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Cómo no tener seis meses horribles en Uganda

“No se nos permite ser complejos, como cualquier otra sociedad”. Centro de Kampala por la noche. Foto de Zahara Abdul, usada con autorización.

De vez en cuando estamos obligados a tener esta conversation. Una conversación con la que muchos que viven en el hemisferio sur se pueden sentir identificados.

Por lo general, es una historia sobre la aventura de alguien con todas estas “bellas personas” y exóticos paisajes. Para mí, hay un significante que me alerta en estas historias. Me pasa cuando inicio sesión en Facebook y veo una publicación de un amigo y solamente la palabra “¡Eh!” la acompaña. En Uganda, ese sonidito puede encapsular la integridad de los sentimientos de alguien sobre algo. Cuando vi esta respuesta “¡Eh!” en una noticia reciente del periódico canadiense The Globe and Mail, tuve que hacer clic.

El artículo titulado Mis viajes a Uganda, igual la vida, no eran tan perfectos como las fotos es de una joven que llega a Uganda como pasante para una iniciativa de microfinanzas y termina teniendo seis meses de horror —lo que le enseña la lección de que el mundo no siempre está lleno de gente agradable.

Dejando a un lado la noción de que las imágenes de medios sociales no necesariamente son un reflejo total de la vida de las personas, este “despacho especial” de Justina Li “descubría” en gran parte el lado salvaje de la vida en Kampala. Su relato incluye un robo, un conductor de bus que se va con su dinero y falsas amistades de todo tipo. Se siente personalmente atacada como resultado del color de su piel, y escribe sobre la discriminación que siente como resultado. Aunque es cierto que todo esto ocurre en Uganda —como en otras partes del mundo— la señorita Li narra estas anécdotas con un giro melodramático que The Globe and Mail aparentemente cree que es buen alimento para su audiencia.

La escritora viaja luego a Ruanda y escribe sobre sentir miedo en la frontera, sin calficar de dónde viene su miedo. Se te perdonará por pensar que la frontera Uganda-Ruanda y el temor de la señorita Li de ser detenida es una escena del Estados Unidos Trump o más de la Fortaleza Europa. En ninguna parte de su narración ella interroga de dónde pueden venir sus temores, sobre todo porque se oye muy poco de arrestos de viajeros en la frontera.

Hace mucho, Binyavanga Wainaina recordó que al escribir sobre África, no se debe olvidar mencionar los bellos paisajes y los hermosos niños. Y el artículo de la señorita Li cumple bien con este requisito, cuando menciona “una increíble caminata por la selva y una hermoso atardecer”.

“Uganda es un bello país, con gente bella e historias increíbles. Pero Justina Li entendió que esa no era toda la historia”. Captura de pantalla del artículo de Justina Li en Globe and Mail.

Sin embargo, luego explica que “ansía pertenecer. Sobresalgo como un pulgar hinchado en la comunidad local”. Una declaración extraordinaria, si me preguntan. Asume que se puede llegar de Canadá, salir a la carretera y ya, “perteneces”. Recuerda sus intentos de “pertenecer”, como usar vestimenta local y hacerse un “peinado africano”, pero le sorprende que eso no le dé mucha reputación para darle suficiente sensación de pertenencia —algo que toma tiempo, trabajo duro, comprensión y compromisos en muchos casos. Además de un grado de comodidad con tu propia piel.

“Fui a otro país, creía que la mayoría de personas en el mundo eran confiable, con buenas intenciones. Me fui, derrotada”, escribe la señorita Li. Lamento eso, pero viajas miles de kilómetros a otro país para hacer una pasantía en una iniciativa de microfinanzas donde el 77 por ciento de la población tiene menos de 30 años y enfrenta más del 22 por ciento de desempleo juvenil. Es más, para quienes tienen entre 15 y 24 años, la tasa de desempleo es de 83%. ¿Has pensado por qué te dieron esa pasantía, y no a uno de los miles de jóvenes ugandeses que buscan esas oportunidades?

A lo largo de todo el artículo, me siguen surgiendo preguntas. ¿La señorita Li se detuvo a pensar que las personas a su alrededor enfrentan preocupaciones similares a las suyas? ¿Preguntó alguna vez qué la llevó a ese lugar? ¿Por qué espera que le sirvamos una bandeja de plata con oportunidades y conocimiento? ¿Evaluó su país en el contexto, como por qué enviaron una “volunturista” como ella a adquirir conocimientos en una parte del mundo donde hay otros 2,000 que podrían usar la misma oportunidad? ¿Hubiera ayudado investigar un poco sobre el lugar? ¿No podías recordar el nombre de alguien con quien hubieras trabajado? ¿Tal vez una señora que te sirvió el almuerzo que dijiste que comste sola? ¿Alguien te dio la bienvenida en la oficina de microfinanzas los primeros días? ¿Nadie tuvo actos de amabilidad para ti en todo tu tiempo en Uganda que valga la pena mencionar? ¿O tal vez ahora serás una de las especialistas sobre África que veremos aparecer por tu “buen entendimiento de otras culturas” que adquiriste en tu breve permanencia en la “patria”?

Para ayudarte a responder estas preguntas, te exhorto a echar un vistazo a “Tu complejo de salvador blanco perjudica mi desarrollo” de TMS Ruge. Ruge dice que su apodo es “Africano Educado Molesto”, y supongo también es el mío. Estás funcionando dentro de este complejo, independientemente de tu etnia. Sí, lo pasaste muy mal, pero sugiero que eches un vistazo a La seducción reduccionista de los problemas de otras personas de Courtney Martin para entender por qué.

El artículo de la señorita Li termina con una nota conocida, Luego de ordenar sus desacuerdos con molestos ugandeses, concluye su texto con esta oración: “Uganda es un bello país con bellas personas con historias increíbles que me dio muchas oportunidades”. Pero el artículo nunca habló de esas “bellas personas”, ni de sus historias increíbles. Y además de ser “bellos” —un encubrimiento demasiado común que usan los foráneos que preferirían evitar hablar sobre las realidades— nunca se nos permite ser otras cosas. No se nos permite ser complejos, como cualquier otra sociedad. ¿No es una visión de un pueblo que cambia entre hermosos, por un lado, y fraudulenta por el otro, en perjuicio del desarrollo en el que dice ha venido a trabajar? Ojalá la señorita Li reflexione sobre eso.

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