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Jamaicanos LGBT no son los únicos en acoger decisión del Gobierno de impedir entrada al controvertido pastor estadounidense

Captura de pantalla de un video de YouTube que registra algunas diatribas contra los gays del pastor fundamentalista estadounidense Steven Anderson.

Defensores de los derechos humanos, activistas en línea y muchos otros jamaicanos se encontraron satisfechos con la reciente decisión del Gobierno de negar la entrada al país al pastor fundamentalista estadounidense Steven Anderson. A pesar de que persiste la preocupación sobre la libertad de expresión, no fueron solo los grupos de presión de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT) quienes expresaron satisfacción por la decisión de negar la entrada a Anderson, quien tiene una reputación de ser extremadamente homofóbico y por predicar una postura volátil contra la homosexualidad.

La noticia sobre la prohibición (Jamaica es el quinto país en hacerlo) estalló vía la página web change.org el 29 de enero de 2018. La solicitud de negar la entrada a la isla a Anderson, iniciada por un activista jamaicano por los derechos de los homosexuales, había conseguido 38.682 firmas hasta esa fecha.

La página web de peticiones publicó un video de Anderson, donde informaba a sus espectadores que durante una escala en Estados Unidos de camino a Jamaica, se enteró de que no le permitirian entrar al país. En el video, Anderson se mostró sorprendido, ya que se encontraba bajo la impresión de que Jamaica era “el país más homofóbico del mundo” y que, por lo tanto, los jamaicanos le darían la bienvenida. “Obviamente se trata de una influencia externa”, señaló el pastor, que deduce que el Gobierno jamaicano fue presionado para tomar la decisión, contra los deseos de sus ciudadanos.

Hubo todo tipo de reacciones a la prohibición. Organizaciones LGBT acogieron de muy buena manera la noticia, debido a las conocidas opiniones de Anderson sobre la homosexualidad:

Jamaica prohíbe entrada de pastor que se opone a los gays
Jamaica tiene feos antecedentes con respecto al trato de ciudadanos y visitantes LGBT
.
——-
El pastor Steven Anderson ha pedido que se castigue la homosexualidad con la pena de muerte. Su idea era desparramar su discurso de odio en Jamaica, pero sus planes se cancelaron cuando el país prohibió su entrada. El amor gana.

El influyente diario The Gleaner, aunque describió a Anderson como “un vestigio de la Edad de Piedra”, sostuvo en un editorial que —en aras de la libertad de expresión y la religión— se le debió permitir la entrada. El autor de su Carta del Día estuvo de acuerdo, expresó que “somos testigos del complot hipócrita de Jamaica y una probable aceptación de los derechos homosexuales por sobre una postura moral y bíblica”.

Sin embargo, otra carta al editor se manifestó en desacuerdo con este punto de vista al citar su discurso de odio e incitación a la violencia:

Unless the Jamaican Government is prepared to license the execution of those deemed gay, his banning, quite naturally, strikes a chord of sense and sanity, as well as advancing the Government's interest of security of all citizens.

One can only wonder if said man were to advocate the fatal stoning of Gleaner journalists, whose ‘fake news’ would deem them irredeemably guilty, would this newspaper argue, with equal fervour, that all views must contend? I imagine not.

As any mature scholar of government would tell you, limits on democratic actions need not necessarily undermine the project of democracy itself.

The Jamaican Government has historically failed to protect the rights and dignity of countless gay Jamaicans. In one of the few notable moments that it has, as seen with the Anderson ban, can we not mar this occasion with mechanic logic and vacuous claims of free speech denial, but instead applaud the Government's resolve to value all its citizens’ welfare?

A no ser que el Gobierno jamaicano esté preparado para autorizar la ejecución de los considerados gays, su prohibición de entrada, naturalmente, toca un punto sensible de juicio y sanidad, y también logra que progrese el interés del Gobierno por la seguridad de sus ciudadanos.

Uno solo puede preguntarse si, en caso que este hombre apoyara que ejecutaran a los periodistas de The Gleaner, que serían condenados por divulgar ‘noticias falsas’, ¿aseguraría el diario, con aquel mismo fervor, que todas las opiniones deben ser consideradas? No lo creo.

Como te lo diría cualquier estudioso del Gobierno con experiencia, los límites de las acciones democráticas no tienen por qué debilitar el proyecto democrático en sí.

El Gobierno jamaicano tiene un largo historial de intentos fallidos por proteger los derechos y la dignidad de varios jamaicanos gays. En uno de sus pocos momentos notables, como se ve en la prohbición de entrada a Anderson, ¿podemos no arruinar esta ocasión con lógica mecánica y acusaciones vacías de negación de la libertad de expresión, sino más bien aplaudir la resolución del Gobierno de valorar el bienestar de sus ciudadanos?

No todos estuvieron de acuerdo con esta perspectiva:

Echan al pastor Steve. Impedir que hable en Jamaica es una gran injusticia. Su punto de vista puede ser diferente, pero no es un terrorista. Existe un espacio para las opiniones distintas y debemos fomentar el diálogo acerca de las diferencias. En qué triste estado se encuentra Jamaica.

