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Gobierno sirio alardea de victorias militares mientras población local en Damasco sigue viviendo con miedo

Foto de un puesto de control militar del régimen. Usada con permiso.

Salma revisaba noticias en Facebook cuando le sorprendió un artículo que le pareció extrañamente cómico: las celebraciones de Halloween han sido prohibidas en los lugares públicos en Siria.

“Parece que les hemos dado pena. Nuestras vidas aquí ya son un Halloween de nunca acabar”, explica a Global Voices, sonriendo.

En un país atormentado por un conflicto tan devastador como la guerra siria, las bromas frívolas y traviesas de Halloween contrastan con los graves y espantosos horrores que se han convertido en parte de la macabra realidad de los sirios. Aunque la capital, Damasco, se ha salvado de lo peor de la batalla, diferentes tonalidades de miedo se difuminan en las vidas de los damasquinos.

Salma, de 29 años, vive en un barrio pobre del sur de Damasco con una fuerte presencia militar. Hombres barbudos, armados y con atuendo militar, afiliados a las llamadas Fuerza de Defensa Nacional, una milicia progubernamental, se encargan de los puestos de control.

“Tengo que atravesar esta tormenta cada día de camino al trabajo y de vuelta a casa”, dice.

Podría asumirse que después de seis años de puestos de control militares, instalados para intensificar el control del régimen de Assad sobre la capital desde que las protestas estallaron por primera vez en 2011, la población local se habría acostumbrado a su presencia. Nada más lejos de la realidad, según muchos, incluida Salma.

“Han complicado nuestras vidas, causan retrasos y congestión. Están ahogando nuestra ciudad”:

I hate it when I have to return home after sunset. My pulse races under their fixed gaze. I feel ill at ease to say the least. Sometimes they are tipsy, laughing out loud and carousing.

‘They can do anything and get away with it. Who is there to protect us after all? There is a state of chaos and lawlessness everywhere. The state is busy coping with the consequences of war

Odio cuando tengo que volver a casa después del atardecer. Se me acelera el pulso bajo su fija mirada. Por lo menos, me siendo incómoda. A veces están borrachos, de juerga, riendo a carcajadas.

Pueden hacer lo que quieran y salirse con la suya. Y ¿quién nos protege a nosotros? Estamos en estado de caos e ilegalidad, en todas partes. El Estado está demasiado ocupado lidiando con las consecuencias de la guerra.

A Salma le cuesta encontrar las palabras adecuadas para describir cómo se siente. “Te sientes desnuda, desarmada e impotente en presencia de su tosco y arrogante arrojo militar”.

Doaa, estudiante de la Facultad de Odontología, comparte sus pensamientos:

I have long stopped wearing makeup or revealing clothes, although I have always been a free girl, just to avoid getting myself into trouble.

Soft catcalling or flirtation in the street used to be a stroke to a woman's ego. But during war, you can only find men dressed in military outfit, usually armed, in the streets. It makes me jittery. They are arrogant about the power they have over the locals.

Aunque he sido siempre una chica libre, he dejado de ponerme maquillaje o ropas reveladoras sólo para evitar meterme en problemas. Los piropos sutiles o los flirteos en la calle empujaban al ego de una mujer. Pero durante la guerra, en las calles sólo se encuentran hombres con atuendo militar, a menudo armados. Son arrogantes en el poder que ostentan sobre las personas de acá.

‘Si encuentran mi nombre, me enviarán a uno de los frentes’

Para los hombres en edad militar, los puestos de control siguen siendo una constante fuente de terror.

El Gobierno ha estado usando los puestos de control para reclutar nuevos soldados para las fuerzas sirias, que se encuentran mermadas debido al sostenido conflicto. El miedo al arresto y al reclutamiento ha llevado a muchos hombres entre 18 y 24 años a huir del país en olas de inmigración indocumentada a países vecinos, y a la Unión Europea.

Quienes se han quedado luchan con las dificultades diarias, y muchos se ven empujados a esconderse.

“Mi permiso para posponer el servicio militar está a punto de expirar. No salgo más que para hacer recados urgentes”, dice Hisham, graduado en derecho por la Universidad de Damasco:

They would search databases saved on their computers. If my name is found, I will be dispatched to one of the front lines.

Every time I passed one of these checkpoints was an outright nightmare. I would wait with bated breath for the military man to beckon to the driver to move on.

You can be arrested for evading military service, for having a similar name with a wanted man. Everything is possible.

Buscarán en las bases de datos en sus computadoras. Si encuentran mi nombre, me enviarán a uno de los frentes de guerra. Vivo una pesadilla cada vez que paso por uno de esos puestos de control. Contengo el aliento y espero a que uno de los militares señale al conductor que puede continuar. Te pueden arrestar por evitar el servicio militar, por tener un nombre similar a una persona con orden de captura. Todo es posible.

Hisham cuenta lo que le ocurrió a un amigo suyo: iba de camino a su propia fiesta de boda cuando le pararon en un puesto de control y le emplazaron al servicio militar. Tuvo que pagar una considerable cantidad de dinero para posponerlo por unos pocos días.

Esto hace que los hombres escaseen en la ciudad. A menudo, las mujeres bromean sobre un futuro cercano en el que no tendrían que ponerse hijab, ya que no quedarán hombres en las calles.

