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Festival de arte y de música lleva felicidad a Islamabad

 

Vendedores con sus exposiciones de arte en el festival de arte langar en Islamabad, Pakistán. Foto de Annam Lodhi, utilizada con permiso.

Islamabad es una ciudad a la que le encanta en orden. El tráfico en la capital de Pakistán suele ser ligero y las calles quedan desiertas a partir de las 9:00 pm. No obstante, noviembre fue extrañanamente caótico en la ciudad y en su gemela, Rawalpindi. Miembros de grupos políticos religiosos organizaron un plantón que llevó a un aumento en la seguridad y a enfrentamientos con manifestantes.

La entrada principal a la ciudad quedó bloqueada durante las protestas, ya que conecta la carretera entre ambas ciudades próximas. Evidentemente, el malestar político en la ciudad desorientó la vida de muchos. Aunque un festival de música llamado Art Langar devolvió recientemente la alegría en un momento de agitación política. “Estamos acostumbrados”, dijo Nawal Mannan, estudiante de arquitectura que acudió al acontecimiento, que tuvo lugar el primer fin de semana de diciembre en Islamabad.

El Art Langar se inspiró en el festival del urs Sufi, celebrado normalmente en santuarios para celebrar el aniversario de la muerte del santo Sufi con música, poesía y comida por parte de los devotos. Sab ka bhala Sab ki khair, o buena voluntad o buenas nuevas para todos, es su lema. El concepto que se esconde tras el Art Langar es el retribuir a la gente. “La idea en sí es comida para los hambrientos, ya sea de alma, de corazón o de estómago”, dijo Arieb Azhar, músico pakistaní y principal artífice del espectáculo.

El festival estuvo repleto de instalaciones artísticas de estudiantes de arte de diversas universidades nacionales, puestos que vendían artesanías de todo Pakistán y puestos de comida. En el centro había una hoguera y un escenario de música para agitar la noche. Al festival acudieron cuatro mil personas de todas las edades y estilos de vida.

Tocaron más de veinte bandas, que representaban la música étnica y regional de todo Pakistán. Madiha Hamid, psicóloga clínica, asistió al festival y tuiteó acerca de la diversidad musical:

¡Tocan algunos instrumentos olvidados! Qué grandiosa  oportunidad para escuchar la música de Pakistán.

Freeha Shaukat, periodista independiente, contó su emoción por el festival antes de que empezara:

Ha sido una semana realmente triste, estaba fastidiada; hasta que vi ayer un avance del Art Langar, donde unos pocos privilegiados pudieron escuchar y cantar con Arieb Azhar, y Saakin publicará unos videos para recordarnos el amor, las risas y los deseos, así como la belleza de los humanos.

La gente bailó toda la noche, un reparador descanso después de la agitación y la tensión de la semana anterior, aunque no fue sencillo organizar la actividad. “Debido al malestar político, la gente compra las entradas por adelantado. Esperan hasta última hora para ver si todo va bien”, dijo Arieb Azhar.

Me encanta la diversidad de Islamabad. La gente no solo entiende las diferencias, sino que las celebran de la manera más bella posible.

Azhar estuvo a punto de cancelar el festival debido a la situación inestable de la ciudad solo unos días antes, pero decidió no hacerlo. “Mi equipo me animó a seguir, dijeronque la ciudad lo necesita en este momento”, explicó.

Una muestra con bonitos bordados étnicos tradicionales en el festival Art Langar, Islamabad. Foto de Annam Lodhi.

Los miles de jóvenes que acudieron al festival coincidieron. “Acontecimientos así son muy importantes, ya que ayudan a crear vida social y a relajarse”, dijo Laiba, quien mostraba sus obras.

Las entradas para el Art Langar comenzaron a 500 rupias (USD4.50) para estudiantes y a 1000 rupias (USD9) para el resto del público, lo que facilitó la asistencia de los estudiantes. “Si las entradas cuestan más, tenemos que pensarlo dos veces antes de ir”, decía Soha Azeem, estudiante.

Hay unos pocos espacios recreativos disponibles para los habitantes de ambas ciudades, como el Consejo Nacional de Arte en Pakistán (PNCA) y Lok Virsa. Sin embargo, estos espacios no son adecuados, según Ammar Khalid, miembro del Teatro Wallay, empresa de teatro independiente que lucha por más espacios públicos para el arte. “Hay un vínculo visible entre la reducción de actividades culturales y el aumento de la intolerancia en el país”, según Khalid.

La gente recibe con grado acontecimientos como el Art Langar, asequibles y seguros, pero sigue enfrentándose a retos derivados de la impredecible política de Pakistán.

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