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Lucía Asué Mbomío Rubio: Las luchas visibles y ocultas del racismo y la identidad afro en España

Foto de portada: Maité Escarria. Cortesía de la entrevistada y publicada con permiso.

Lucía Asué Mbomío Rubio es una periodista española, madrileña para ser más exacta, hija de madre segoviana y de padre de Niefang, Guinea Ecuatorial.

Esta multifacética comunicadora tiene a su haber, entre otras cosas, la publicación de la novela Las que se atrevieron, multiples colaboraciones, entre la que destaca el medio colectivo y aliado de Global Voices, Afroféminas y además, su propio canal de Youtube.

Sobre su quehacer relacionado a la lucha antirracista en el contexto del estado español, sus consideraciones acerca de la negritud, así como su labor como activista, hablamos en esta entrevista.

GV: ¿Cuáles son los riesgos o retos de asumirse como “afro” o “negra” en una sociedad como la española?

LM: En España da miedo hablar de la raza (asumiendo que las razas, desde un punto de vista biológico, no existen y se trata de una construcción socioeconómica), digamos que tratar determinados temas, incomoda o, como diría el fotógrafo Rubén H.Bermúdez “resulta violento”, entre otras cosas, porque se da por hecho que es algo malo.

De ahí que no resulte raro escuchar frases como “yo no soy racista, pero”, como si ese preámbulo invalidara la “racistada” que tiende a ir a continuación.

Así, Lucía explica cómo una parte importante de la lucha contra las injusticias por causa de racismos depende de la visibilización de las discriminaciones. Y esto, en gran parte, depende de los espacios en los que quienes son afectados puedan ser escuchados:

Hace poco, Luis Castellvi, profesor en Cambridge, escribía en un artículo: “para la mayoría blanca en España el racismo es invisible, como lo es el machismo para ciertos hombres, la homofobia para muchos heterosexuales y un largo etcétera. Pero obviamente eso no significa que estas formas de discriminación no existan. Para saber cuánto racismo hay en España, debe darse voz a las minorías afectadas y a quienes conviven con ellas.” Pues bien, eso es lo que, a menudo, sucede en esta sociedad, que se habla de algunos –ismos desde el privilegio de quien no los padece y que cuando opinamos como afectados/as se nos tilda de victimistas de manera automática sin entender que escucharnos es una oportunidad para modificar conductas y, por tanto, de contribuir a la mejora de un Estado del que también formamos parte.

Y continúa:

Mi toma de conciencia ha ido de la mano de un activismo antirracista que se ha traducido en mi colaboración durante casi cuatro años ya con Afroféminas, para visibilizar a través de entrevistas a mujeres negras que podrían ser referentes para cualquiera, si algún medio tuviera a bien el poner el foco sobre ellas. También me he enfocado en armar talleres en diversos foros con el fin de analizar con perspectiva crítica el modo en el que los periodistas contribuimos a difundir una imagen de las personas negras que trata a la parte como el todo y que se niega a dejar de lado los estereotipos consuetudinarios que nos asocian (sí, hablo como emisora y como receptora puesto que como informadora yo también he cometido errores).

“La racista eres tú por marcar las diferencias”

Si bien es de conocimiento general que las conversaciones sobre racismo son difíciles, muchas personas ignoran lo comunes que son los contra ataques. En la experiencia de Lucía Mbomío las respuestas son variadas y complejas, pero la mayoría comparte un denominador común que complica aún más la cuestión: las diferencias de la vida diaria que muchos no viven y que rehusan a ver.

LM Asumirse como negra o como afro, puede implicar escuchar más de una vez frases del tipo “si todos somos iguales” o “la racista eres tú por marcar esas diferencias”. Ese “todos somos iguales” deja patente la enajenación existente hacia determinadas realidades cotidianas, como puede ser ir por la calle y que te pidan la documentación más veces que a alguien blanco debido a que dan por hecho que no eres “de aquí” (y a lo que conlleva no serlo) o que no aparezcas casi nunca en medios de comunicación salvo de manera estereotipada, por poner un par de ejemplos.

A veces, asumirme como afro, desde un punto de vista, quizá, más mundano pero no menos importante, supone tener conversaciones desagradables con gente a la que quieres y que te quiere. El amor más infinito no tiene por qué estar exento de los prejuicios inoculados por un sistema racista.

GV: ¿Qué opinión tienes sobre las ideas que buscan ir más allá de la división racial y unirse a la lucha antirracista desde una idea de identidad y de la experiencia personal?

Que los y las aliadas son necesarias pero que de ninguna manera pueden encabezar la lucha antirracista. Ni siquiera mi madre, que ha tenido un par de hijxs leídxs y auto considerados como negrxs, podría. Ella puede aportar su visión como progenitora, sus experiencias y opiniones son importantes, pero no puede saber (aunque padezca algunas de sus consecuencias) lo que vivimos mi hermano o yo. Yo tampoco sé lo que es ser blanca y tener hijxs que no lo son: niños que lleguen llorando del colegio por haber recibido insultos o llenos de rabia o de miedo tras alguna agresión.

“El poder del dónde”: divisiones y contextos

GV: Quiero sumergirme en una discusión que se aviva cada vez que tratamos de autodefinirnos: el uso de la palabra “negra”. Es un término que estuvo y está en el centro del racismo como teoría y cuyo uso nació vinculado a la colonización. ¿En qué lugar del debate te sitúas?

Creo que es algo muy contextual. Cuando yo era pequeña, aquí, si no eras blanca, eras negra. Todas las nomenclaturas creadas para marcar una gradación que te acercara más a unx o a otrx tan propia de algunos países de Latinoamérica (y herencia del sistema de castas español) no se usaban demasiado. Como a muchas personas en España, me han dicho que me vaya a África cuando me he quejado de algo que no estuviera bien o por tener opiniones que a algunas personas no les han cuadrado. Por eso, aún siendo consciente de mi parte blanca española, y últimamente, también del privilegio que se deriva de ella por el colorismo que existe y por el DNI con el que nací debajo del brazo, yo siempre me he autodenominado negra. Lo de “afrodescendiente” es algo muy reciente para mí, aunque reconozco que cuando estoy en algunos sitios, a sabiendas del poder del “dónde”, uso esa palabra.

También hay que tener en cuenta que hay mucha gente que está en contra del término “mulato” porque es una denominación exógena e impuesta cuya etimología proviene de mula, nos animaliza.

Y sobre la fuerza de los contextos geográficos y sociales:

Me consta que de haber crecido en otras partes del mundo seguramente lo vería diferente. En Guinea Ecuatorial, por ejemplo, que es mi otro país, me llamaban “blanca”. Pero yo he pasado casi toda mi vida (con excepciones que no han superado el año) en Madrid y mi posicionamiento responde a mis experiencias aquí en España.

Me gusta citar aquí a Amin Malouf que, en su libro “Identidades asesinas”, explicaba que, normalmente, pese a que somos poliédricos, nos asimos a la cara de nuestra identidad que consideramos que es más atacada.

En la segunda parte de esta entrevista, conversaremos con Lucía sobre su trabajo en el activismo afro cibernético, su canal en YouTube y también su libro Las que se atrevieron.  

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