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¿Qué se necesita para eliminar el matrimonio infantil en Afganistán?

La foto es solo ilustrativa. Tomada por SAM Nasim usuario de Flickr. Atribución 2.0 Generica (CC BY 2.0).

A principios de 2017, Afganistán dio un paso político sin precedentes en la lucha contra las “novias infantiles” a través del Plan de Acción Nacional para eliminar el matrimonio infantil y prematuro. Los activistas esperan que este plan se convierta en algo más que un papel pese a los desafíos que enfrentan y al antecedente débil por parte del Gobierno para implementar estas medidas.

Hoy en día, según Girls not bridges, una de cada tres niñas contrae matrimonio antes de los 18 años en los países en vías de desarrollo. Esta práctica es un problema, especialmente en Afganistán, donde la tasa de matrimonio infantil fue del 33% en 2016. Aunque los grupos defensores de derechos sostienen que todo matrimonio antes de los 18 años es una violación de los derechos humanos, el matrimonio infantil sigue teniendo lugar en Afganistán, donde la edad legal de las niñas para casarse son los 16 años, según establece el Código Civil del país.

Normalmente, esas uniones se llevan a cabo en áreas rurales más que en las ciudades grandes como Kabul.

El Ministerio de Asuntos de la Mujer junto con el Ministerio de Información y Cultura desarrollaron y aprobaron el plan nacional en el mes de abril.

La primera dama de Afganistán, Rula Ghani, es una de las defensoras más firmes del plan nacional:

I urge all Afghan families to avoid child and forced marriages. Your girls face a huge risk when they get married at a young age. Early marriage robs them from their childhood and future opportunities.

Exhorto a todas las familias afganas evitar el matrimonio infantil forzado. Sus niñas enfrentan un riesgo enorme cuando se casan a temprana edad. El matrimonio precoz les roba la niñez y las oportunidades futuras.

Eliminar el matrimonio infantil y promover la educación es uno de los 17 objetivos de desarrollo sostenible presentados a través de los objetivos de las Naciones Unidas para eliminar el matrimonio infantil y promover la educación.

En términos de cumplimiento, los planes de acción nacional tienen un antecedente muy deficiente en Afganistán. Ni el Plan de Acción para la Mujer de 2007 ni la ley sobre eliminación de la violencia contra la mujer de 2009 ni la aplicación de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a favor de la mujer pueden considerarse exitosos.

Es más, el Plan de Acción Nacional para eliminar el matrimonio infantil a temprana edad en Afganistán parece no estar abiertamente disponible. De este modo, es difícil para los responsables no gubernamentales determinar si las medidas que están vigentes desalientan el matrimonio infantil y determinar qué mecanismos existen para transformar las palabras en acción.

La historia de Zahra

El 18 de julio de 2016, se dio a conocer la historia de Zahra, una niña de 14 años que se casó, cuatro meses más tarde quedó embarazada y luego murió quemada por la familia de su marido (el informe de noticias presenta material perturbador). El padre de Zahra, Muhammad Azam, declaró al New York Times que la familia política de su hija apuñalaron y golpearon a Zahra porque ella se negó a trabajar en el campo de opio por su embarazo.

El padre de Zahra afirmó que la quemaron para encubrir los abusos físicos que había sufrido antes de morir.

Zahra fue víctima del ‘baad’, práctica tradicional que implica ofrecer a la hija a otra familia para resolver un conflicto. En verdad, la vendieron porque su padre se fugó con una mujer de la familia del esposo de Zahra. Es decir, utilizaron a Zahra para resolver el conflicto entre las dos familias.

Desafortunadamente, la historia de Zahra es una de muchas que existen. Cada niña casada tiene su propia historia, pero los finales felices son inusuales.

¿Por qué las familias afganas venden sus hijas?

Existen muchos factores a tener en cuenta para analizar cómo las familias llegan a tomar la decisión de vender a sus hijas. Sin embargo, es importante saber que la decisión casi siempre la toma el hombre de la familia más que la mujer, que tiene poca o ninguna opción en estas decisiones.

El factor clave es la pobreza. Muchas familias en las áreas rurales venden sus hijas a cambio de dinero o ganado. En algunos casos, las familias no pueden alimentar a sus hijos, lo cual no les deja otra alternativa que venderlos. Lamentablemente, las ovejas, las vacas y el dinero pueden ser más valiosos que las propias hijas para los padres afganos.

Tal vez por esta razón, Khan Wali Adil, profesor y activista de derechos de la mujer, que instaló una carpa frente al Parlamento afgano durante un mes en 2016 para protestar contra la práctica tradicional “baad” se quejó: “las niñas son tratadas como animales en Afganistán”.

Mucha niñas casadas, como Zahra, caen en el matrimonio como parte del trueque en el “baad”, es decir, como parte de un acuerdo para resolver una deuda.

En otros casos, las niñas son intercambiadas entre familias. Por ejemplo, en Afganistán, los niños son más “valiosos” que las niñas, por lo que en ocaciones un padre toma la decisión de intercambiar a su hija por una esposa para su hijo. Esta práctica es típica y se llama “baadal“.

A pesar de que ambas prácticas, “baad” y “baadal”, están prohibidas por la ley de eliminación de la violencia contra la mujer de 2009, se siguen llevando a cabo en la actualidad.

Consecuencias del matrimonio infantil

La consecuencia más evidente y potencialmente fatal es el embarazo temprano. Los cuerpos de las niñas no están lo suficientemente desarrollados para sobrellevar un embarazo ni para dar a luz. Además, las niñas que contraen matrimonio a temprana edad pueden sufrir daños internos debido a la violencia sexual.

La falta de centros de salud y de atención médica adecuada en las zonas rurales agrava el problema, pues las niñas no reciben tratamiento ni asistencia médica durante el embarazo o al momento de dar a luz, lo que muchas veces las lleva a la muerte.

Algunas niñas sufren de abusos físicos y psicológicos por parte de las nuevas familias. Sumado a esto, como ellas pertenecen a la nueva familia, no pueden ir a la escuela ni pueden trabajar. Esto las imposibilita de lograr una independencia financiera.

Muchas niñas creen que la única manera de escapar de un matrimonio es el suicidio. Bora Gull Heha tenía 16 años cuando decidió quemarse viva con una lámpara de aceite.

Monika Hauser, ginecóloga fundadora de Medica Afghanistan, dijo a Rawa News que “la tasa de suicidio se eleva particularmente en las ciudades porque allí las mujeres luchan contra el matrimonio forzado”. En las áreas rurales las niñas tienden a ser menos instruidas y más propensas a sufrir en silencio.

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