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“En gran parte del mundo poscolonial, se suprime mucho de lo que realmente nos motiva”

Arquitecta, novelista y educadora Lesley Lokko, ghanesa que vive en Sudáfrica, durante su visita a Trinidad, junio 2018. Fotografía de Mark Raymond, usada con permiso.

Esta es la segunda entrega en nuestra serie de entrevistas con la profesora Lesley Lokko, directora de la Escuela de Posgrado de Arquitectura en la Universidad de Johannesburgo en Sudáfrica. Para leer el primer artículo entra aquí.

Cuando piensas en el papel que tiene la arquitectura dentro de la sociedad, tal vez pienses en la importancia de crear un ambiente físico que sea una imagen de la civilización humana. O sobre organizar un espacio basado en las necesidades, aspiraciones y esperanzas de una cultura particular.

No obstante, en las sociedades como la caribeña, no todos utilizan los servicios de un arquitecto –y a menudo, eso los perjudica. ¿Por qué? Lesley Lokko, arquitecta y escritora que realizó una visita a Trinidad y Tobago por invitación del Instituto de Arquitectos de Trinidad y Tobago y el Festival Literario Bocas, tiene una idea al respecto.

Ella considera que podría tener algo que ver con la manera en que las personas perciben el fin de un arquitecto. Muchos no se dan cuenta de que este se extiende más allá del diseño y los planes –se relaciona con muchas otras cosas, entre estas la tecnología y las relaciones humanas.

Global Voices (GV): ¿Cuál es el papel de un arquitecto en una sociedad moderna?

Lesley Lokko (LL): I’m always drawn to Spain as a model because I believe it takes in more architecture students per capita than any other country. However, although record numbers of people study architecture there, Spain graduates the smallest number — in relation to the number that its schools take in — who go on to work as practising architects. So architecture is seen as a really interesting, fundamental degree, and even if people go through the full five years, they often go into many other fields that may have something to do with the built environment but not necessarily architecture or design. The mayor of a small village, for instance, might have studied architecture and therefore understands the power and value of a really good piece of civic architecture — so big cities like Madrid and Barcelona are not the only places where projects are happening. Spain is quite democratic in the way in which good architecture or civic space is commissioned.

In the post-colonial world, there's an insecurity around our relationship with education and training that’s just part and parcel of our thinking — so, the attitude generally is, if you start studying architecture, by God you’re going to finish, and then work for a big practice, earn a good living and so on, which perpetuates the idea that architecture is a professional discipline for those who can afford it. I think that’s the complete wrong way to think about it. I run an architecture school now in Johannesburg. It’s the biggest postgraduate school in South Africa, we are now into our third cycle of graduates, and it’s been quite a radical curriculum change. We’ve got graduates now who go off into multimedia, theatre design, web design…things that are sort of spatial, alternative forms of practice. Architecture is a much more lateral, broader, much more diffuse discipline than the way it has conventionally been taught. To make the point more clearly, unlike medical students, for example, who practice on the body of a patient; unlike lawyers, who train with language and rhetoric, students of architecture never build buildings — only representations of them.

Lesley Lokko (LL): Siempre me he sentido atraída por España, como un modelo, porque creo que acepta más estudiantes de arquitectura per cápita que en cualquier otro país. No obstante, aunque existan cifras récord de personas estudiando la carrera allí, España tiene la cifra más baja de egresados –comparada con la cantidad de personas que las escuelas aceptan– que se incorporan al mundo laboral como arquitectos activos. Por lo tanto, la arquitectura es considerada como un carrera fundamental realmente interesante. Inclusive si las personas estudian los cinco años, a menudo se adentran en muchos otros campos que pueden tener algo que ver con la industria de la construcción, pero no necesariamente la arquitectura o el diseño. El alcalde de un pueblo pequeño, por ejemplo, pudo haber estudiado arquitectura y por consiguiente entiende el poder y el valor de una pieza de arquitectura civil realmente buena –así que las grandes ciudades como Madrid y Barcelona no son los únicos lugares donde se realizan proyectos. España es bastante democrática en la manera en que asignan buena arquitectura o espacio civil.

