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¿Se están filtrando vapores peligrosos en los sótanos de Estados Unidos?

Foto: cortesía de Michelle Le/Mountain View Voice. Publicada con autorización.

Este artículo de Lynne Peeples se publicó originalmente en Ensia.com, revista que resalta las soluciones medioambientales internacionales que se encuentran en acción, y reproducimos como parte de un acuerdo para compartir contenidos.

Cuando Jane Horton compró la casa de campo de sus sueños de más de 200 metros cuadrados en 1975, no le dio mucha importancia a la fábrica de semiconductores que estaba al otro lado de la calle. Incluso luego de que se demolieran los edificios de la compañia y de que se cercara todo el predio con alambrado, aún desconocía los peligros tóxicos que acechaban bajo sus pies —mucho más el hecho de que estaban invadiendo su hogar.

No fue hasta comienzos del año 2000 que Horton y otros habitantes de Mountain View, California, escucharon sobre la columna de contaminación subterránea de tricloroetileno, o TCE, líquido cancerígeno utilizado en la fábrica para limpiar chips de silicio. Horton se enteró de que los vapores de TCE que emanaban del agua subterránea y del suelo se filtraban hacia arriba en las edificaciones de la zona. Cuando los investigadores tomaron muestras del aire dentro de su hogar en 2004, descubrieron que las concentraciones de TCE excedían el umbral específico del sitio establecido por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés). Y eso fue después de que ya se hubiera saneado aproximadamente un 75 por ciento de la contaminación.

“¿Mis hijos se van a morir?”, se preguntaba Jane Horton luego de que las autoridades descubrieran vapores de TCE que estaban invadiendo su hogar. Foto: cortesía de Michelle Le/Mountain View Voice.

“Hemos estado sobre la columna de contaminación todo el tiempo”, dice Horton, cuyo hijo menor estaba todavía en la escuela primaria cuando se descubrieron los vapores. “Recuerdo haberme indignado de que haya llevado tanto tiempo. Me pregunto: ¿Mis hijos van a tener cáncer? ¿Mis hijos se van a morir? ¿Cómo voy a estar yo?”. Un sistema de ventilación que instaló la EPA en su sótano succiona ahora los gases tóxicos del suelo y los envía a través de unas tuberías hasta el techo y hacia el exterior, donde rápidamente se diluyen en el aire a niveles aceptables. Los controles periódicos realizados por la agencia han demostrado, desde ese entonces, que los niveles de TCE en la casa son seguros.

“Les llevó alrededor de un año hacer que el sistema funcionara bien”, dice Horton. “Se quedará en la casa hasta que la casa no esté más”.

Mientras tanto, historias similares sobre la intrusión de vapores tóxicos en los edificios continúan saliendo a la luz por todo el país —desde un predio de casas rodantes cerca de San Diego, California, hasta sitios a lo largo y ancho de Minnesota, que está aproximadamente a 3,200 kilómetros de distancia.

Los contaminantes involucrados —solventes clorinados más notorios, como el TCE y el tetracloroetileno (conocido como PERC), así como también el benceno— pueden desplazarse a través del suelo y de las aguas subterráneas desde el lugar donde se produjo la filtración en la tierra por una fuga o derrame. Las fuentes más comunes incluyen los negocios de limpieza en seco, las estaciones de servicio, los talleres mecánicos, las bases militares y los predios industriales, incluso los que cerraron sus puertas hace décadas.

Mientras que la exposición a altos niveles de estos vapores puede causar efectos inmediatos, como irritación y fatiga, respirar pequeñas cantidades durante un período es más preocupante, según Phil Landrigan, pediatra y epidemiólogo de la Escuela de Medicina de Mount Sinai en Nueva York. “Los bebés y los niños pequeños, en particular, pueden verse afectados por concentraciones muy bajas de alguno de estos materiales”, dice. Se conoce o sospecha que la exposición a largo plazo al TCE, al PERC o al benceno, aumenta el riesgo de algunos tipos de cáncer y de otros problemas de salud, aunque todavía no está claro si la intrusión de vapores alcanza concentraciones suficientemente altas como para poner en riesgo la salud humana. La investigación también insinúa una conexión entre la exposición de una mujer al TCE durante su primer trimestre de embarazo y malformaciones cardíacas fetales —hallazgo que ha sumado gran controversia y complicación al problema de la intrusión de vapores.

