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Desafío energético verde del África: ¿Megaproyectos, sistemas autónomos o algo intermedio?

Escolar estudia con una lámpara solar en Zambia. Fotografía de Patrick Bentley/SolarAid Photos CC 2.0.

Este artículo de Peyton Fleming fue publicado originalmente en Ensia.com, revista que destaca soluciones ambientales en acción a nivel internacional, y se publica aquí como parte de un acuerdo para compartir contenido.

Un parque eólico de 310 megavatios (MW) que se expande en un paisaje árido y remoto cerca del lago Turkana al norte de Kenia, tiene entusiasmado al mundo de la energía limpia –y por una buena razón.

El parque eólico más grande de África, con 365 imponentes turbinas, genera más de 500 empleos estables en una zona empobrecida donde arrear cabras es a menudo el único empleo disponible. Aumentará la capacidad de la red eléctrica de Kenia en un quince por ciento, a un costo más bajo que el del petróleo importado que utiliza ahora la empresa de servicio público local para generar electricidad. Y cuando comience a generar el suministro el año próximo, enviará una señal a los inversionistas y compañías de que los proyectos grandes de energía limpia como este son viables en África Subsahariana.

“El impacto que estamos teniendo hace que me sienta muy orgulloso, francamente”, afirma Phylip Leferink, gerente general de Lake Turkana Wind Power, que estuvo muy sonriente cuando me reuní con él, pues se acababa de instalar la turbina número 142.

Megaproyectos como este son profundamente importantes para solucionar los desafíos colosales de acceso al suministro de luz de África Subsahariana, al ritmo que los gobiernos de ese lugar desean. De todas maneras, son una respuesta incompleta. A menudo son costosos, construirlos toma años y no brindan cobertura para todos. En realidad, el proyecto Turkana de setecientos millones de dólares ha estado en ejecución por casi una década y el cronograma exacto para finalizar la línea de transmisión de 435 km (270 millas) claves aún está en discusión. Además, toda la electricidad será dirigida al sur de Kenia; nada llegará al norte escaso de energía, donde el queroseno y el carbón altamente contaminantes se utilizan para cocinar y obtener una fuente de luz.

Por lo tanto, ¿cuál será la mejor ruta para obtener electricidad –de preferencia ecológica– para los más de un millón de personas en el norte de Kenia y los 620 millones de personas en toda África Subsahariana que viven en la oscuridad?

Recientemente pasé 12 días en Ghana y Kenia para tratar de encontrar la respuesta. Me interesaba entender la magnitud que tienen los proyectos grandes de energía renovable a escala de red, como el proyecto Turkana, para poder satisfacer la vasta demanda de energía de la región, y si debería de enfocarse más atención a la energía renovable autónoma y demás esfuerzos descentralizados de energía verde, que son más pequeños y no están vinculados a la red eléctrica. Otra pregunta clave fue el alcance hasta donde los países pueden hacer crecer sus economías con la energía renovable –en lugar de los combustibles fósiles costosos que contribuyen enormemente al cambio climático.

Una cosa es evidente, de acuerdo con los jefes de gobierno y expertos de organizaciones no gubernamentales: bajar los costos para la energía renovable autónoma –más del ochenta por ciento desde 2010 para el fotovoltaje solar– cambia las reglas del juego. Basta con observar el surgimiento extraordinario de M-KOPA Solar, compañía keniana que ha sacado provecho del fenómeno de transferencia monetaria vía móvil de África (más del noventa por ciento de keniatas utilizan teléfonos móviles y más del setenta por ciento son usuarios de ese sistema de pago) para ofrecer energía solar autónoma residencial a 425 000 clientes en todo África Oriental.

Un estudio reciente del grupo público-privado Power for All (Energía para todos), que busca acelerar la implementación de energía rural limpia a nivel mundial, demuestra que esas tecnologías autónomas pueden instalarse en la mitad del tiempo y a un décimo del costo de los grandes proyectos del servicio público. Pese a este vasto potencial, la energía autónoma se ve obstaculizada por la falta de acceso de capital, especialmente del Banco Mundial y los bancos para el desarrollo multilateral, que durante mucho tiempo han estado predispuestos a financiar proyectos costosos.

