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2017: Otro año en el que las mujeres devolvieron el golpe

“Nos queremos vivas”. Marcha del 8 de Marzo contra la violencia machista en Buenos Aires. Fotografía de Emergente. Usada con permiso.

En el 2017, América Latina alzó la voz contra la violencia machista con movimientos feministas que se expandieron por la región y que hicieron lazos con otros movimientos convergentes a nivel global. Por ejemplo, la revista Time eligió al movimiento #MeToo como “Persona del Año 2017“, y la palabra más ingresada en el buscador de la editorial Merriam-Webster en 2017 fue “feminismo”.

En Global Voices, hicimos una cobertura a lo largo del año, de la violencia contra las mujeres y los movimientos que surgieron para luchar contra ella. Con el fin del año damos una mirada a los retos en la lucha por los derechos de las mujeres y cómo la causa se puso en el centro de atención de medios ciudadanos y tradicionales.

Un recuento de daños y de esfuerzos

Marzo fue trágico para Guatemala con la muerte de 41 niñas quemadas en un incendio en un hogar administrado por el estado. Este fue el punto de partida para miembros de la sociedad civil, que lanzaron una campaña global el 15 de mayo con la etiqueta #NosDuelen56. Los participantes realizaron retratos por cada muchacha muerta o herida en el incendio, realizados por artistas de todo el mundo para exigir a las autoridades guatemaltecas que actúen.

Indira Jarisa Pelicó Orellana, una de las víctimas de la masacre de Hogar Seguro, tenía solo 17 años. Retrato de la artista mexicana Claudia Navarro. Imagen usada con permiso.

#NosDuelen56 es un grito por la justicia desde el arte, el periodismo, el medioactivismo y los feminismos. Es un ejercicio de memoria colectiva y de dignificación por las 56 niñas que fueron encerradas y quemadas en un hogar estatal en Guatemala el pasado 8 de marzo del presente año. De ellas, 41 murieron como resultado de este crimen femicida y 15 están con heridas de gravedad.

En julio preparamos un post sobre el Mapa de Feminicidios en México (MFM), una iniciativa ciudadana, cívica, independiente y de datos abiertos que ubica con coordenadas y causales los feminicidios desde el 2016. En el 2017 se han registrado 1,824 casos.

En agosto, la denuncia de una alumna de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), contra el profesor contra Gustavo Rodríguez Andersen, destapó una ola de protestas en donde se denunciaron más regularidades y abusos de los docentes hacia las mujeres que trabajaban en el lugar.

En septiembre, el feminicidio de la joven Mara Castilla por un chofer de la compañía de transporte internacional, Cabify, conmocionó a México y a toda Latinoamérica. Once entidades federativas en el territorio mexicano fueron escenario de marchas de protesta en contra de la violencia de género y la incapacidad de las autoridades para prevenirla y sancionarla.

Se abren espacios, se denuncian abusos

Este año vio también a las participantes del concurso de Miss Perú exponer las alarmantes cifras de violencia en Perú durante el certamen, algo que causó revuelo en los medios internacionales. Sin embargo, a los peruanos le costó aplaudir. Para muchos, la discusión se extendió a la contradicción de un concurso de belleza uniéndose contra el sexismo y la violencia contra las mujeres.

Captura de pantalla del reporte hecho por Al Jazeera: “Miss Peru contenders turn pageant into gender violence protest.” Disponible en YouTube.

Primero, hay que reconocer el contexto de la situación. Miss Perú 2017. Un concurso que elige a su ganadora en base a su apariencia física y capacidad de responder preguntas en tiempo record. Donde todas las mujeres son casi idénticas: altas, delgadas […] Lima, Perú. La 5ta ciudad más peligrosa para las mujeres en el mundo […] Estas dos cosas están relacionadas, ambas son producto de una sociedad machista. La cosificación de la mujer es una forma de violencia que nace de una sociedad que solo nos valora por nuestros cuerpos y que piensa que pueden hacer lo que les da la gana con ello.

Y continúa:

Si Latina.pe y Miss Perú en verdad les importara el bienestar de las mujeres peruanas y realizar un cambio potente en nuestra sociedad machista y violenta, hubieran utilizado ese tiempo que dedicó para emitir el certamen para algo más productivo que nombrar a otra reina de “belleza” (física, específica, occidental y que no representa la apariencia de la mayoría de peruanas). Yo no le voy a tirar flores a un certamen porque por fin se dio cuenta que las mujeres peruanas estamos sufriendo en una situación crítica. Nosotras no decimos “nos están matando” o “#PerúPaísDeVioladores” porque nos gusta. Nos duele. Mucho. Nos deprime. Nos parte el alma pero lo gritamos porque es la verdad y no podemos ignorar lo que estamos viviendo.

Otras iniciativas artísticas denunciaron abusos, como la de la serie fotográfica de Paola Paredes que ilustró las clínicas ilegales que buscaban “corregir” a las mujeres homosexuales en Ecuador. Otros proyectos pusieron la luz sobre las contribuciones a las ciencias naturales que hicieron un grupo destacado de mujeres latinoamericanas. Al mismo tiempo, proyectos colectivos, como el sitio coral Afroféminas, abrieron espacios a conversaciones complejas y difíciles, como las dinámicas de discriminación dentro de los mismos movimientos dedicados a la igualdad de género:

Ahora, más que nunca, es el momento de que las mujeres negras nos definamos por nuestros propios términos y nos unamos a los espacios que se crean para nosotras y por nosotras. […] Con mi propia auto-validación, no necesito el feminismo – interseccional o no – para definir mi participación, o mi valor, o el valor de las otras mujeres en la lucha por la igualdad racial y la equidad de género.

Las luchas no cesan y las iniciativas para ganarlas se fortalecen y se complejizan. Como consecuencia, el año 2018 no puede sino ser escenario de más y más fuertes cambios que buscan defender los terrenos ganados y ganar otros nuevos. Visto de modo generalizado, los movimientos de mujeres en la región forman una red amplia y en reproducción que busca no solamente hacer cambios puntuales, sino transformaciones fundamentales que permitan la construcción de un sistema más justo para mujeres de todas las edades y de todos los grupos.

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