Las bacterias del suelo degradan con facilidad el benceno y otros hidrocarburos y los convierten en productos relativamente benignos como el dióxido de carbono y el agua, por lo que estos contaminantes pasan a ser una preocupación menor. La descomposición de los solventes clorinados, por el contrario, puede ser lenta y generar derivados aún más tóxicos. El PERC, por ejemplo, degenera en TCE que, a su vez, produce dicloroetano y cloruro de vinilo, potente carcinógeno que tiene una particular persistencia y movilidad en el medio ambiente.

Succionados por el movimiento del aire sobre la tierra, los humos tóxicos pueden trasladarse desde el suelo y el agua contaminados hacia adentro de los hogares y otras edificaciones. Ilustración de Sean Quinn/Ensia.

Los expertos, incluidas las autoridades de la EPA, no pueden estimar la magnitud total de la intrusión de vapores, aunque probablemente sea muy grande. Amy Graham, vocera de la agencia, encontró 91 sitios existentes que son parte del programa Iniciativa de Reurbanización del Superfondo de la EPA (dedicado a limpiar tierras contaminadas) donde el riesgo inaceptable para la salud humana asociado a la intrusión de vapores logró ser atenuado. De los casi 4,000 sitios más que están regulados por la Ley de Conservación y Recuperación de Recursos, es probable que la cuarta parte tenga algo de intrusión de vapores, según estimó la EPA previamente.

La agencia no rastrea los casos de intrusión de vapores en las aproximadamente más de 450,000 antiguas instalaciones industriales (otra categoría de propiedades contaminadas) de Estados Unidos. Es más, la Oficina de Auditoría General de Estados Unidos dio a entender que los 200,000 tanques de almacenamiento subterráneo, activos en ese momento, no se estaban gestionando bien y, por lo tanto, podía existir un alto riesgo de fuga. Además, aproximadamente un 75 por ciento de los más de 36,000 establecimientos de limpieza en seco que operan actualmente en Estados Unidos desechan solventes en el medio ambiente. “Cuantas más muestras se toman, más y más intrusión de vapores se encuentra por todo el país”, dice Lenny Siegel, director ejecutivo del Centro para la Supervisión Pública del Medio Ambiente, organismo sin fines de lucro.

“Lo que ocurre con la intrusión de vapores es que la gente está expuesta a químicos peligrosos en sus hogares, sus trabajos, sus lugares de culto y sus escuelas sin saberlo y en contra de su voluntad”, agrega Siegel. “Eso es la intrusión”.

Aunque el movimiento de los vapores tóxicos hacia adentro de las edificaciones pasa generalmente desapercibido al público, está atrayendo un mayor análisis por parte de expertos, defensores y agencias de salud ambiental. La EPA redujo significativamente los niveles de exposición al TCE que consideraba seguros cuando publicó una versión final de su evaluación de toxicidad en 2011. En 2015, lanzó una guía gratuita para las agencias estatales y tribales para la evaluación y abordaje de la intrusión de vapores. Además, en mayo de 2017, agregó la intrusión de vapores dentro del criterio para evaluar si un sitio califica para el Superfondo. Sin embargo, todavía no hay consenso en todo el país sobre cómo lidiar con el asunto.

Aspiración de vapores

Los entes reguladores, y también muchos científicos, no notaron demasiado la intrusión de vapores hasta la década del 2000. Por ese entonces, se había tomado mayor conocimiento sobre los peligros del radón, gas radiactivo y cancerígeno que se origina de la desintegración natural del uranio o del torio en la tierra, y del que se habían descubierto fugas en los sótanos. La gente había empezado a atar cabos.

“El problema con el radón es básicamente el mismo fenómeno, sólo que la fuente es natural en lugar de ser generada por el hombre”, explica Eric Suuberg, codirector del Programa de Investigación Básica del Superfondo en la universidad Brown.

Tal como sucede con el radón, es probable que una persona promedio no detecte la intrusión del vapor. “No se puede oler; no se puede ver”, dice. “Se necesita un instrumental sofisticado para detectar los tipos de baja concentración que están involucrados”.

Tanto el radón como los vapores generados por el hombre pueden ingresar a una edificación de la misma manera que el polvo entra en una aspiradora. Se produce una succión cuando el aire se mueve de áreas de presión alta a áreas de presión comparativamente más bajas. De este modo, así como la succión que genera una aspiradora en el piso empuja pequeñas partículas hacia adentro y las atrapa en una bolsa o compartimento, el movimiento del aire puede hacer entrar vapores tóxicos a una casa a través de las rajaduras u otras aberturas en los cimientos.

