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Presentamos a ‘Uyatman’, superhéroe kazajo que evita que las mujeres se comporten de manera indecente

Uyatman, superhéroe que satiriza a los guardianes de la moral de la vida real en Kazajistán. Ilustración de Murat Dilmanov, publicada en EurasiaNet.org.

Esta es una publicación de nuestro sitio web asociado EurasiaNet.org, de Almaz Kumenov. Se reproduce en este espacio con permiso.

Un nuevo superhéroe llamado Uyatman apareció en Kazajistán un par de años atrás. En tanto que Uyatman estuviera vigilando, el público estaría tranquilo de saber que las mujeres no serían atrapadas de ninguna manera comportándose de forma indecente.

Uyatman fue creado por el caricaturista Murat Dilmanov, que desarrolló el personaje como una forma de burlarse del ánimo insidioso del país. El nombre del superhéroe era un compuesto gracioso de la palabra uyat (vergüenza) y hombre.

En las últimas semanas, ha habido otra ola de justicieros moralizadores, que sugiere que la tendencia no muestra señales de disminuir e incluso puede que se profundice. Todo se inició cuando Aizhan Baizakova, actriz y celebridad de medios sociales de 22 años, fue enviada a prisión durante tres días, acusada de vandalismo, por una fiesta que se salió de control el 17 de diciembre en su discoteca Zakova, en Almaty. Los oficiales de la policía tomaron acción luego de que los alertaran de que Baizakova ofreció premios en efectivo para tentar a las mujeres de fiesta en su club que se desvistieran en el escenario.

Vino más indignación. Baizakova se volvió objeto de ataques y amenazas de violencia. Un video ampliamente difundido en línea mostró a un grupo de hombres fornidos, dos apretaban inquietamente sus puños, haciendo una declaración colectiva en la que condenaban a Baizakova y sus acciones. La única persona que habló en el video, un hombre de mediana edad no identificado que vestía una chaqueta azul acolchada, emitió una acusación general sobre la promiscuidad femenina y sugirió a los kazajos impedir que las mujeres se dejen llevar por ese comportamiento.

“Desnudarse y después vestir un saukele [un vestido de novia tradicional kazajo]. ¿Qué es esta deshonra y vergüenza? Este video va dirigido a todo el que tenga honor y orgullo. ¡Apóyennos!”, dice el hombre del video.

Efectivamente, unos días antes de Año Nuevo, un grupo grande de hombres fornidos apareció en las afueras de la discoteca Zakova para realizar una manifestación improvisada.

“¿No podemos prohibir esto? Si no la hubieran arrestado por tres días, nosotros hubiésemos ido a destruir su club”, indicó Talgat Ryskulbekov, activista agitador miembro del grupo conservador denominado Zheltoksan Ruhy, a los reporteros en el lugar.

Unos días más tarde, Baizakova cedió ante la presión y cerró su negocio. Se convirtió en víctima de uyat, la etiqueta utilizada para describir el fenómeno de las campañas de deshonra pública –casi todas dirigidas a las mujeres.

Uyatman, un superhéroe que satiriza a los guardianes de la moral de la vida real en Kazajistán. Ilustración de Murat Dilmanov, publicada en EurasiaNet.org

El arquetipo de Uyatman –el término ya es de uso popular– y la inspiración para el personaje caricaturesco de Dilmanov provino de Talgat Sholtayev, que disfrutó de un breve momento de notoriedad en 2016. En abril de ese año, los usuarios de medios sociales se enfurecieron cuando se dio a conocer la estatua de un hombre y una mujer parados castamente uno al lado del otro en un punto central en la capital, Astaná, cerca del palacio del presidente. A los remilgados transeúntes les indignó que la figura de la mujer estuviera esculpida con un traje de tela fina y suelta que mostraba el contorno de su cuerpo — detalle que sintieron vergonzoso para el honor y la dignidad de la mujer kazaja. Las autoridades ignoraron las quejas e insistieron en que el monumento no infringía ninguna norma sobre la indecencia.

Insatisfecho con eso, Sholtayev modificó el monumento y lo cubrió con una túnica de colores, que sintió protegía no solo la decencia de la estatua y la de la mujer kazaja.

“Para ser honestos, es vergonzoso inclusive mirarlo”, Sholtayev indicó a la estación de televisión KTK en su momento. “Me rompe el corazón. Por encima de todo, esto deshonra a nuestras madres y hermanas”.

Inspirado por este episodio, Dilmanov convirtió a Sholtayev en Uyatman, personaje ligeramente regordete completo con un traje de tedioso color gris y una capa equipada con armas del color de la túnica utilizada para cubrir la estatua de Astaná.

