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En el Parlamento de Uganda, el arco del universo moral tiende hacia el sexismo

Itungu Zonnet, del distrito occidental de Kasese, tenía ya tres hijos a los 19 años. Foto de Edward Echwalu. Utilizada con autorización.

El 18 de julio, el Parlamento de Uganda se reunió en la capital, Kampala, para debatir una moción que pide al Gobierno que priorice la promoción y protección de los niños frente a la violencia. El debate llega tras el informe policial de marzo de 2017 que indicaba que entre 2016 y 2016 hubo un aumento de la delincuencia contra mujeres y niños en Uganda.

Durante sus aportaciones al debate, la ministra de Asuntos Infantiles y de Juventud, Florence Nakiwala Kiyingi, realizó sorprendentes declaraciones en relación con el aumento de la violencia contra los niños en Uganda. «Si quieres proteger a un niño», dijo Kiyingi, «debes amar y respetar a su padre».

El hecho de que las mujeres no respeten a sus maridos obliga a los hombres a abandonar a sus hijos, dice la ministra de Juventud.

La Honorable Nakiwala Kiyingi dice que las principales causas del abandono infantil y acoso a menores es que las mujeres no respetan a los hombres.

Ante la pregunta del vicepresidente, Jacob Oulanyah, sobre las pruebas que sustentan su argumento, Kiyingi respondió: «Tengo mucha experiencia como líder en el reino de Buganda de mujeres y madres jóvenes… cuando les dices a las mujeres que sean razonables, descubres que los padres pueden cuidar y amar a sus hijos».

Cerca del 60 % de la población de Uganda (37 millones de personas en total) son menores de edad. El 55 % de los niños ugandeses menores de cinco años y el 38 % entre seis y diecisiete viven en la pobreza. Un estudio de 2014 a cargo del Ministerio de Género, Trabajo y Desarrollo Social, en el que trabaja Kiyingi, destacaba que al 55 % de los niños menores de cinco años se les niegan dos o tres derechos recogidos en la Convención sobre los Derechos de los Niños. Uganda ratificó la Convención de la ONU en 1990, y los derechos de los niños quedan recogidos claramente en la Constitución del país y en la Ley de la infancia.

En un estudio de 2015 de UNICEF, Análisis situacional de los niños en Uganda, también se enfatizaba que la protección de los derechos de los niños sigue siendo un reto crítico en esta nación del este de África. Otro estudio llevado a cabo conjuntamente por UNICEF y el Gobierno ugandés descubrió que casi el 40 % de los niños del país han sufrido violencia física que les ha afectado negativamente. Esta preocupante situación está refrendada por el informe anual de 2015 de la Comisión de Derechos Humanos de Uganda, que reiteró que los progenitores, sobre todo los padres, abandonan cada vez más a sus hijos, especialmente a los nacidos fuera del marco de las relaciones «formales». Como el gasto del Gobierno para la protección de los niños es mínimo, UNICEF ha pedido una mayor inversión para cambiar las normas sociales y apoyar el cumplimiento de la ley de protección de menores.

En marzo de 2017, la policía ugandesa publicó datos que mostraban un aumento de la violencia contra mujeres y niños durante un período de siete años. Martin Okoth Ochola, subinspector general de la policía, atribuyó este aumento de la violencia contra mujeres y niños al abuso de drogas y alcohol, a la pobreza y las disputas por tierras (tal y como documentó en su momento el Daily Monitor), junto a factores como las normas culturales y la ruptura de los valores de familia. También hubo más de 185.00 casos de violencia de género en este período de siete años, y solo en 2016 la policía recogió 31.041 casos.

“Hazle frente a la violencia sexual”. Foto de Edward Echwalu. Utilizada con autorización.

Pese a todas las pruebas del alcance y la complejidad del problema, parece que la ministra responsable de encarar la violencia contra niños cree que la solución pasa por pedir a las mujeres que dominen la técnica de controlar el ego de los hombres. Sin embargo, las ideas de Kiyingi no surgen de la nada. Su antecesor, Ronald Kibule, asombró al país en 2013 con sus declaraciones sobre la violación que culpaban a las víctimas. «Hoy en día gran parte de las mujeres visten muy mal, sobre todo las jóvenes», dijo el ministro. «Si a una mujer que viste mal la violan nos e debería arrestar a nadie».

Culpar a las mujeres de la violencia que reciben tanto ellas como sus hijos demuestra una sorprendente ignorancia de la realidad de muchas familias ugandesas. Sugerir que las víctimas «deseaban serlo» es peligroso e injusto, ya que elimina la responsabilidad de los culpables. Aun es más preocupante el hecho de que diversos parlamentarios (hombres y mujeres, incluido un médico), se mostraron a favor de la retórica misógina de Kiyingi.

Una mujer lleva en bicicleta productos para vender cerca de la localidad septentrional de Lira. Foto de Rachel Mabala. Utilizada con autorización.

El doctor Chris Baryomunsi, especialista en salud pública y ministro del gabinete, citó «estudios realizados que muestran claramente que el comportamiento de una esposa ahuyenta a su marido, lo cual puede provocar un trastorno en la familia».

Aparte de repetir antiguos prejuicios contra la mujer, los participantes en este debate vacío y movido por el ego no ofrecieron ninguna solución. Su trato hacia víctimas de abusos dice mucho sobre los legisladores de Uganda y, por ende, de la sociedad ugandesa. El Parlamento que una vez contó con legisladores socialmente progresistas y que dio a Uganda una Constitución relativamente progresista es ahora un circo en el que uno puede hacer referencia a estudios imaginarios para negar la voz y la experiencia de las millones de víctimas de la violencia en Uganda, y tener poca oposición.

No obstante, mientras los parlamentarios no logran frenar estas declaraciones, los ugandeses no están dispuestos a quedarse callados. Las declaraciones de Kiyingi irritaron a muchos, y otros se preguntaron si comprendía sus rol como líder, como Winnie Byanyima, conocida abogada de los derechos de la mujer ugandesa y directora ejecutiva de Oxfam International.

¡Menuda tontería! ¿Dónde están las pruebas? La ministra necesita orientación sobre su rol y sobre cómo realizar declaraciones públicas.

¡Me avergüenza muchísimo la Honorable Nakiwala Kiyingi! ¿Un comentario así en el siglo XXI?

Desagradable. No sé si ella se oyó decir esas palabras tan ignorantes, misóginas y de autoodio.

¡De verdad! ¿Hoy en día? Necesitamos mucho trabajo con las ministras.

A pesar de que hay una representación femenina del 34 % en el Parlamento de Uganda y un considerable número de mujeres en el Gobierno, esas declaraciones misóginas de ministros y parlamentarios nos recuerdan que solo la representación de género no garantiza la justicia para mujeres y niños. También nos recuerda el trabajo necesario para cambiar las normas culturales y las tradiciones y lograr el progreso.

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