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Los niños ‘invisibles’ que murieron bajo el cuidado del Estado en Chile

La madre de Lissette, en la imagen junto a su abogado, enjuició al Estado chileno. Tomada de Univisión/Gentileza Sebastián Lafaurie, usada con autorización.

Este reportaje, escrito por Daniela Mohor para Univisión, fue publicado por el sitio CONNECTAS. Esta versión se publica en Global Voices gracias a un acuerdo de difusión de contenidos.

La muerte de Lissette, una niña de 11 años en un hogar de menores regentado por el Estado, destapó una crisis en estos centros del país austral. Según datos oficiales, entre 2005 y 2016 se estima que fallecieron 865 niños y adolescentes atendidos por el servicio de asistencia infantil.

Le faltaban solo dos semanas para cumplir 12 años. Pero para Lissette Villa, la llegada del cumpleaños solo era motivo de angustia. Sabía que a esa edad le tocaba dejar el hogar de menores en el que vivía desde 2014 y ser trasladada a otro en la comuna Pudahuel de Santiago. Este lugar era conocido por los niños como ella – víctimas de abusos y malos tratos, abandonados por su familia, o infractores de la ley – como uno de los más duros de la red de centros de protección del Servicio Nacional de Menores chileno (Sename).

Lissette nunca alcanzó a conocer el hogar de Pudahuel. El 11 de abril de 2016 murió de un paro cardiorrespiratorio en circunstancias que aún están siendo investigadas. Aunque un informe de la Policía de Investigaciones indica que “el actuar imprudente e inobservante de sus cuidadoras le provocó un cuadro de asfixia” y la autopsia señala que al momento de su muerte tenía “lesiones faciales”.

Ha pasado más de un año desde los hechos, pero la muerte de Lissette Villa sigue siendo noticia en Chile. Al hacerse pública, su historia de pobreza, precariedad y violencia obligó a los chilenos a interesarse en lo que ocurre con los cerca de 100,000 niños más vulnerables de Chile que cada año llegan al Sename en busca de protección y ayuda psiquiátrica.

Las datos que han aparecido desde entonces son demoledores: en octubre pasado, Solange Huerta, quien asumió la dirección del Sename en plena crisis, reveló que entre 2005 y 2016, se estima que murieron 865 niños y adolescentes atendidos por el servicio de asistencia infantil. De esa cifra, 249 corresponden a adolescentes mayores de 14 años que habían infringido la ley y cometido delitos; 406 eran niños bajo la custodia de sus padres o parientes, en programas ambulatorios de protección de derechos. Pero el grupo que más impacto ha causado es el de los 210 menores que, como Lissette, vivían en recintos de protección porque sus padres y familiares más cercanos estaban inhabilitados para cuidarlos. De esos niños, más de la mitad presentaba alguna discapacidad y cerca de un tercio tenía menos de seis años. Para 47 de ellos, según el informe del Sename, la causa de muerte no es concluyente.

Los niños invisibles

“El caso de Lissette ha ayudado a abrir la caja de pandora. A través de su muerte se logró una investigación del Ministerio Público a todos los centros del país (cerca de 260) y se han podido descubrir las fallas y negligencias que tiene el sistema”, dice Sebastián Lafaurie, abogado de la madre de Lissette Villa, quien se querelló contra el Sename.

Hoy sabemos que hay cientos de niños que murieron, pero no se denunciaban sus muertes. Quedaban ahí en el olvido, porque son niños que no le importan a nadie.

Anuar Quesille, oficial de protección de Unicef Chile comenta:

Se ha tomado una serie de medidas importantes para la infancia, pero pese a todo eso, el Estado, independiente del gobierno de turno, se olvidó de los niños que son los más desfavorecidos en Chile: los que han sido víctima de alguna vulneración en sus derechos y que están al cuidado del Estado. Pareciera que esa es la gran raigambre olvidada de la infancia en Chile.

Historias estremecedoras

Las consecuencias son muy concretas. En los últimos meses, con el destape de la crisis institucional del Sename, los medios han publicados historias estremecedoras: la de Jean Alejandro, por ejemplo, que fue alejado de su madre a los 39 días de vida y murió al año de una neumonía aguda producto de la negligencia de sus cuidadores. La de un grupo de adolescentes que huyó de hogares de menores y prefiere vivir en un eriazo insalubre del centro de Santiago antes que volver a los hogares del Sename. Hay denuncias de golpizas, de abusos sexuales, violaciones y de prostitución dentro de los centros. Entre los fallecidos, varios se suicidaron.

María José Ortúzar, psicóloga y mediadora familiar, diplomada en violencia intrafamiliar, maltrato infantil y abuso sexual dice:

Es terrible. Aquí hay una muerte real, que es la de estos cientos de niños, pero también hay una muerte simbólica en la invisibilización de ellos. No tienen un espacio adecuado. El mundo sigue girando y ellos siguen en el Sename atravesando situaciones complejas, que los llevan muchas veces a escapar sin tener a dónde ir.

María José Ortúzar no pierde la esperanza de que esos cambios comiencen a ocurrir. “Desde siempre ha habido un problema con la infancia en Chile. Es algo que ha estado subterráneo hace muchos años”, dice. “Hoy por primera vez es un tema que sale a la luz pública y que ha estado meses en la palestra. El tema se abrió”.

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