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Por qué la comediante musulmana Samia Orosemane dice ser como un OVNI

Samia Orosemane retoca estereotipos sobre su comunidad norteafricana en su presentación unipersonal en París. Crédito: Adeline Sire.

Esta historia de Adeline Sire apareció originalmente en PRI.org el 16 de agosto de 2017. Se reproduce aquí como parte de un acuerdo entre PRI y Global Voices.

No es poca cosa para una mujer musulmana francesa de un barrio de París desprotegido subir al escenario, y mucho menos como comediante.

Ingresa a la página Samia Orosemane.

Al comienzo de su unipersonal “Femme de Couleurs” (“Mujeres de colores”) de París, esta comediante de 37 años de origen tunecino, camina sobre el escenario hasta hacer una mezcla de “Jaws” y “Star Wars”. Con velo negro de pies a cabeza, camina siniestramente en el oscuro escenario. Luego, susurrando dice: “Soy tu madre”. El público ríe a carcajadas.

“Ah, ¿eso es lo que los asusta?”, dice, apuntando hacia el velo negro. “No se preocupen, es un descapotable”.

De inmediato se quita el velo, y deja al descubierto su cabeza cuberta con un el turbante.

Es Orosemane, enfrentándose al tabú del hijab. Francia prohíbe todo tipo de símbolos religiosos, incluido el velo musulmán en escuelas públicas y para algunos trabajadores del Gobierno. Orosemane se coloca un turbante colorido a lugar de un hijab –algo con lo que dice algunas personas discrepan. Le dicen que debe de ser más modesta y no hacerse notar.

“Tengo ganas de decirles: ‘Ocúpense de sus propios asuntos’. Algunos dicen que mi turbante no es tan útil como un verdadero pañuelo porque los lóbulos de mis orejas se ven aún, y es demasiado sexy. Quiero decirles lo mismo que me dijo un comediante: ‘En el escenario, se supone que estás desnudo, ¿cómo vas a hacer eso con un pañuelo en la cabeza?’. Pero es parte de quien soy. Es como si te dijera que no me gusta tu corte de pelo. Estoy aquí para hacer reír a la gente, no para quedar atrapada en el discurso religioso. Mi trabajo es ser cómica y ahora creo que hago muy bien mi trabajo”.

El día que la conocí, Orosemane llevaba un turbante rosado salmón y una chaqueta que combinaba, labios rojos y sombras de ojo de color rosado. Vestir a su antojo, dice, es su postura feminista.

En su espectáculo, Orosemane se burla de mucho acentos y estereotipos, desde los norteafricanos hasta el equivalente parisino de una chica californiana. Es sátira mordaz, pero nunca se burla de la gente ásperamente. Orosemane ve su marca de comedia como infractor con igualdad de oportunidades, y la audiencia así lo entiende.

“Es difícil definirme”, dice. “En verdad, hasta las personas de mi entorno no entienden lo que está sucediendo. Como molesto a todo el mundo, nadie sabe quién soy. Soy como un OVNI. Soy mujer, nací en Francia de padres tunecinos, me visto como mujer subsahariana que vive su vida y lleva un turbante. Hago mis propias elecciones. No trato de adaptarme a ningún molde; no trato de complacer a nadie”.

Orosemane se burla también de su propia cultura tunecina. En el centro de su espectáculo, cuenta la batalla tradicional con su madre acerca de salir con hombres negros, un francés de Martinica que se convirtió al Islam. Orosemane simula la reacción de su madre cuando le dijo que quería casarse con él. Es un llanto de desesperación.

Para algunos en la comunidad de Orosemane, casarse con alguien que no es norteafricano está mal visto, aunque sea un musulmán.

“Mi madre me decía: ‘Preferiría un árabe que es alcohólico a un hombre negro que reza'”, comenta Orosemane. “Es un racismo visceral que prevalece en la comunidad norteafricana, así como en otras partes. Todo el mundo tiene miedo al otro. Abordar este tema en el escenario es una forma de hacer reflexionar a las personas”.

Al final, su madre le dio su bendición para poder casarse. En el escenario, Orosemane se jacta de ser una esposa no convencional para su esposo.

“En casa, él limpia, hace las compras, cocina, y yo desordeno todo”, dice. “Cuando llego a casa, tiro mi pañuelo por aquí, mi abrigo y mi bolso por allá, y me dice: ¡'Samia, respeta mi trabajo!”.

Se desplaza alrededor del escenario rápidamente y luego añade suavemente, con una sonrisa: “¡Es tan bueno no estar atada a un árabe!”.

Luego agrega: “A todas las mamás árabes en la audiencia que me esperarán afuera, tengan en cuenta que dejaré de decir esto cuando empiecen a enseñar a sus hijos a limpiar”.

Esto causa risa y una ronda de aplausos.

En su espectáculo, el objetivo de Orosemane es hacer reír a la gente, pero también desea abrir la mentalidad.

“Trato de ser lo más útil posible. Si puedo construir puentes donde hay muros, me siento feliz. Lo intentaré de todos modos. Si funciona, bien, si no, intentaré con otras personas”.

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