“Es física básica”, dice William Suk, director del Programa de Investigación del Superfondo del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental. “Los gases tienen que ir a algún lado, y encontrarán la forma de subir”.

En North Canton, Ohio, ha surgido una conexión incluso más directa entre las aspiradoras y la intrusión de vapores. La compañía Hoover comenzó a fabricar aspiradoras en la ciudad a comienzos del siglo XX. Durante las décadas siguientes, la fabricación llevó a la emisión de TCE y PERC.

Hoy, la reurbanización de los terrenos de Hoover, de aproximadamente 34 hectáreas, ha motivado un aumento de vigilancia por parte de la EPA, incluidos esfuerzos para evaluar y abordar la contaminación histórica dentro y fuera del sitio.

En el 2016, las autoridades encontraron niveles inadmisiblemente altos de TCE en la Iglesia de la Comunidad Cristiana de Canton, Ohio, que alberga una escuela dominical y un jardín de infantes. Foto: cortesía de Chuck Osborne/Ensia.

La Iglesia de la Comunidad Cristiana apoya a la antigua fábrica. William Henry “el jefe” Hoover, fundador de la compañía, en verdad fue presidente, orador y maestro en la iglesia hace más de un siglo. En 2016, cuando los contratistas de la EPA examinaron el aire dentro de la iglesia, que alberga una escuela dominical y un jardín de infantes para nilños muy pequeños, encontraron niveles inadmisiblemente altos de TCE.

“No sabíamos que teníamos un problema hasta que nos dijeron que teníamos un problema”, dice Jack Hartley, que presta servicio como tesorero de la iglesia.

Hartley sugiere que “no mucha gente” de la iglesia está al tanto de la intrusión de vapores, pero agrega que el descubrimiento “no fue tan alarmante”. La mayor preocupación de la congregación en ese entonces, dice, era mantener el santuario fresco. La iglesia necesitaba reemplazar el equipo de aire acondicionado de 40 años de antigüedad, y lo hicieron con la ayuda financiera de un crédito de Hoover. Mientras tanto, el promotor inmobiliario de la compañía pagó por la instalación de un sistema de mitigación dentro de la iglesia, y las concentraciones de TCE disminuyeron posteriormente.

“Nadie de aquí quiere reconocerlo o hablar sobre eso”, dice Chuck Osborne, residente y activista local. “Aquí el nombre Hoover es venerado. Es difícil para la gente imaginar que nos dejaran un caos tóxico y contaminante”.

Cacería de peligros

Horton, la dueña de la casa de campo de Mountain View, también reconoce las presiones sociales en conflicto. Luego de que el sistema de mitigación fuera instalado en su hogar, algunos padres no dejaban a sus niños ir a jugar a su casa con sus hijos. “Probablemente teníamos el aire más limpio de todo Mountain View”, dice, dando a entender que muchas familias desconocen la calidad del aire en sus propios hogares porque les preocupa hacerlo evaluar y que esto baje el valor de las propiedades.

Incluso con la cooperación de los propietarios, los entes reguladores, los responsables de la contaminación y otros actores, los desafíos no cesan. Las dificultades yacen en saber dónde, cuándo y cómo buscar.

Algunos estados toman la concentración de un contaminante en el agua subterránea para determinar si es necesario —y dónde—  investigar una potencial intrusión de vapores. Sin embargo, una columna de contaminación no permanece necesariamente en el mismo lugar. Puede moverse hacia el norte, sur, este u oeste de la fuente. Las líneas cloacales pueden trasladar vapores a distancias incluso más largas. Se sabe que las compañías desechan químicos directamente en las cloacas, y los vapores pueden entrar por las rajaduras de las líneas cloacales viejas en las áreas contaminadas. Las concentraciones a diferentes profundidades también pueden variar con el paso de las estaciones —incluso de los días. Una lluvia fuerte podría poner una capa de agua relativamente limpia por encima del agua contaminada, explica Suuberg. “No es sólo cuestión de perforar un pozo así como así, sacar agua de cualquier nivel de profundidad al azar y decir que eso caracteriza el problema”, dice.