En el mundo poscolonial, existe una inseguridad sobre nuestra relación con la educación y la práctica que forma parte integral de nuestro razonamiento –así que, la actitud es por lo general, si comienzas a estudiar arquitectura, pones a Dios como testigo de que vas a terminarla, para después trabajar para una firma grande, generar buenos ingresos, etcétera, por lo que se perpetúa la idea que la arquitectura es una disciplina profesional para quienes puedan pagarla. Considero que esa es la forma equivocada de verlo. En la actualidad, estoy a cargo de una escuela de arquitectura en Johannesburgo. Es la más grande en Sudáfrica, y estamos en nuestro tercer ciclo de graduandos, y fue un cambio de curriculum bastante radical. Ahora tenemos egresados que trabajan en multimedia, diseño teatral, diseño de páginas web… cosas que son espaciales, formas alternativas de ejercer la profesión. La arquitectura es una disciplina mucho más lateral, más abierta y mucho más difusa que la forma convencional en la que se imparte. Para darte una mejor idea al respecto, a diferencia de los estudiantes de medicina, por ejemplo, que practican sobre el cuerpo de un paciente; o a diferencia de los abogados que se forman con el lenguaje y la retórica, los estudiantes de arquitectura nunca construyen edificios –solo representaciones.

Estudiantes de la Escuela de Posgrado de Arquitectura en Johannesburgo durante la presentación de verano 2017. Fotografía cortesía de Lesley Lokko, usada con permiso.

Lesley Lokko (LL): Representation, in effect, is almost its own discipline. It’s their language, whether that’s in film, multimedia, photography, collage, montage — the range of visual tools available to students today is almost endless. The historical tools — plans, sections, and elevations — are absolutely vital in terms of instructing someone how to build. But they’re not the only means by which a project can be drawn or represented. To add to the complexity, modern construction methods are their own speciality. If you were to look at the façade of a building today, even as an architect at the top of your game, you’d be hard-pressed to explain how it ‘works’. But just because something is new or modern doesn’t mean it’s without complications and challenges.

Where new means of communication have been very successful — and it goes back to this issue of social media — is in disguising themselves in the language of the old. Facebook uses terms like “Like” and “Friend” — but you are not my friend in the conventional sense of the word. Young people today have less and less sense of the conventional or traditional meaning of words and as a result, their understanding of the world has shifted. When I talk to my students about things like scale and distance and proximity and adjacency, all the architectural terms of my own training, they understand them completely differently. Distance means little to them because they can be friends with someone they've never actually seen who’s 6,000 miles away. They’re used to seeing things on a screen, not in three-dimensions. Their worlds are networked, fluid, mobile, where mine was fixed, grounded, solid. And these terms are still the fundamental terms of our trade. You have to be able to understand things in scale, but if you don’t understand what scale is, because your world has no scale… We’re being altered, somehow slowly, without us even noticing it.

Lesley Lokko (LL): la representación es casi su propia disciplina. Es su lenguaje, ya sea en el cine, multimedia, fotografía, collage, montaje –la variedad de herramientas visuales disponibles para los estudiantes en la actualidad es casi interminable. Las herramientas históricas –los planos, las secciones y las elevaciones– son absolutamente vitales en función de instruir a alguien en cómo se construye. Pero no son los únicos medios por medio de los cuales se puede dibujar o representar un proyecto. Para añadirle más a la complejidad, los métodos modernos de construcción constituyen su propia especialidad. Si fueras a observar la fachada de un edificio hoy, incluso como arquitecto en plena forma, te presionarían para que expliques cómo ‘funciona’. Solo porque algo es nuevo o moderno no significa que no tenga complicaciones y desafíos.

El éxito que han tenido los nuevos medios de comunicación –y se remonta a este asunto de los medios sociales– radica en camuflarse en el lenguaje de lo antiguo. Facebook utiliza términos como “Me gusta” y “Amigo” –pero tú no eres mi amigo en el sentido convencional de la palabra. Los jóvenes de hoy poseen cada vez menos percepción del significado convencional o tradicional de las palabras y como consecuencia, su entendimiento del mundo cambió. Cuando hablo con mis estudiantes de cosas como magnitud y distancia, y proximidad y adyacencia, todos los términos arquitectónicos de mi propia formación, lo entienden de manera completamente diferente. La distancia tiene poca importancia para ellos porque pueden establecer amistad con alguien que nunca han visto en realidad y que se encuentra a 10 000 km de distancia. Están acostumbrados a ver las cosas en una pantalla, no en tercera dimensión. Sus mundos están conectados, fluyen y son móviles, mientras que el mío fue fijo, estable, sólido. Y esos términos todavía son términos fundamentales de nuestro oficio. Tienes que poder entender las cosas en magnitud, pero si no entiendes lo que es, porque tu mundo no lo tiene… Nos están cambiando, gradualmente de alguna forma, sin que nos percatemos siquiera.