“No me cabe la menor duda, esta es una propuesta de un millón de hogares”, dijo Jesse Moore, fundador y director general de M-KOPA, a una multitud de 500 personas en la reciente Conferencia Internacional de Energía Renovable autónoma en Nairobi, organizada por la Agencia Internacional de Energía Renovable. “No obstante, aún continuamos siendo muy secundarios”.

Kenia: líder en energías renovables

Kenia es considerado extensamente como un líder en África por utilizar energía renovable –tanto en proyectos de redes eléctricas como autónomas– para enfrentar el desafío de acceso a la energía. Hace tres años, menos del treinta por ciento de los keniatas obtenía suministro de electricidad de la escasa red eléctrica de 2000 MW, que era generada principalmente por combustibles fósiles. (La población de Nueva Inglaterra en Estados Unidos es menos de un tercio que la de Kenia, aún así su red es aproximadamente de 31 000 MW). Para atraer a los constructores de plantas de energía, el gobierno adoptó políticas como garantías de protección de riesgo, acuerdos para la adquisición de energía estandarizados y tarifas de alimentación –que contribuyen a garantizar pagos satisfactorios por la energía que se produzca. El Gobierno está particularmente ansioso por explotar los abundantes recursos de energía limpia del país, como la geotérmica. Una planta de energía geotérmica de 280 MW comenzó a operar en diciembre en el Gran Valle del Rift, donde el continente se separa gradualmente, proporcionando así un fácil acceso a las aguas termales y al vapor que se encuentran debajo de la superficie. Por consiguiente, están en curso varios proyectos geotérmicos. También se anunció una nueva planta solar de 55 MW en septiembre del año pasado.

Un representante de ventas de M-KOPA habla sobre el  producto solar de la compañía con los residentes del barrio Bandai en Kisumu, al oeste de Kenia. Imagen de Peyton Fleming y es utilizada con permiso.

Los funcionarios están satisfechos con el progreso alcanzado. “En apenas tres años, hemos doblado la cantidad de clientes conectados a la red eléctrica”, dijo el secretario de energía de Kenia, Charles Keter, a la audiencia en la Conferencia de Energía Renovable autónoma. No obstante, reconoce que el país nunca alcanzará su objetivo de brindar acceso universal a la energía para el año 2020 sin la ayuda de la energía renovable autónoma. “En áreas alejados de la red eléctrica, como en el norte del país, tenemos que encontrar otras soluciones en el futuro cercano”.

Las compañías como M-KOPA, Off-Grid Electric y Mobisol ya están interviniendo –utilizan modelos de negocios de pago por uso para distribuir servicios de energía solar autónomos a millones de clientes rurales.

Con un depósito de USD30 y pagos diarios de cincuenta centavos, todo a través del sistema extendido de transferencia monetaria vía móvil de M-PESA, los clientes de M-KOPA obtienen un panel solar, un par de lámparas, un cargador de teléfono celular y un radio que funciona con energía solar. Después de realizar pagos por un año, los clientes se vuelven propietarios del sistema. Además, generan un historial crediticio que les permite financiar equipos solares más grandes con los que pueden hacer funcionar electrodomésticos más grandes como las televisiones y, M-KOPA espera muy pronto, refrigeradores pequeños.

Mientras caminaba con dos representantes de ventas a través de Bandani, vecindario pobre conformado de cabañas hechas de adobe, caminos de tierra y estufas a carbón en Kisumu al oeste de Kenia, media docena de personas solicitaba los panfletos de M-KOPA. Varios otros ya estaban utilizando el servicio. Una de esos clientes es Consonlata Andhiambo Odero, quien vive en Bandani con cuatro niños en una choza pequeña y administra una tienda donde vende carbón, huevos y pan. Desmotivada por los cortes de energía constantes, decidió comprar un sistema de M-KOPA hace un mes. Ahora tiene dos lámparas para su tienda y luz libre de contaminantes para que sus hijos puedan leer por la noche. “Estoy muy emocionada”, afirma con una gran sonrisa.

