pueden para garantizar que las regiones con mayor riesgo gocen de mayor prioridad.

Asimismo, procuran ser transparentes, por ello, muestran cómo han gastado el dinero en una página de Facebook llamada Somalia Forward.

«Hoy en día, nadie puede esconder la verdad porque internet es muy transparente, todo el mundo tiene… un móvil; puede grabar lo que está ocurriendo; lo que sucede o lo que no sucede», sostiene Adam.

El hecho de que Somalia haya podido crear un sector de telecomunicaciones moderno ha permitido al equipo dar la oportunidad a los donantes de conocer en todo momento cómo se ha gestionado ese dinero.

«Tienes que ser más concreto a la hora de hablar sobre cómo se ha gastado el dinero, debes darles todos los detalles que te pidan para que puedas ganarte su confianza», afirma Mohamed.

Menos de tres días después de que el equipo transfiriese el dinero, Amoud Foundation ya había comprado comida y agua, y la había empezado a repartir; además, había enviado las imágenes a los donantes. De este modo, las redes sociales han restaurado la fe en las iniciativas de ayuda a los damnificados y han dado a la fundación un nuevo impulso. Esta vez, gracias al apoyo del propio pueblo somalí.

Linda Polman, autora de The Crisis Caravan y firme opositora de la industria de la ayuda humanitaria, sostiene que es improbable que tales iniciativas de base vayan a generar un gran cambio, comparadas con iniciativas apoyadas por las Naciones Unidas, que están terriblemente mal financiadas, según ella.

«No es que estos proyectos vayan realmente a erradicar el hambre, por ejemplo… pero hacen que la gente se sienta mejor», declara Polman. Aunque admite que «es muy importante creer que eres el dueño de tu propio futuro, o parte de él, al menos».

Y como muchos somalíes que han salido del país, Adam y Egal desean tener ese poder.

«Queremos cuidar de nuestro propio pueblo», manifiesta Egal. «Realmente podemos ayudar a nuestro pueblo, si todos cooperamos».

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