El superhéroe es una creación satírica, pero el propósito subyacente es serio. Dilmanov dijo a EurasiaNet.org que cree que los guardianes de la moral no hacen más que restringir las libertades básicas de las personas.

Uyat en Kazajistán puede tomar diferentes formas –puede ser creativo y destructivo. En el primer caso, sirve para educar a los niños. En el segundo, se trata de acoso y agresión”, Dilmanov indicó a EurasiaNet.

Asel Bayandarova, doctora de Almaty, es la representación de todo lo que los uyat desprecian. Habla sobre los derechos que tiene la mujer kazaja de vivir libremente como le plazca, y en buena medida, posa regularmente en vestidos reveladores en las sesiones fotográficas para revistas ilustradas.

La primera vez que Bayandarova alcanzó la notoriedad fue por una actualización de estado que realizó en Facebook en abril de 2016, donde declaró que la mujer kazaja no tenía que someterse a las condiciones “estúpidas” de la sociedad tradicional. Acompañó el texto con una fotografía suya con apenas la parte de abajo de un traje de baño de dos piezas. El mensaje fue una provocación calculada que tuvo el efecto deseado –20 000 me gusta, 8000 comentarios y 1000 republicaciones. Las respuestas fueron una mezcla de groseros insultos y mensajes de apoyo incondicional.

Tras esa publicación, otros usuarios de medios sociales replicaron la hazaña de Bayandarova en una protesta incisiva contra la indignación expresada por los moralistas.

“Una mujer en Kazajistán no se siente libre. Tienes que ser muy fuerte para resistir la presión de la sociedad. Para las mujeres normales, es muy duro asumir ese peso”, Bayandarova dijo a Eurasianet.

Uyat, indicó Bayandarova, es la consecuencia del infantilismo y la inmadurez general en la sociedad de Kazajistán. El video de abajo representa a Bayandarova (derecha) librando una batalla con Uyatman, con temática de Mortal Combat.

No obstante, los que argumentan a favor de un resurgimiento de la moral, como Nurbol Akhanov, doctor del Centro de Investigación Nacional de Cirugía Cardíaca en Astaná, afirman que combatir la promiscuidad es indispensable para el bien del país.

“Existe un dicho: ‘Si un hombre se arruinó, se destruye una familia. Si la mujer se arruinó, se destruye una nación’. Aquí no solo estamos lidiando con la desintegración de los valores morales y culturales”, Akhanov indicó a Euroasianet. “La audiencia principal afectada por este comportamiento son los adolescentes, que no tienen la capacidad para analizar críticamente, por lo que copian algunos ejemplos solo para estar a la moda. Y así es como aumenta el número de abortos y embarazos de adolescentes en Kazajistán, y la propagación de enfermedades de trasmisión sexual y VIH”.

Ciertamente, no hay nada nuevo sobre el pánico de la moralidad, aunque la manera en que se desarrolla la crítica colectiva ha cambiado dramáticamente. Como menciona el publicista Madi Mambetov, si la imagen de un autonombrado guardián de la moral en Kazajistán era tradicionalmente el de una abuelita que chasquea la lengua sentada en una banca afuera de un edificio de apartamentos, ese papel fue asumido principalmente por jóvenes autoidentificados como heterosexuales kazajos. Y las campañas de deshonra, como casi en todas partes en la actualidad, tomaron impulso en línea.

En 2016, cuando apareció un video de la joven Danara Kulzhanova con la bandera nacional de Kazajistán en un desfile homosexual en Nueva York, la reacción fue inmediata. Tal fue el ataque de maltrato en línea que Kulzhanova se sintió obligada a eliminar sus cuentas en línea.

Gulmira Ileuova, presidenta del Centro Estratégico para Estudios Políticos y Sociales ubicado en Almaty, afirma que la explicación subyacente es que Kazajistán es una sociedad predominantemente rural dominada por actitudes patriarcales y conformistas. A falta de una idea cultural coherente y unificadora –y el fracaso del Gobierno orientar ese frente– las personas afirman su identidad de manera espontánea y cuando sea necesario, Ileuova indicó.

Frecuentemente, esto da lugar a prioridades confundidas y valores distorsionados.

“Para una muchacha en Kazajistán es más fácil dar a luz a un bebé y luego abandonarlo, que criarlo fuera del matrimonio. En este sistema moral, la primera opción parece ser más decente que la segunda, por más extraño que parezca, puesto que la moral local le prohíbe tener relaciones sexuales antes del matrimonio”, Ileuova dijo a Eurasianet.

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