En apenas cinco años, M-KOPA ha contratado aproximadamente a mil empleados que presentan el producto y brindan servicio a los clientes en tres países de África Oriental. El modelo de la compañía también se está expandiendo a África Occidental. A pesar de su crecimiento, los africanos no pueden sufragar el costo inicial. “El depósito [USD30] es el mayor obstáculo”, afirma Edwin Amollo, gerente de ventas de campo para la compañía en Kisumu.

Ghana: poniéndose al día

Casi a 6400 km (4000 millas) al oeste, Ghana está adoptando muchas de las estrategias de Kenia para expandir el acceso a la energía. Está rezagado unos cuantos años, en especial cuando se trata de energía renovable. No obstante, el país está trabajando para ponerse al día.

Consonlata Andhiambo Odero, que vive al oeste de Kenia, se observa aquí junto a un representante de ventas de M-KOPA y sonríe mientras muestra orgullosa los nuevos paneles solares que hacen funcionar las lámparas para que sus hijos puedan leer en la noche. Fotografía de Peyton Fleming, utlizada con permiso.

El Gobierno de Ghana expande su red eléctrica con nuevas plantas de energía mediante el uso de tarifas de alimentación, acuerdos de adquisición de energía y licitación competitiva para atraer a los desarrolladores e inversionistas externos. Las más grandes, hasta el momento, han sido las plantas de gas natural, que son alimentadas por el primer campo de gas natural externo del país, que se desarrolló el año pasado. Los proyectos solares también son añadidos a la red, pero son más pequeños –entre estos, un proyecto fotovoltaico solar de 20 MW que comenzó a funcionar en abril, y un segundo proyecto de 20 MW que fue adjudicado a una empresa sudáfricana en septiembre. Varios proyectos de energía renovable están en ejecución para el norte, entre estos una instalación solar valorada en USD4,5 millones para una operación agrícola en Yagaba Basin.

En cambio, el proveedor de energía solar autónoma PEG-Ghana, que fue inaugurado hace dos años, utiliza el modelo de negocio de M- KOPA: se centra en regiones donde las personas no tienen suministro de electricidad o están insatisfechas con los cortes de energía constantes –conocidos a nivel local como dumsors-- y en lugares donde utilizan comúnmente el sistema de transferencia monetaria vía móvil.

“La razón por la cual invertimos [en Ghana] fue porque nadie más estaba enfrentando el problema en África Occidental”, indicó Lauren Cochran, directora de inversiones privadas para Blue Haven Initiative, compañía de inversión ubicada en Massachusetts que ayudó a PEG-Ghana recaudar USD7,5 millones este año para expandir su negocio en África Occidental.

Luego de salir del norte de Ghana –“es demasiado pobre”, afirma el gerente de país de PEG-Ghana Simone Vaccari–, la compañía ha instalado 29 centros de servicio en el sur del país, que han registrado a 14 500 clientes a la fecha. Las ventas están creciendo un veinte por ciento al mes, por lo que la empresa planea expandirse a Costa de Marfil pronto. “Estamos en un buen espacio”, indica Vaccari, quien espera tener 100 000 clientes a lo largo de África Occidental para el año 2018.

Expandir miniredes de energía limpia viables desde el punto de vista comercial –redes autónomas a escala pequeña que suministren energía a los habitantes o comercios– es una prioridad evidente en Kenia y Ghana, tanto a nivel público como a nivel privado.

Los funcionarios en la sede de Ghana de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional afirman que existe mucho interés y potencial de la red eléctrica solar y autónoma. Por eso, reconocen el mérito que ha tenido el Gobierno para establecer objetivos de energía renovable y aprobar políticas para fomentar la inversión extranjera. Sin embargo, solo queda esperar a ver si el país puede replicar el éxito de Kenia con la energía renovable.

Expandir miniredes eléctricas descentralizadas

Existe otro problema que Kenia, Ghana y las demás naciones de África Subsahariana deben enfrentar para alcanzar sus ambiciosos objetivos de acceso al suministro de luz y energía limpia. Aunque los sistemas de energía solar residencial como el de M-KOPA son prometedores, ¿qué pasa si los comercios, fabricantes y pueblos enteros buscan sistemas de energía renovable más grandes, en lugar de depender de una red eléctrica irregular o inexistente? (Debido a la poca confiabilidad en la red eléctrica de Kenia, más de la mitad de los comercios del país operan con sus propios generadores diésel). ¿Y qué pasa con los proveedores de alimento que carecen de refrigeración por los cortes de energía o carecen completamente del servicio?