Un bloguero compartió el editorial y tuiteó:

Editorial | Prohibir el ingreso de Anderson es un exceso
Nuestra sensación es que el Gobierno, a través del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, estaba empuñado tecnicismos cuando emitió una declaración que impedía la entrada del controvertido pastor estadounidense, Steven Anderson
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——–
Editorial | Se excedieron con la prohibición de viaje a Anderson//La prohibición fue una mala decisión; lo dije anteriormente. ¿Jamaica es también ahora la capital de la hipocresía del mundo? 🤔🇯🇲🙄

Uno de los efectos dominó de la prohibición jamaicana podría ser el efecto positivo que tuvo en la condición de celebridad de Anderson entre sus seguidores, o al menos es lo que parece que el pastor quiere hacer creer a todos. Luego de reservar otro vuelo a un “país caribeño distinto”, inició un concurso en su blog: “¿En qué parte del mundo está el pastor Anderson?”. Además, publicó una serie de memes sobre el que se le haya prohibido entrar a Jamaica en su página de Facebook —incluido uno que citaba al Gobierno: “Los comentarios del pastor Anderson no son favorables para la situación actual”.

Sin embargo, debido a las publicaciones de Anderson en su página de Instagram, resultó evidente que algunos seguidores habían viajado a Jamaica antes de su fecha de llegada prevista y que, aparentemente, habían ido a predicar a una escuela. Luego se reveló que se había reservado un salón en el campus de la Universidad de las Indias Occidentales —por una iglesia local sin nombre— para emitir una película aprobada por Anderson el 2 de febrero. La universidad hizo un gran esfuerzo por distanciarse de la actividad, y rápidamente retiró el permiso.

Sean Major-Campbell, sacerdote anglicano dedicado principalmente a los derechos humanos, dio la siguiente opinión:

This man's history of promoting stigma and discrimination, homophobia and misogyny, is an insult to the human dignity of our women and sexual minorities. If he were a Jamaican dancehall artiste, do you believe that his ‘work’ would be welcomed from a foreigner to his homeland? Should Jamaica remain spineless and silent? […]

The Caribbean region has had a long history of oppressive teachings in the name of church and evangelism. We now need to facilitate healing and protection from further division, pain, and tragedy that is often motivated by characters with a history of preaching hate.

El historial que tiene este hombre de promover el estigma, la discriminación, la homofobia y la misoginia es un insulto a la dignidad humana de nuestras mujeres y las minorías sexuales. Si fuera un artista jamaicano de dancehall, ¿creen que un extranjero acogería su ‘trabajo’ en su patria? ¿Debería Jamaica mantenerse débil y en silencio? […]

La región caribeña ha tenido una larga historia de enseñanzas opresivas en nombre de la iglesia y el evangelismo. Ahora necesitamos facilitar la sanación y protección de futuro sufrimiento, división y tragedia motivada generalmente por personajes con un historial de predicar odio.

Un jamaicano resumió las opiniones de muchos compatriotas que no necesariamente formaban parte de la comunidad LGBT:

Now there are some who are displeased that ‘Pastor’ Anderson was banned from Jamaica and speak about the powerful agents of the LGBTQ who have triumphed in stopping him with a petition signed by nearly 37,000. I am neither member of J-FLAG nor a powerful figure but I signed it out of the common humanity shared in the fact that we don't facilitate someone who advocates for the death and murder of others they hate. Hell No! That should be a no-brainer. […] Free Speech does not give anyone the right to perpetuate evil and hate, especially in a state where crime, violence and hate is common among some people. Jamaica should be praised having shown signs of positive change from its days of ignorance!

Existen algunos que están descontentos con que se le haya prohibido la entrada a Jamaica al ‘pastor’ Anderson y ni hablar de los influyentes representantes de la comunidad LGBTQ que han triunfado en su intento por detenerlo gracias a una petición firmada por casi 37 000 personas. No soy ni un miembro de J-FLAG ni una figura influyente, pero firmé la petición por la humanidad común que existe en el hecho de que no ayudamos a alguien que aboga por el asesinato de otros que odian. ¡Claro que no! Debería ser una decisión simple. […] La libertad de expresión no otorga a nadie el derecho a perpetuar la maldad y el odio, especialmente en un Estado en el que el crimen, la violencia y el odio es común entre su gente. ¡Se debería alabar a Jamaica por mostrar señales de una evolución positiva de sus días de ignorancia!

En base a la retórica de odio de Anderson, muchos otros aplaudieron la decisión del Gobierno. Un usuario de Facebook publicó :

Well at least the govt did a good thing blocking this Pastor Steven Anderson from landing here. What a scary backward trumpian person. […]

Bueno, al menos el Gobierno hizo algo bueno al impedir que este pastor Steven Anderson aterrizara aquí. Que trumpiano más escalofriante y retrógrado. […]

Sin duda la visita del pastor ha provocado un debate nacional en línea interesante y bien razonado —y quizás necesario— sobre la democracia, los derechos humanos y la libertad de expresión y los límites del discurso de odio. Sin embargo, rápidamente se pierde la pista de Anderson, pues los jamaicanos se encuentran ocupados con varios asuntos de seguridad que no muestran señales de desaparecer tan rápido como lo hizo el pastor estadounidense.

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