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Físico que siempre soñó con trabajar en Estados Unidos dice que ya no es “epicentro de la ciencia”

Nima Arkani-Hamed posa en su oficina. Créditos: Carolyn Beeler

Esta historia de Carolyn Beeler originalmente apareció en PRI.org el 8 de junio de 2017. Se reproduce aquí como parte de una asociación entre PRI y Global Voices. 

Relegada a una esquina de la oficina estilo “nerd” del físico Nima Arkani-Hamed yace una computadora con la serie televisiva de los años 1990 “Twin Peaks”, pausada en mitad de una escena.

Este clásico de culto está constantemente de fondo mientras Arkani-Hamed trabaja sobre ecuaciones físicas en el Instituto de Estudios Avanzados en la ciudad de Princeton, en el estado estadounidense de Nueva Jersey.

“Para mí, es totalmente inspirador verla porque tratan de resolver cosas muy locas, y nosotros también estamos intentando lo mismo”, dice Arkani-Hamed. “Así que es realmente muy bueno que esté de fondo”.

En “Twin Peaks”, un pueblo trata de resolver un asesinato. En su oficina, Arkani-Hamed intenta responder algunas preguntas que mantienen ocupados a los físicos del siglo XXI.

“¿Qué es realmente el espacio y el tiempo? ¿Por qué el universo es tan grande?”, pregunta Arkani-Hamed. “Y encima de eso, no entendemos por qué hay grandes cosas en él”.

Las preguntas radicales e importantes son el sello de Arkani-Hamed.

Y se ha forjado un nombre propio al buscar respuestas: a los 45 años, Arkani-Hamed ha pasado por Barkeley, Stanford y Harvard, y ha ganado un premio en física de 3 millones de dólares.

Como parte de una familia que recorrió el mundo en búsqueda y defensa de la ciencia, Arkani-Hamed siempre supo que haría carrera en Estados Unidos.

“Era obvio que el lugar en el mundo adonde vas y puedes pensar en grande tanto como quieras y donde lo único que importa es la calidad de tus ideas y tu ambición sería Estados Unidos, más que cualquier otro lugar”, dice Arkani-Hamed. Pero ahora, no está tan seguro.

Un viaje circular de regreso a Estados Unidos

Durante décadas, Estados Unidos ha congregado a los mejores científicos del mundo. Albert Einstein escapó de los nazis en 1933 y terminó en la misma institución donde ahora trabaja Arkani-Hamed. Las universidades estadounidense y la reputación del país como un lugar para librepensadores es un imán para los investigadores que buscan refugio lejos de gobiernos opresores.

Como suceció con generaciones anteriores de científicos, Estados Unidos atrajo a los padres de Arkani-Hamed, Hamideh Alasti y Jafar Arkani-Hamed, que llegaron a ese país procedentes de Irán para continuar sus carreras en física en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y la NASA.

Arkani-Hamed nació en Texas mientras su padre trabajaba en una de las misiones Apolo. Poco después de la revolución iraní en 1979, cuando Nima tenía 7 años, Jafar y Hamideh renunciaron a sus trabajos en Estados Unidos para mudarse a Irán, ya que esperaban establecer una fuerte tradición científica allí.

“Creíamos que al volver, haríamos que nuestras universidades fueran más democráticas”, dice Jafar Arkani-Hamed.

Después de un año, el Ayatollah Khomeini clausuró esas universidades y Jafar Arkani-Hamed expresó el daño que eso significaría para la ciencia en el país.

“Muchos profesores escribimos una carta abierta a la nación diciendo que al hacer eso, se destruiría la ciencia en Irán”, expresó Jafar Arkani-Hamed. “Y por tal razón, nos persiguieron”.

Para evitar la cárcel e incluso la muerte, la familia tuvo que escapar, hasta llegar al límite con Turquía.

“Fue una aventura bastante complicada, con muchos villanos y unos pocos héroes fantásticos”, dice Nima Arkani-Hamed.

Tuvieron que montar a caballo a través de escarpadas montañas durante la noche y esconderse en cuevas durante el día. Nima y su hermana menor se enfermaron.

“Fue horroroso”, recuerda Hamideh Alasti. “Yo pensé: voy a perder a los niños uno por uno”.

Una noche, Nima se sentía muy debilitado a causa de la fiebre y la deshidratación como para sentarse sobre su propio caballo, por lo que Hamideh lo puso sobre el suyo.

“De repente, vi un cielo luminoso, y luego le mostré la Vía Láctea”, dijo Hamideh. “Sus ojos se abrieron y empezó a hablarme sobre la Vía Láctea, y a hacer preguntas sobre física. Así que, en cierta manera, le devolví la vida”.

Según Hamideh Alasti, la curiosidad de su hijo fue lo que le salvó la vida.

Después de una semana volando, la familia arribó a salvo a Turquía. Emigraron a Toronto, donde Nima continuó formulando preguntas sobre física y sobresalió en matemáticas y ciencia.

Pero siempre quiso completar el círculo que su familia había empezado y partió a Estados Unidos. Al finalizar sus estudios universitarios, se mudó para trabajar en su doctorado en la Universidad de California, Berkeley.

Estados Unidos cede su liderazgo en ciencias

Era inevitable, dice, que acabara en Estados Unidos, su país de origen y el país que siempre consideró como el mejor lugar para pensar en grande en lo que respecta a la ciencia.

Pero ahora, no está tan seguro de que Estados Unidos sea el epicentro de la ciencia a nivel mundial.

“Están cediendo ese liderazgo gradualmente”, dice Arkani-Hamed.

Los recientes acontecimientos políticos, como el retiro de Estados Unidos del Tratado de París sobre el cambio climático y el cese de fondos a la ciencia propuesto por el presidente Trump, son en parte responsables. Pero Arkani-Hamed piensa que el problema más grande es anterior a este gobierno. Cree que el pueblo estadounidense ha dejado de soñar en grande.

“Hemos dudado en comprometernos a dar los siguientes pasos para expandir nuestro conocimiento de las leyes fundamentales de la naturaleza de manera experimental, y eso es algo en lo que hemos sido pioneros por mitad de un siglo”, dice.

Arkani-Hamed señala la física de partículas. Estados Unidos abandonó el trabajo que se estaba llevando a cabo sobre un genial colisionador que cambiaría las reglas del juego a comienzos de los años 90, en parte debido a la financiación. Europa, con la construcción del Gran Colisionador de Hadrones cerca de Ginebra, se convirtió en el nuevo epicentro en ese campo.

Ahora, Arkani-Hamed está involucrado en el intento de contruir un colisionador de partículas de nueva generación para dilucidar las últimas paradojas de la ciencia.

Sin embargo, este proyecto no tendrá lugar en Estados Unidos, donde Arkani-Hamed no cree que esté el dinero ni la voluntad de construirlo.

Está en China.

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