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Cinco años en Global Voices y RuNet Echo

Imagen editada por Kevin Rothrock.

En abril cumplí cinco años en Global Voices, donde he editado RuNet Echo a lado de tres talentosas personas: Andrey Tselikov, Tanya Lokot y Isaac Webb. También he trabajado con docenas de muy talentosos escritores voluntarios —periodistas profesionales y académicos, y otros que se asomaban en este campo. Y ha sido un honor seguir a personas como el director ejecutivo, Ivan Sigal, la editora en jefa, Sahar Habib Ghazi, y la directora de Advocacy, Ellery Biddle.

No puedo responder por los lectores de RuNet Echo, pero la paso bien escribiendo para ustedes.

Nuestro sitio web me dice que he escrito 445 textos desde que empecé y con este que leen ahora llego a 446. Me uní a Global Voices en abril de 2012, justo cuando el llamado “invierno de nuestro descontento” pasaba por dificultades. Vladimir Putin estaba a días de una explosiva victoria presidencial, y Dmitry Medvedev seguía siendo (hablando en teoría) el presidente.

En los cinco últimos años, algunas cosas en Rusia han hecho el recorrido completo, otras parecen haberse ido irrevocablemente. Dmitry Medvedev alguna vez encarnó las esperanzas de muchos rusos de que el Gobierno daría prioridad a la libertad política y daría fin a la satanización de la democracia.

Hoy, Medvedev es la cara de la corrupción, gracias en gran parte a la labor que Alexey Navalny ha hecho solo, el rey bloguero que adquirió experiencia exponiendo sobornos y tratos sucios en las corporaciones estatales de Rusia.

Hace cinco años, aún se podía trazar mapas de páginas de LiveJournal y tratarlo como una visualización de la blogósfera rusa. Hoy, como en la mayoría de lugares del mundo, bloguear en Rusia como se entiende tradicionalmente está muerto. Aún hay millones de rusos que usan LiveJournal, pero el pulso de la sociedad civil —concepto ciertamente esquivo y posiblemente absurdo— se ha esparcido en docenas de populares plataformas.

En Facebook, periodistas y activistas de Moscú se deshacen de análisis políticos y cambian agresiones personales por comentarios puestos confusamente. En Twitter, las cuentas anónimas con banderas nacionales en su avatares se muerden unas a otras y a todo el que reaccione a noticias de último minuto. Puedes seguir los partidos de moda de oposición al Kremlin en Instagram, donde también hay vodeos de los estilos de vida más lujosos que disfrutan los hijos de destacados funcionarios rusos. Ahora hay algo que se llama Telegram —lanzado por el derrocado creador de Vkontakte, que es lo que la mayoría de rusos comunes y corrientes usan, en vez de Facebook— y en Telegram te puedes subscribir a “canales” que publican lo que notoriamente es “análisis político interno”.

Todo esto por no mencionar YouTube, foros de internet como Dvach, comunidades como TJournal, proyectos de noticias satíricas como Lentach, y otros muchos rincones de la web de los que no he oído hablar.

En RuNet Echo, he presenciado varias olas de ciclos de noticias rusas. Cuando empecé en 2012, legisladores en Moscú desenrrolaban la lista negra de a internet que ahora es un rasgo tan característico de la censura rusa. El “registro”, como se le conoce formalmente, empezó de manera inocente como un escudo para proteger a los niños de lo más feo que hay en línea. La primera legislación hasta tuvo el apoyo de Ilya Ponomarev, la única diputada en todo el Parlamento ruso que luego votaría en contra de la anexión de Crimea por parte de Moscú.

Cinco años después, el estado de la libertad de internet sigue siendo turbio, pero es peor de lo que era —más importante para mí, que escribo sobre esto— ya no es algo que sorprenda a la gente, que es otra manera de decir que a la gente fuera de Rusia (principal audiencia de RuNet Echo) ya no le importa tanto.

Por supuesto, los estadounidenses, en cualquier caso, se preocupan más sobre Rusia hoy que desde la década de 1990, cuando ya saben qué se derrumbó. Pero hemos visto la historia de la censura de internet antes. Y hemos visto el informe de la protesta de Moscú donde la polícía antidisturbios arresta a manifestantes pacíficos.

¿Cuatro fornidos policías se llevan cargada a una joven, que patea y grita? ¿Hay foto?

Trágico, sí. y totalmente familiar —una frase que puedes agregar como leyenda a casi cualquier cosa que hay que decir sobre régimen de Putin ahora. El ciclo de noticias ruso ya no es nuevo.

Pero algún día volverá a serlo. Ya sea una revuelta juvenil desencadenada por un video viral de Navalny, o una callada reorganización de la presidencia rusa, la era de Putin tiene fecha de expiración, y eso será nuevo.

Si has leído hasta acá, probablemente estás pensando que me h puesto un poco presuntuoso. Después de todo, ¿qué hace un estadounidense husmeando en RuNet dando cátedra sobre el futuro de la alta política rusa? A diario, cuando se trata lo que pasa en el ciberespacio ruso, Vladimir Putin no interesa. Muchas buenas historias quedan por contar sobre Rusia que no tienen nada que ver con Putin.

Pero el rol del Kremlin en la sociedad sigue siendo enormemente influyente en la cultura de internet de Rusia —particularmente entre los activistas que buscan una voz y los periodostas que saben más de lo que pudeen decir en el trabajo.

* * *

Al escribir esto, esperaba ya llegar a una gran conclusión. Algo sobre cómo es imposible escribir “RuNet piensa A sobre B”, aunque hay más tendencias y ánimos, y es fácil imaginar “cultura rusa de internet” como un concepto semicoherente. Y sí, está la política. Está Putin y la Duma estatal y la portavoz del Ministerio del Exterior, María Zakharova, que inunda Facebook con escarnio.

Al final, hay mucho por contar y considerar. Lo he hecho durante cinco años, y espero estar aquí muchos más. Gracias a todos por leer RuNet Echo. Díganle a sus amigos. Díganle a todos.

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