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Las aguas muertas de Havana Club

Desde hace una década, Chipriona es el vertedero de una de las fábricas de ron Havana Club (Foto: Julio Batista)

Desde hace una década, Chipriona es el vertedero de una de las fábricas de ron Havana Club (Foto: Julio Batista)

*Este artículo es un extracto exclusivo para Global Voices. Puede consultar la versión original de “Las aguas muertas del Havana Club” aquí y leer otros artículos de Julio Batista Rodríguez aquí.

Chipriona es un sitio al que nadie va. Lo que solía ser una playa se ha convertido en el drenaje de la Ronera Santa Cruz, la mayor destilería del país.

Situada varios kilómetros al este de La Habana, Chipriona es una caleta de casi 400 metros de largo y 70 metros de ancho en su parte más amplia. Allí el agua es un charco marrón, muy sucio y casi sin movimiento en la superficie.

En Chipriona se vierten diariamente 1 288 m3 de residuales líquidos provenientes del proceso de la destilación del ron Havana Club.

La situación se agravó a partir de 2007, cuando dejó de trabajar el emisario submarino que funcionaba como sistema de evacuación de los residuales. Según datos ofrecidos por la Ronera, durante la última década se han vertido unos 3 392 millones de litros (3 392 800 m3) de residuales líquidos, suficiente para enterrar bajo una capa de residuales de un metro de altura un área similar a la que ocuparían 986 campos de fútbol.

Las denuncias no han faltado, pero Chipriona es el vertedero de una empresa que generó ganancias por 118,5 millones de dólares en 2016.

Datos ofrecidos por la Ronera aseguran que la “agresividad de los residuales de las destilerías hace que para su tratamiento se deba realizar una inversión inicial muy costosa”, por lo que “en el año 1985 se determinó utilizar una fórmula de uso común a nivel mundial hasta ese momento”.

“Se adoptó como solución un emisario submarino que conduce los residuales hasta un punto dentro del mar, a una distancia que garantiza que la zona o cono de contaminación que se produce no es secante a la línea de la costa”.

Desde entonces la Ronera contó con este único sistema de tratamiento para sus residuales: una tubería de 184 metros mar adentro y a una profundidad de 7,5 metros.

En los años noventa fueron notables sus problemas para evacuar los desechos, pero con esas fallas trabajó hasta 2007, cuando los estudios realizados confirmaron que por allí no se evacuaban ya los residuales de la fábrica. Para entonces las vinazas habían hallado su camino a través de la roca y desembocaban en la costa de Chipriona.

Actualmente, por debajo del muro Este de la fábrica, la corriente de desechos llega hasta el mar sin control, con temperaturas que pueden alcanzar los 96 ºC. Esto fue también descrito en un estudio realizado varios años atrás por especialistas de las empresas estatales GEOCUBA (dedicado a la investigación y el uso del medio geográfico en la isla) y CUPET (Cuba Petróleo).

La empresa genera desechos líquidos compuestos en un 90 % por vinazas, un líquido con elevados valores de acidez, Demanda Química de Oxígeno (DQO) y Demanda Biológica de Oxígeno (DBO). Las DQO y DBO son las cantidades de oxígeno necesarias para oxidar toda la materia orgánica presente en el medio. Cuando se elevan los niveles de DQO y DBO en un medio marino, disminuyen las cantidades de oxígeno disuelto en el agua. Y con menos oxígeno disuelto, el ecosistema se ve afectado.

En la actualidad, la Norma Cubana 521 de 2007 (NC 521:2007) es el documento, de carácter obligatorio, que pauta los parámetros para el Vertimiento de Aguas Residuales a la Zona Costera y Aguas Marinas.

La NC 521:2007 define a las fuentes contaminantes como: “toda entidad responsable de descarga o vertimiento que genere una carga contaminante superior (al menos en uno de los parámetros) a la indicada”.

Los resultados de la Caracterización de los Residuales Líquidos y la Medición de la Carga Contaminante de la Ronera Santa Cruz, realizada por los laboratorios del Centro de Investigación y Manejo Ambiental del Transporte (CIMAB), clasifican la fábrica como una Fuente Contaminante, pues excede notablemente la mayoría de los valores fijados para los Límites de Carga Contaminante Diaria.

Sin embargo, por su fecha de fundación, la Ronera Santa Cruz no es regulable directamente a través de la legislación cubana actual.

En Cuba, a estas industrias “fuera de la ley”, se les conoce extraoficialmente como pasivos ambientales. La clasificación es empleada por algunos funcionarios del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente(CITMA) para designar aquellas industrias que, estando aún en explotación, no se ajustan a las leyes cubanas por su fecha de fundación y cuyo notable impacto ambiental no está expresamente regulado por dicho cuerpo legal.

Aunque en Cuba no podría hablarse de una ausencia de regulación ambiental, varios especialistas del derecho coinciden en afirmar que el país posee notorios vacíos en la rama ambiental de su legislación.

Si bien las leyes cubanas no hacen referencia directa a este tipo de empresas, la Ley de Medio Ambiente reconoce que el CITMA y la Fiscalía General de la República “están facultados para reclamar la reparación del daño o la indemnización de los perjuicios” y “podrán actuar en defensa del interés social en la protección del medio ambiente”. Ninguno de los dos organismos ha ejercido tal potestad en el caso de Chipriona.

En 2014 se realizaron dos proyectos para la evacuación de los desechos de la fábrica. El primero concebía una conductora subterránea de un kilómetro de largo dentro de las instalaciones, una planta para el tratamiento de las vinazas y la generación de biogás, y el emisario submarino como método de disposición final. El otro proyecto obviaba la planta de biogás. El presupuesto fue aprobado para el segundo.

Desde 2016 la Ronera vive un proceso de mantenimiento para el cual se asignaron 20 millones de dólares.

El nuevo emisario que se pondrá en funcionamiento será una versión de su antecesor: una tubería de 250 milímetros de diámetro que se extenderá 680 metros mar adentro y a una profundidad de 42 metros.

En cualquier caso, aunque con menor impacto, las vinazas continuarían llegando al medio marino sin tratamiento previo que reduzca la demanda química de oxígeno, la acidez y los sólidos suspendidos.

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