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Viaje por la justicia en las Américas: Tres mujeres narran sus historias en Kingston, Jamaica (parte uno)

(I-D): Shackelia Jackson (Jamaica), Katrina Johnson (Estados Unidos) y Ana Paula Riveira (Brasil), en el Puerto de Kingston, sujetan fotografías de sus parientes fallecidos. Fotografía de Amnistía Internacional/Mario Allen (protegida por derechos de autor), usada con permiso.

Tres mujeres de tres países muy diferentes se reunieron recientemente en Kingston, Jamaica. Bajo circunstancias normales, tal vez sus caminos nunca se hubieran cruzado. No obstante, estas inspiradoras activistas tienen algo en común: cada una perdió a un familiar a manos de la policía.

Como parte de su esfuerzo por atraer atención hacia el problema de la brutalidad policial, Shackelia Jackson de Jamaica, Ana Paula Oliveira de Brasil y Katrina Johnson de Estados Unidos, acompañaron recientemente a la delegación de Amnistía Internacional a Jamaica.

Su visita coincidió con el Día Internacional contra la Brutalidad Policial, el 15 de marzo. Ellas participaron en una charla pública en el campus Mona de la Universidad de las Antillas, que llevó por título “Un viaje por la justicia en las Américas”, organizada por Amnistía Internacional Caribbean/Caribe/Caraibes, y contó con el apoyo de Jamaiquinos por la Justicia, grupo de presión en materia de derechos humanos.

Aprovecharon la ocasión para entregar de 64 331 cartas y firmas como parte de una solicitud global que, desde diciembre 2017, reunió a más de medio millón de simpatizantes de todo el mundo, que piden al Gobierno jamaiquino acabar con la impunidad de los homicidios ilegales a manos de la policía.

La solicitud, producto de la campaña Escribe por los Derechos de Amnistía Internacional, contiene miles de mensajes de solidaridad dirigidos a la defensora jamaiquina de derechos humanos Shackelia Jackson, cuyo hermano Nakiea de 29 años murió tras recibir disparos de la policía en el centro de Kingston el 20 de enero de 2014.

En 2016, Amnistía Internacional publicó “La espera en vano: Homicidios ilegales a manos de la policía y la larga lucha de los familiares por la justicia“, informe que detalla las tácticas ilícitas que emplea la policía en todo el territorio de Jamaica para hacer difícil que las familias de las víctimas obtener justicia.

Pero esas tácticas no impidieron que Jackson lo intentara. Ella expresó públicamente su decepción por la baja participación en la conferencia, que se transmitió en vivo en Facebook. Sin embargo, la realidad es que muchos jamaiquinos tienen sentimientos encontrados con respecto a los asesinatos extrajudiciales. Ellos centran su atención en el aumento en la tasa de homicidios del país (más de 1600 asesinatos en 2017) y la creciente preocupación sobre la seguridad personal.

Ciertamente, para los jamaiquinos es común apoyar públicamente (o de manera tácita) los métodos de “control rigurosos”. Recientemente, hubo algo de respaldo público para que Reneto Adams –“estricto” policía retirado que supuestamente estuvo implicado en los asesinatos extrajudiciales cuando desempeñó el cargo de director de la controvertida Unidad de Prevención del Crimen– sea nombrado para el cargo de comisionado de policía.

Adams participó en las operaciones realizadas en la comunidad de Tivoli Gardens, área urbana marginal, en 2001 que resultaron en muchas muertes. La incursión posterior de las fuerzas de seguridad en 2010 en esa misma comunidad, donde se presume perdieron la vida 72 personas, continúa teniendo repercusiones. El primer ministro, Andrew Holness, con el tiempo ofreció disculpas en el Parlamento por el incidente, en diciembre pasado –un año después de que Amnistía publicara su informe especial sobre la larga lucha de las familias por la justicia tras los asesinatos extrajudiciales.

De acuerdo con un informe de la Comisión Independiente de Investigaciones (INDECOM, por sus siglas en inglés), ente que indaga sobre abusos cometidos por la policía, tras un descenso de muertes relacionadas con la policía entre 2014 y 2016, en 2017 se presenció un alarmante incremento del 51%. Hasta el momento, se han suscitado 31 tiroteos fatales a manos de la policía y el propio INDECOM se encuentra ahora en un estado de incertidumbre tras el fallo de la corte de apelaciones el 16 de marzo, que sostiene que una organización no es una persona legal, por consiguiente, no se le puede arrestar, acusar ni procesar.

En Orange Villa, Kingston, Shackelia Jackson lee algunas de las miles de cartas que le enviaron por correo y los mensajes de solidaridad en los medios sociales mediante la campaña “Escribe por los Derechos” en noviembre/diciembre de 2017. Fotografía de Amnistía Internacional/Robin Guittard, usada con permiso.

A pesar del escenario desalentador, Shackelia Jackson continúa siendo una portavoz determinada, elocuente y carismática de las familias jamaiquinas cuyos seres queridos fallecieron a manos de la policía. Estas familias sufren frecuentemente de otras consecuencias, como estigmatización, amenazas, intimidación y una conclusión insatisfactoria de las investigaciones.

Jackson (SJ) habló con Global Voices (GV) sobre la travesía de su familia:

SJ: I lost my brother, Nakiea Jackson, on January 20, 2014, after he was fatally shot by a police officer in Jamaica.