Si una muestra de agua subterránea excede el nivel de proyección —valor que puede variar según el estado—, el próximo paso es, a menudo, evaluar la presencia de gas en el suelo justo por encima del nivel freático. Pero, reiteramos, esa profundidad puede fluctuar. Si la concentración de gas en el suelo sobrepasa otro umbral, los investigadores tomarán muestras del aire dentro de la edificación. Algunos investigadores saltean la evaluación de gas en el suelo y van directamente puertas adentro.

Este paso puede ser engañoso también. Los productos de consumo, como las pinturas, la gasolina y la ropa lavada en seco, pueden emitir los mismos vapores y, por lo tanto, alterar los resultados. Para complicar aún más las cosas, las concentraciones de contaminantes en el aire de interiores puede oscilar considerablemente dependiendo de la presión atmosférica, la temperatura y la circulación, explica Laurent Levy, gerente de proyectos en Gradient, consultora de ciencias de riesgo e impacto ambiental. Tomar una muestra en 24 horas, como se hace tradicionalmente, puede obviar las variaciones que se producen con el correr de los días y los meses. Los desarrolladores están evaluando herramientas de supervisión continua que sean económicas. La EPA también recomienda ahora que se tomen muestras múltiples.

La concentración de aire en interiores que disparará una respuesta varía ampliamente en cada estado —a pesar de la ya finalizada guía federal de 267 páginas y de las evaluaciones de toxicidad actualizadas para el TCE y el PERC. Cuando se alcanza un nivel específico, ni siquiera está siempre claro cómo actuar. Sin embargo, usualmente se incluye alguna forma de mitigación o supervisión permanente, similar a los sistemas instalados en la casa de los Horton y en la Iglesia de la Comunidad Cristiana.

De la acción a la prevención

En vista de las inconsistencias regionales, así como también de los retrocesos provocados por las compañías que litigan hasta el cansancio y por las familias temerosas, Levy plantea la necesidad de “pasar de la reacción a la prevención”. Una bonificación impositiva, dice, podría ayudar a incentivar la instalación preventiva de sistemas de mitigación en circunstancias donde hay potencial para la intrusión de vapores —de esta forma se evita la necesidad de gastar tiempo y dinero en una investigación. La región 9 de la EPA ahora exige que las nuevas edificaciones construidas sobre el sitio del Superfondo en Mountain View incluyan medidas de control de intrusión de vapores.

Aun así, dice, es importante recordar que las medidas para la mitigación de los vapores no hacen desaparecer el problema. “Son simplemente un atajo”, dice Levy. “Se necesita igualmente ir hacia atrás y abordar la fuente”.

Mountain View corría con ventaja en cuanto al saneamiento porque las regulaciones de agua potable ya habían motivado a la EPA a calificar al lugar como beneficiario del Superfondo. En mayo de 2017, la incorporación de la intrusión de vapores dentro del criterio de calificación para la Lista Nacional de Prioridades (sitios de desperdicios peligrosos aprobados para saneamiento a largo plazo bajo el programa del Superfondo) podría llevar a la descontaminación de más fuentes.

Evitar la contaminación futura que probablemente provocaría más casos prevenibles de intrusión de vapores también es crucial, dicen los expertos. Las regulaciones actualizadas detallan el uso adecuado y el mantenimiento de los tanques de almacenamiento subterráneo; lo que podría ayudar a prevenir las fugas. Además, durante los últimos meses del gobierno de Obama, la EPA propuso prohibir algunos usos de TCE. Sin embargo, mientras la gente continúe utilizando los químicos implicados, detener por completo a los intrusos no gratos sigue siendo poco probable.

“Todavía usamos gasolina. Todavía usamos solventes clorinados. El TCE todavía está considerado un buen limpiador de armas”, dice Suuber. “Estos no son, de ningún modo, químicos ilegales”.

Más allá de mantener a los productos emisores de vapor fuera de sus hogares y de cumplir con la evaluación y mitigación de la intrusión de vapores, las personas pueden disminuir aun más sus riesgos con la diligencia debida.

“Así como le aconsejamos a la gente librarse de la pintura con plomo y del asbesto cuando se mudan a una casa o apartamento nuevo, también se necesita observar los alrededores”, dice Landrigan, de Mount Sinai. “¿Se están comprando una casa al lado de lo que era un negocio de limpieza en seco?”.

Lynne Peeples es una periodista científica de Seattle que se especializa en medio ambiente y salud. Sus artículios han sido publicados en The Huffington Post, Scientific American, Undark Magazine y otros medios. Posee un máster en bioestadística otorgado por Harvard y uno en periodismo científico de la Universidad de Nueva York.

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