Estudiantes de la Escuela de Posgrado de Arquitectura en Johannesburgo durante la presentación de verano 2017. Fotografía cortesía de Lesley Lokko, usada con permiso.

GV: ¿Cómo afecta eso la manera en que impartes la disciplina?

LL: The one luxury of education is that it gives you time and freedom to reflect…very different from when you have deadlines and budgets. But I find that very few people are talking really about those things, certainly in Africa. We’re still talking about productivity and efficiency and employability and test results — we’re not really talking about the deep things that I think matter. We operate at such a speed now that those opportunities to reflect critically on what’s happening to us in scale and time and distance and taste are important.

LL: El lujo de la educación es que te brinda tiempo y libertad para reflexionar… muy diferente de cuando tienes fechas de entrega y presupuestos. No obstante, descubro que muy pocas personas hablan en realidad sobre esas cosas, en particular en África. Todavía hablamos acerca de productividad y eficiencia y empleabilidad y resultados de pruebas –no hablamos realmente de las cosas profundas que creo importan. Funcionamos a semejante velocidad ahora que esas oportunidades para reflexionar críticamente sobre lo que nos está sucediendo en magnitud y tiempo y distancia y gusto son importantes.

GV: ¿De qué manera la arquitectura presenta esa relación entre las personas y el ambiente en un mundo donde la tecnología es tan influyente y en cambio constante?

LL: I travel a lot. So when I was packing for this trip [to Trinidad], I left Joburg, went to Paris, Venice, London, Miami, Santo Domingo, here, going to Chicago, back to London, then to Madrid and then I go home. Everything fits in a fairly small suitcase because I know most of the hotels I stay at I can launder a clean shirt; I stick to a palate of mostly black and white because that’ll go everywhere; my clothes are neither too heavy nor too light — so in a sense, my environment is elastic — it’s moving with me. And I'd put on Instagram that I’ve been to Santo Domingo, I’ve been to Trinidad, but I could just as easily cut and paste those images from the internet and no one would ever know. So in a weird way, it’s strange to me that I’m going to travel halfway round the world, but at another level, it’s almost as if I didn’t go. In that construct, my relationships with people become really important. So it’s less my relationship with the environment or even the architecture. I’m looking for more meaningful connections with people that I meet.

We run a very different programme in the graduate school which involves what’s sometimes referred to as ‘cracking’ students open. In a less brutal sense, I’m really interested in what drives them. In a post-colonial context, the majority of students are black — and for me, it’s not so much a skin colour as the fact that they come with emotional relationships to the rest of the world that are different from the white students — through things like history, class, privilege, etc. I don’t want those students to miss the opportunity of being honest. So students need to tell me what really drives them, what they are really interested in, and I will find a way to facilitate that interest. In a lot of the post-colonial world, I would argue that what’s required is a kind of creative therapy because so much of what really drives us is suppressed.

LL: Viajo bastante. Así que cuando preparaba mi equipaje para este viaje [a Trinidad], dejé Johannesburgo, fui a París, Venecia, Londres, Miami, Santo Domingo, de aquí voy a ir Chicago, de regreso a Londres, luego a Madrid y después de vuelta a casa. Todo cabe en una maleta más o menos pequeña porque sé que en la mayoría de hoteles donde me hospedo hay servicio de lavandería; Me aferro a un gusto que en su mayoría es negro y blanco porque funcionarán en cualquier lugar; mi vestimenta no es demasiado cargada, tampoco demasiado ligera –en un sentido, mi entorno es elástico– se mueve conmigo. Publiqué en Instagram que viajé a Santo Domingo y que viajé a Trinidad, o bien podría simplemente cortar y pegar fácilmente esas imágenes de internet y nadie jamás se enteraría. De una forma extraña, para mí es nuevo el que vaya a viajar alrededor del mundo, pero a otro nivel, es como si no fuera a ir. En ese constructo, mis relaciones con las personas se vuelven realmente importantes. Es menos mi relación con el entorno o incluso con la arquitectura. Lo que busco es tener conexiones más significativas con las personas que conozco.

Dirigimos un programa bastante diferente en la escuela de posgrado, que consiste en lo que aludimos como ‘partir’ al estudiante. En un sentido menos brutal, me interesa realmente saber qué es lo que los motiva. En un contexto poscolonial, la mayoría de los estudiantes son negros –y para mí, no es cuestión del color de su piel, sino el hecho de que vienen con relaciones emocionales para con el resto del mundo, que son diferentes de los estudiantes blancos– por medio de la historia, la clase, los privilegios, etcétera. No quiero que esos estudiantes se pierdan la oportunidad de ser honestos. Necesitan decirme qué es lo que realmente les motiva, lo que realmente les interesa, y yo encontraré la forma de facilitarlo. En gran parte del mundo poscolonial, argumentaría que lo que se necesita es un tipo de terapia creativa puesto que se suprime mucho de lo que realmente nos motiva.