“Damasco es una ciudad libre de testosterona”, dice una breve publicación de Facebook.

‘Todo apesta a guerra. Mira las caras agotadas de la gente’

Ruba, estudiante de literatura inglesa, cuenta a Global Voices cómo, irónicamente, recordó un artículo que había leído que enumeraba las ciudades más románticas del mundo, mientras pasaba frente a un vehículo militar en su barrio densamente poblado.

“A Damasco se le conocía como la ciudad del jazmín, que simboliza la pureza, el romance y el amor. Ahora mira en qué situación estamos. Todo apesta a guerra. Mira las caras agotadas de la gente”.

El miedo se extiende al uso de los medios sociales. Un activista afín a la oposición que vive en Damasco y pidió ser identificado como Osama, utiliza un nombre falso en Facebook para participar en campañas de solidaridad con las zonas bajo el asedio gubernamental.

Dice que el miedo a ser arrestado es ahora más pronunciado que nunca:

It was unthinkable when the revolution started seven years ago that today we will be fearful to express our thoughts on social media. Unfortunately it is happening.

Era impensable, cuando la revolución empezó hace siete años, que hoy tuviéramos miedo de expresar nuestros pensamientos en los medios sociales. Desafortunadamente está ocurriendo.

Osama previó la ola de arrestos y los ajustes de cuentas por parte del régimen de Bashar al Assad contra sus oponentes, alentado por la superioridad militar sobre el terreno.

Estos testimonios contradicen los intentos del régimen de proyectar la impresión de que la vida vuelve a la normalidad tras las victorias militares recientes, la última de las cuales fue la recaptura de la ciudad de Al-Bukamal, en Deir Ezzor, que selló la caída de ISIS en Siria. Estos intentos incluyeron la organización de la Feria Internacional de Damasco, después de seis años de interrupción, la celebración de los muy elogiados logros de la selección de fútbol siria, que estuvo cerca de calificarse para la Copa del Mundo, y la restauración de los servicios básicos, principalmente la electricidad.

Sin embargo, estas perspectivas que podrían verse como pesimistas, son cuestionadas por quienes ven una clara mejora de la situación pues el régimen ha conseguido arrebatarle a sus oponentes significativas franjas de territorio.

“Hay una sensación predominante de alivio en Damasco, en comparación con años anteriores”, dice Salem, empleado gubernamental. “Se han retirado algunos puestos de control. La electricidad vuelve a funcionar 24 horas al día, los precios de los productos básicos han bajado. Creo que es prometedor”.

Otros creen que estos logros son demasiado insignificantes.

“Es ridículo asumir que la guerra ha terminado y que se ha puesto fin a las dificultades de la población sólo porque algunos servicios hayan vuelto y los precios hayan bajado ligeramente. Los ataques de mortero y misil continúan siendo diarios. Sólo ayer ha habido ocho muertes”, dice Hicham.

‘El miedo en Damasco fluctúa, pero siempre está ahí’

Misiles y proyectiles continúan golpeando la ciudad, con un reciente aumento en el número de víctimas tras el breve periodo de calma que siguió al establecimiento de zonas de distensión en la zona rural de Damasco, que rompe el sentimiento de alivio temporal que reinaba sobre la capital siria. Esto sucedió inmediatamente después de una ofensiva gubernamental sobre Ghuta Oriental, enclave rebelde cerca de Damasco que se encuentra bajo asedio por parte del Gobierno.

“El estruendo de la artillería y los cohetes que golpean Ghuta resuena por toda la ciudad. Aquí los edificios tiemblan literalmente”, dice Samar, que vive en el barrio de Bab Sharqi. “Hace tiempo que no escuchábamos estos sonidos”.

“¿Entran o salen?”, dice la gente en broma cuando oye un estruendo repentino, y todos de preguntan si es un cohete rebelde que golpea Damasco o el sonido de la artillería del Ejército contra zonas controladas por la oposición.

Aclarar este tipo de ambigüedades es parte del trabajo de una página de Facebook llamada Diarios de una Ronda de Artillería en Damasco.

Esta página, cuya función inicial es rastrear los ataques de misiles rebeldes sobre la ciudad de Damasco, advierte ocasionalmente a la gente para que no se preocupen, porque el origen del ruido es el Ejército sirio bombardeando las zonas de la oposición. Muchos comentarios expresan alivio e instan al Ejército sirio a aumentar sus esfuerzos para erradicar el “terrorismo” y restaurar la seguridad en Damasco.

Pero otros critican lo que consideran una estremecedora falta de empatía hacia la tragedia que tiene lugar en el vecindario cercano.

“Aquí, unos pocos misiles pueden perturbar nuestras vidas. El sonido de la artillería provoca pánico, especialmente entre los niños. Encuentro imposible imaginar el horror que experimentan quienes se encuentran directamente bajo esos misiles”, dice Manar, profesora de primaria en el casco viejo de Damasco.

Cuando se le pregunta si los damasquinos, tras siete años de guerra, se sienten más seguros ahora que el régimen anuncia nuevas victorias militares, dice “el miedo en Damasco fluctúa, pero siempre está ahí. Pasarán muchos años antes de que los sirios puedan volver a sentirse seguros y a salvo”.

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