It was alleged by the police that they were chasing a Rastafarian-looking man who robbed a gas station. In pursuit of the individual, my brother was approached while carrying out his routine operations in his cook shop/restaurant; gun shots were later heard. He was pronounced dead at approximately 4:20 that afternoon.

Our immediate reaction was one of disbelief, because of who I know my brother to be. It had to be an error we thought, but in the same breath, I was aware of the history of our police force and some members’ disregard for the right to life. Hence, to take my innocent brother’s life was another manifestation of their deviation from the duty to care.

To stop [my activism] would mean that I am giving another police officer permission to kill another of my brothers, or anyone else for that matter. The campaign for justice became that more critical because of my participation in our judicial process: I realised justice was fictitious and that the system was plagued with structural barriers and a history of police impunity that force families to give up before seeking judicial remedy. Campaigning for justice meant living or dying.

The violation and egregious act committed against my brother, the suffering, the harassment and the plight of so many other families gave me strength and were my impetus in campaigning. I continue because the work is necessary, the threat is growing and its normalisation has to be refuted by the need for policy and legislative changes that could contribute to national development.

SJ: Perdí a mi hermano, Nakiea Jackson, el 20 de enero de 2014, tras recibir un disparo fatal de un agente de la policía en Jamaica.

La policía afirmó que perseguían a un hombre con apariencia rastafari que había robado una estación de gasolina. En la persecución del sujeto, se acercaron a mi hermano mientras realizaba funciones rutinarias en su restaurante; se escucharon disparos después. Lo declararon muerto aproximadamente a las 4:20 esa tarde.

Nuestra reacción inmediata fue incredulidad, puesto que conozco cómo es mi hermano. Pensamos que tenía que ser una equivocación, pero al mismo tiempo, era consciente del historial de nuestra fuerza de policía y la indiferencia de algunos de sus miembros por el derecho a la vida. Por esa razón, arrebatar la vida a mi inocente hermano fue otra manifestación de la alteración de su obligación de proteger.

Cesar [mi activismo] significaría darle permiso a otro agente de la policía para que asesine a otro hermano mío o a cualquier otra persona. La campaña se volvió más importante por mi participación en nuestro proceso judicial: me percaté de que la justicia era ficticia y que el sistema estaba plagado de barreras estructurales y una historia de impunidad policial que obliga a las familias a rendirse antes de buscar una solución judicial. Realizar la campaña de justicia significaba vivir o morir.

La violación y el indignante acto cometido contra mi hermano, el sufrimiento, el acoso y la situación difícil de tantas otras familias me dieron la fortaleza y el ímpetu para realizar la campaña. Continúo mi labor porque es necesaria, la amenaza crece y se tiene que refutar su estandarización mediante políticas necesarias y cambios legislativos que podrían contribuir al desarrollo nacional.

GV: ¿Qué piensas sobre emplear estrategias para enfrentar el problema de los asesinatos extrajudiciales en Jamaica? ¿Servirían las leyes, la sensibilización pública y las campañas de educación y mejor capacitación, por ejemplo?

SJ: We have employed some of these strategies to try and curtail extrajudicial killings; however, there is an unwillingness to commit to long-term solutions. As such, I think legislative changes would serve as a deterrent and positively impact and influence the areas of public awareness/education and police reform.

SJ: Hemos utilizado algunas de esas estrategias para tratar de reducir los asesinatos extrajudiciales; No obstante, no existe voluntad de ejecutar soluciones de largo plazo. Por lo tanto, considero que los cambios legislativos servirían como elemento de disuasión e impactaría e influenciaría de manera positiva a los rubros de sensibilización/educación pública y reforma policial.

Aún asi, Shackelia agregó:

I am an optimist at heart, it is the hope that dwells in me that compels me to run this marathon and to take other families on the journey with me. My resolve is that change is necessary and achievable.

Soy optimista de corazón; y es la esperanza que albergo en mi interior la que me insta a correr esta maratón y llevar a otras familias en el trayecto. Tengo la determinación de que el cambio es necesario y alcanzable.

Para los jamaiquinos que son escépticos sobre su campaña, Jackson explicó:

You are one indiscretion or violation from becoming the next Nakiea Jackson, who is emblematic of so many in Jamaica.

I would like my fellow Jamaicans to know that our pursuit is not an anti-government stance, but one that seeks to right a history of wrong. [It is a campaign] geared towards preventing another family from experiencing a similar fate.

Estás a un desliz o infracción de convertirte en el siguiente Nakiea Jackson, que es emblemático para muchos en Jamaica.

Quisiera que mis compatriotas jamaiquinos supieran que nuestro objetivo no es establecer una postura antigobierno, sino lo que pretendemos es enmendar una historia de equivocaciones. [Es una campaña] orientada a evitar que otra familia experimente un destino similar.

Su mensaje dirigido a cualquiera que esté interesado en los derechos humanos –a nivel local, regional o mundial– es apoyar a las organizaciones no gubernamentales “que trabajan sacando a las víctimas de la oscuridad, [que les proporcionan] un espacio seguro para llorar y que trabajan incansablemente para proteger los derechos humanos y la dignidad”.

Shackelia Jackson –al igual que sus colegas Ana Paula Oliveira y Katrina Johnson, a quienes Global Voices incluirá en los siguientes artículos en esta serie– puede estar abatida, pero no destruida.

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