Portada de una de las novelas de Lesley Lokko. Imagen cortesía de Lokko, usada con permiso.

GV: ¿Qué hay de las sinergias entre escribir y la arquitectura?

LL: Architects are narrators. They tell a story through the way in which they manipulate space. That story might be subliminal, but all architecture is storytelling — even more so at the level of student architecture, because you don’t build the building, so whatever representation of it that you have is its own narrative.

For me, writing — because architecture was so resistant to these issues around race, identity, gender, power — writing was actually an easy discipline to deal with because it’s more forgiving. If you think about English literature as a body, it has been so enriched by the post-colonial world. You can’t really think of English literature without that influence — it’s impossible. Architecture is different. It’s historically been really resistant to the idea of ‘difference’ — perhaps less so now than 30 years ago — but when I was studying, if you wanted to talk about race or identity, people would say, ‘Go study sociology, not architecture!’

But I don’t see them as different at all. Someone once suggested to me that I must have an affinity for situations that are neither one thing nor the other and that is connected to childhood. Being half-Scottish, half-Ghanaian, there was a comfort in things that can’t quite be reconciled. When I finished studying sociology, I decided I wanted to be an architect and then I wanted to be a writer, so there’s always been an instinct to move out of something just because I like that tension. And probably now, after so long, I understand that tension is productive. It’s not problematic. But the same impetus is there to tell a story.

LL: Los arquitectos son narradores. Relatan una historia a través de la forma en que manipulan el espacio. Ese podría ser subliminal, no obstante, toda la arquitectura es una narración –inclusive más al nivel de la arquitectura del estudiante, porque no construyes un edificio, así que cualquier representación que tengas del mismo es su propia narrativa.

Para mí, escribir –puesto que la arquitectura fue reacia a estos problemas sobre la raza, la identidad, el género, el poder– fue en realidad una disciplina con la que me fácil lidiar porque es más compasiva. Si piensas en la literatura inglesa como un ente, este se enriqueció por el mundo poscolonial. No puedes pensar realmente en la literatura inglesa sin esa influencia –es imposible. La arquitectura es diferente. Desde el punto de vista histórico es reacia a la idea de “diferencia” –quizá menos ahora que hace 30 años– pero cuando estaba estudiando, si querías hablar sobre raza o identidad, las personas dirían, ‘¡Estudia sociología, no arquitectura!’.

Pero yo no les veo diferencia en absoluto. En una ocasión, alguien me sugirió que debo tener afinidad por las situaciones que no están definidas y eso tiene relación con la niñez. Ser mitad escocesa y mitad ghanesa, había un consuelo en las cosas que no se pueden reconciliar. Cuando terminé la carrera de sociología, decidí que quería ser una arquitecta y después quise convertirme en escritora, por lo tanto, siempre ha existido un instinto de apartarse de algo solo porque me gusta esa tensión. Y ahora probablemente, después de tanto tiempo, entiendo que esa tensión es productiva. No es problemática. Pero esa misma fuerza está presente para relatar una historia.

GV: Transformaste esa tensión en una herramienta.

LL: Yes, and I use it in writing and in teaching. To me, my novels were always didactic — all about crossing racial barriers and political histories — and half of the people reading would think it’s a love story. I realised that what you think you’re doing and what other people read into it…you’ve got no control over that.

And I think it’s the same in teaching now — there’s a lot I want to say and I’m saying it through students’ work. And in much the same way that the books go off and do their own thing, so do the students and that’s really satisfying, that there are no conclusions.

LL: Sí y la utilizo al escribir y enseñar. Para mí, mis novelas siempre fueron didácticas –se trataban sobre atravesar barreras raciales e historias políticas– y la mitad de los lectores pensaría que es una historia de amor. Me percaté de que lo que crees estar haciendo y lo que otras personas leen… no lo controlas.

Y pienso que lo mismo sucede en la enseñanza ahora –existen muchas cosas que quiero decir y lo digo a través del trabajo de mis estudiantes. Y de la misma forma en que los libros salen y hacen lo suyo, así también es con mis estudiantes y eso realmente es satisfactorio, que no existan conclusiones.

En la tercera y última entrega de esta serie, hablaremos de literatura, cultura e identidad.

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