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Contaminación de la región de Ahvaz en Irán se vuelve mortal

Imagen: dominio público de Pixabay.

Fuertes tormentas de arena han cubierto la región de Ahvaz en Irán nuevamente a medidados de febrero de 2018, muchas personas se ahogaron con niveles de polvo atmosférico que alcanzan 57 veces el límite de seguridad establecido por la Organización Mundial de la Salud. A fines de enero se anunció en las noticias que los ciudadanos estaban llenando los hospitales de la región árabe principalmente —que es extremadamente pobre pese a albergar de más del 95 % de los recursos de petróleo y gas reclamados por Irán— con dificultades para respirar y problemas respiratorios. Entre el 21 y el 25 de enero, tres personas murieron de enfermedades respiratorias graves.

La zonaestá cubierta por una niebla espesa de arena y la visibilidad es inferior a 200 metros. El Gobierno suspendió los vuelos desde y hacia aeropuertos regionales y cerró escuelas, oficinas y bancos a lo largo de la provincia. Esta provincia tenía una vegetación muy densa.

En 2013, la ciudad de Ahvaz, la capital de la región, ocupó el primer lugar en la lista de la Organización Mundial de la Salud de las ciudades más contaminadas en el mundo. De acuerdo al informe, el puntaje promedio del índice de la calidad del aire fue de 372 —el promedio mundial es de 71 aproximadamente— o “peligroso”. Fue la única ciudad en la lista con un valor promedio sobre 300. La Organización de Naciones y Pueblos No Representados, que informó de la situación en ese tiempo, escribió que “los factores contribuyentes incluyen desertificación causada por el desvío de los ríos y drenaje de pantanos, y por las plantas de procesamiento de petróleo, petroquímicos, metales, azúcar y papel en Ahvaz y sus alrededores”.

Más de cuatro años después, la situación en Ahvaz continúa igual, y el grupo más afectado son los indígenas árabes ahvazí de la región, discriminados por mucho tiempo por sucesivos los Gobiernos iraníes.

La razón por los altos índices de contaminación es la desertificación acelerada de la región, por la gran sequía de los ríos y pantanos como resultado del proyecto de represamiento y desvío de ríos, iniciado cuando Hashemi Rafsanjani fue elegido presidente en 1989. El proyecto ha visto millones de galones de agua desviados desde los ríos de la región a otras partes de Irán y ha intensificado los ya altos índices de contaminación y degradación ambiental en la región. Las tormentas de polvo se combinan con las nubes de contaminación asfixiante constantes que liberan hacia la atmósfera las refinerías y fábricas petroquímicas de la región —ninguna sujeta a regulaciones ambientales ni a supervisión— y también por la contaminación producida por la quema de caña de azúcar.

Hablando en condición de anonimato por miedo a represalias por parte de régimen iraní, un estudiante de secundaria ahvazí le contó a Global Voices que “la quema ocurría durante el día, pero después de protestas donde se coreaba ‘¡podemos comprar agua potable, pero no podemos comprar aire limpio!’ comenzaron a quemar de noche. Esta mañana, los terrenos de la escuela fueron cubiertos por varios centímetros de ceniza de la quema. Ya tengo asma severa y esto hace que mi condición empeore”.

Caña de azúcar en la región de Ahvaz
La caña de azúcar no es nativa de Irán, pero se ha cultivado en la región desde la década de 1960. Durante el mandato de Hashemi Rafsanjani, el Gobierno se embarcó en un ambicioso proyecto de cultivo de caña de azúcar subsidiado por el Estado que involucró el embargo de miles de hectáreas de tierra de cultivo de agricultores ahvazí cuyos ancestros habían cultivado ahí por generaciones. Miles de familias quedaron en la miseria absoluta debido a que convirtieron sus tierras en grandes plantaciones de caña de azúcar.

Estas iniciativas han traído pocas ganancias: el proyecto de cañas de azúcar ha sido desastroso económicamente, con importaciones mucho más baratas que la producción local. Sin embargo, la mayor preocupación es la extensa contaminación y la destrucción ambiental que ha originado en una región que una vez fue el granero del área del Golfo. A lo largo de la región de Ahvaz, en ciudades como Falahiyeh, Muhammarah y Abadán, grandes plantaciones de palmeras cuya producción fue reconocida a lo largo de Medio Oriente han sido destruidas adrede o simplemente se han marchitado. También están en grave riesgo la flora y fauna de la región, mientras que los humedales de Falahiyeh y Hor-Azim están casi completamente destruidos.

Las refinerías de azúcar están agotando el agua de río que ya es escasa por sus procesos que usan gran cantidad de agua y contaminando los ríos y arroyos restantes con la descarga de químicos sin procesar usados en el proceso de limpieza y refinamiento del azúcar hacia los canales. Esto deja a las aguas río abajo inutilizables y altas en salinidad, lo que destruye las tierras cultivables de los agricultores pobres de Ahvaz.

Luego está la quema de las cañas de azúcar, que se realiza en las plantaciones alrededor de la capital ahvazí y otras ciudades de la región antes de la cosecha de mayo-noviembre. El humo de la quema de las cañas de azúcar es abundante y pesado por el contenido denso del azúcar y el alcohol; en vez de irse hacia arriba, sopla a lo largo de la tierra, lo que causa problemas respiratorios y a la piel severos o fatales entre la población.

El gran daño a la salud
A fines de enero, se informó que al menos tres árabes ahvazí murieron por problemas respiratorios causados o exacerbados por la grave contaminación del aire. Uno de ellos, Kareem Abdul Khani, de 43 años, de la ciudad de Susa, que sufría de asma crónica, fue llevado rápidamente al hospital Mafi el 21 de enero luego de quejarse de mareos y de dificultades para respirar debido a la grave contaminación en el área, que excedió con creces los niveles normales. Murió al día siguiente.

El segundo, Hamid Hamdian, de 47 años, del condado de Mollasani cerca de la ciudad de Ahvaz, había estado sufriendo de una enfermedad respiratoria desde hace un tiempo. Murió repentinamente luego de ser vencido por problemas respiratorios graves.

El tercero, Ahmed Chenani de 34 años, de la ciudad de Hamidieh, 30 kilómetros al oeste de Ahvaz, murió de problemas respiratorios crónicos la noche del 25 de enero, luego de asfixiarse por la contaminación del aire que cubría el área. Los familiares que lo llevaron al hospital Golestan en la ciudad de Ahvaz, dijeron que la falda de instalaciones médicas adecuadas y la negligencia del personal médico contribuyeron a su muerte.

Los índices de cáncer en la región también están creciendo. Un miembro del equipo médico en un hospital en Ahvaz quien, como otros entrevistados, quiso mantenerse en el anonimato, dijo que hace diez años el hospital tenía 40 camas que no se utilizaban. En los últimos años, el hospital se encuentra repleto con pacientes con cáncer.

Todo esto es un gran precio a pagar, especialmente por los indígenas árabes ahvazí, a quienes aún se les niega todo menos trabajos serviles en la caña de azúcar y el petróleo —las dos industrias han causado estragos en su región—, mientras se lleva a persas de otras partes de Irán y se les ofrecen altos salarios y viviendas modernas construidas especialmente para ellos en asentamientos segregados. A pesar de ser nativos de la región más rica en recursos en Irán, la mayoría de los ahvazí vive en condiciones medievales bajo un sistema apartheid de facto.

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