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Las mujeres que cuidan cuando las mujeres se tienen que ir

Micaela Martínez es otra abuela memby. La abuela que la cuidó hoy tiene 71 años y es ella ahora quién la cuida. Sin embargo, como es universitaria, contrató a Graciela como doméstica. Graciela a su vez tiene una hija de 2 años, que en ausencia de su madre, es criada por su abuela • Juan Carlos Meza / Fotociclo

Micaela Martínez es otra ‘abuela memby’ (hijo/a de abuela). La abuela que la cuidó hoy tiene 71 años y es ella ahora quién la cuida. Sin embargo, como es universitaria, contrató a Graciela como doméstica. Graciela a su vez tiene una hija de 2 años, que en ausencia de su madre, es criada por su abuela. Fotografía de Juan Carlos Meza, tomada del sitio oficial de Kurtural y usada con permiso.

La siguiente es una re-edición de la pieza de Maximiliano Manzoni publicada originalmente por Kurtural dentro de su serie “El país de las mujeres”.

A los 9 años, Verónica aprendió a hacer videollamadas. Como muchas familias, pasaba horas con su abuela en los cybercafés de Asunción a principios de los 2000 conversando con el rostro pixelado de Margarita, su mamá, una de las miles mujeres que emigró a España en esa década.

Para 2003, la pobreza afectaba a la mitad de la población y miles de personas formaban interminables filas frente al Departamento de Identificaciones buscando conseguir pasaporte para partir en busca de trabajo a Europa. Fue la diáspora migratoria más acelerada de la historia del país. De 7000 migrantes paraguayos viviendo en España en 2004, se pasó a más de 82.000 en 2009.

En 2007, el 70% de los migrantes de Paraguay a España eran mujeres. El 90% se dedicaba allí al trabajo doméstico. Más de la mitad eran madres. Mujeres que cuidaban a ancianos o hijos ajenos mientras tenían que dejar a los suyos con otras mujeres, a miles de kilómetros de distancia. Madres como Margarita.

Margarita viajó a cuidar niños hace diez años. Verónica quedó a cargo de sus abuelos. Principalmente de su abuela, que es ama de casa y fue quién la crió. “Hasta ahora yo le digo a mi abuela “mamá” y a mi mamá “mami””, dice Verónica. Similar es el caso de Niurka Colmán, que se quedó con su abuela en la misma época cuando su madre se fue a Asturias, donde cuida hoy a una persona con discapacidad.

Tanto Niurka como Verónica son lo que comúnmente en Paraguay se conoce como abuela memby, hijo o hija de su abuela en guaraní. Las abuelas memby son la parte más reconocible de una cadena de cuidados familiar en la que las madres se apoyan para poder trabajar o estudiar. La figura del “hijo mimado” por la abuela es tan popular que figura en canciones, como la del músico local, Quemil Yambay. Si bien la “abuelización” de la crianza se hizo explícita con la migración campo-ciudad primero, y la migración a Argentina y a España después, un informe de ONU Mujeres señala que tales migraciones no precisamente produjeron nuevas pautas de crianza o reglas familiares, “sino más bien podría estar basándose e incluso solidificando una práctica ya instalada”.

El acuerdo entre las madres que migran y las abuelas que se quedan a cargo de sus nietos y nietas es el de intercambio de cuidados por recursos: las remesas. Este pacto es muy importante si se tiene en cuenta que las remesas son, de los cuatro principales ingresos del país, el único que se reparte entre la mayoría de la población.

La principal fuente de remesas la generan las migrantes desde España, mujeres que se fueron durante la crisis económica del 2003. Todos estos años, de estas remesas dependieron miles de familias paraguayas, como la de Niurka Colmán o la de Verónica. Dichos ingresos influyeron decididamente en la recuperación económica del país, “Las remesas permitieron incluir a miles de personas en los sistemas financieros formales que abrieron las puertas a nuevos servicios y opciones de financiamiento“, señala un artículo firmado por la consultora del ex ministro de Hacienda, Manuel Ferreira Brusquetti.

Madres que pueden volver, madres que no

De acuerdo con el antropólogo Nicolás Granada, las migrantes a España fueron “como nuevas y forzadas seudo residentas, mujeres que dejaron de residir acá” [como ‘residentas’ se conoce a las mujeres que se vieron obligadas a dejar la capital durante la Guerra del Chaco]. Nicolás Granada es también uno de los realizadores del documental Distancias de Gua’u (que puede verse completo aquí) y que trata sobre la experiencia de exiliados paraguayos en Madrid.

Pero hay diferencias entre las mujeres que migran a Argentina con las que lo hacen a España, dice el investigador Patricio Dobrée, autor de varios estudios referentes a migración y trabajo doméstico en Paraguay. Aunque la migración a Argentina sigue siendo más masiva, es una migración circular. “Implica que fácilmente las mujeres pueden volver a realizar las tareas de cuidado que dejaron a cargo de otra persona cuando migraron, como ante una situación crítica: la enfermedad de un hijo, la invalidez de una madre. Estas mujeres pueden regresar a sus lugares de origen”, señala el investigador.

Para las migrantes en España es más complicado, “por razones geográficas y de costo, es mucho menos posible que puedan volver en caso de una emergencia de cuidado familiar” dice Dobrée. Esta situación trae nuevos desafíos para las familias de esas mujeres.

El de la familia de Verónica y de Niurka Colmán es también es el caso de Micaela Martínez, otra abuela memby cuya madre viajó a España. La abuela que la cuidó tiene 71 años.“Con esa edad ya necesita alguien que la ayude en la despensa que tiene”, dice Martínez.

Dobrée dice que la imposibilidad de que la migrante vuelva a Paraguay implica varios problemas en la cadena de cuidados. “Los hijos que se quedaron en el país van creciendo y se convierten en adolescentes, lo cual conlleva más desafíos para la abuela que quedó a cargo. Y esas abuelas, además, son personas que envejecen, que tienen problemas de salud y limitaciones. Son personas que también necesitan y tienen derecho a ser cuidadas. Derecho que no pueden ejercer muchas veces”, reflexiona.

La ausencia de su madre implica que ahora sea Martínez quien tiene que cuidar a la mujer que la cuidó de niña. Pero ella a su vez es estudiante universitaria. Entonces, contrataron a Graciela como trabajadora doméstica y para que ayude en la despensa.

Graciela tiene una hija de dos años. La cuida su abuela para que ella pueda trabajar.

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