Expandir las miniredes de energía limpia viables desde el punto de vista comercial –redes autónomas a escala pequeña que suministren energía a los habitantes o comercios– es una prioridad evidente en Kenia y Ghana, tanto a nivel público como a nivel privado. De nuevo, los esfuerzos de Kenia van más allá. Este año, el presidente Uhuru Kenyatta anunció los planes de instalar 23 miniredes de energía solar con capacidad de 9.6 MW en el norte remoto del país.

Las compañías como CrossBoundary Energy están construyendo miniredes solares para centros comerciales, alojamientos en safari y en hospitales remotos. “En Kenia, el setenta por ciento del consumo eléctrico es de los comercios”, afirma el socio administrador Matt Tilleard, quien también está expandiendo el negocio hacia Ruanda. “Ese es nuestro nicho”.

En Ghana, Black Star Energy construye miniredes eléctricas solares que brindan servicio a siete pequeñas comunidades en la región Ashanti del país. Es la primera red solar de la empresa, en un área de explotación de cacao, que fue inaugurada el año pasado. Nicole Poindexter, directora general, afirma que una ventaja clave de esos sistemas es que pueden hacer funcionar refrigeradores, que son fundamentales para solucionar los desafíos de seguridad alimenticia regionales. Según la Organización para la Agricultura y Alimentación de las Naciones Unidas, la falta de refrigeración es una razón importante por la cual África pierde anualmente suficiente comida como para alimentar a 300 millones de personas.

Es un problema de política y capital, no técnico

Por todas sus promesas tempranas, las soluciones renovables autónomas aún se encuentran en su etapa inicial. “Tenemos muchos kilómetros por recorrer. Compañías como M-KOPA realizan cosas increíbles, aunque su participación en el mercado es aún intrascendente”, afirma Christine Eibs Singer, directora de defensa mundial en Power for All.

Por lo tanto, ¿qué se requerirá para que las soluciones renovables autónomas comiencen seriamente a reducir la brecha del acceso a la energía en la región? No es un problema de tecnología, sino de capital.

Hablando en términos más generales, África casi no atrae la inversión que necesita para poner en marcha proyectos energéticos de cualquier clase. Las inversiones actuales realizadas al sector energético en África son aproximadamente de ocho mil millones de dólares al año; es menos de un sexto de los cincuenta y cinco mil millones de dólares al año que requiere para lograr el objetivo de acceso universal a la energía para el año 2030, según el informe del progreso africano de 2015.

Y, del capital limitado que existe, muy poco es asignado para la energía renovable autónoma, como la energía solar residencial y las miniredes eléctricas. De 2011 al 2014, únicamente once por ciento del financiamiento para el acceso a la energía del Banco Mundial, y uno por ciento del financiamiento del Banco para el Desarrollo Africano fueron asignados a los renovables descentralizados, según un informe reciente de Power for All.

Esta brecha de financiamiento fue un punto sensible evidente para los participantes en la conferencia de energía renovable autónoma de Nairobi.

“Si cinco por ciento de ese dinero fuera a nuestro sector, verían a millones de clientes obtener energía de manera más rápida”, afirma Graham Smith, director en jefe de mercados emergentes en Off-Grid Electric, empresa emergente de energía solar con más de cien mil clientes en África Oriental, que depende mayormente de fondos de inversión privados y de capital de riesgo para expandir su negocio.

La directora de Power for All afirma que alinear las políticas de gobierno y las instituciones de financiamiento claves para que respalden las estrategias de energía renovable autónoma y de red más equilibradas será crucial para llevar energía verde a los africanos de manera más rápida y a menor costo.

“Para que haya crecimiento económico general en esos países, vas a necesitar una fuente de energía a gran escala, pero no lo puedes considerar como la única solución”, afirmó. “Se necesita de una integración más consciente y deliberada de las soluciones centralizadas y descentralizadas”.

Peyton Fleming es director general en Ceres, organización no lucrativa que aboga por la sostenibilidad. Para obtener más información, visita el sitio web www.ceres.org

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