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Tiempo de familia en la wifi cubana: para un pueblo transnacional un poco de internet da para mucho

Ilustración: MONK (Periodismo de Barrio). Usada con permiso.

Ilustración: MONK (Periodismo de Barrio). Usada con permiso.

Una familia está reunida alrededor de un tablet en una zona wifi en La Habana. Son seis y se turnan para ponerse frente a la webcam. Todos hablan deprisa, como si temieran que se pueda cortar la llamada.

—Mi hermano, vine porque dentro de una semana me hago santo y después no puedo salir. Los dos pares de zapatos que mandaste me sirvieron pero los calzoncillos no, porque tienen cosas de colores. Recuerda que todo debe ser nuevo y blanco.

—Eso lo compró mi mujer –responde un hombre al otro lado de la línea– y aunque le expliqué no hay manera de que entienda. Hay cosas que me cuestan trabajo todavía por el idioma. Pero no te preocupes, yo mismo voy a salir a comprar lo que falta.

—Gracias por el dinero. Lo íbamos a usar para la ceremonia pero completamos y compramos la lavadora. ¡Ahorra para que puedas venir a ver al padrino, que tú sabes que todo este trabajo (el de la ceremonia de coronación de santo) lo estamos haciendo por salud! Te voy a poner a los viejos. Te quiero, mi sangre.

Por todo el pais se siente que casi nadie tiene su familia completa en la isla. De hecho, una de cada tres personas en Cuba tiene un familiar en el exterior, según datos ofrecidos por Antonio Aja, director del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM) de la Universidad de La Habana.

Juan Carlos Albizu-Campos, doctor en ciencias económicas y en demografía del CEDEM, prevé que para 2030 la pérdida neta de la población será de más de 40,000 personas anuales (dentro de una población de 10 millones de personas).

La emigración cubana se convierte, en muchos casos, en el sustento económico de los familiares que permanecen en el país. La consultora económica The Havana Consulting Group, con sede en Miami, reporta que solo desde Estados Unidos en 2017 se contabilizaron más de 3,575 millones de dólares.

Nuevas dinámicas de familia: De ensambles conectados en línea a “maternidades transnacionales”

Frente al Hospital Materno América Arias, hay otro parque wifi. Decenas de mujeres entran y salen con rostros felices o preocupados. Algunas ríen mientras hablan por teléfono y otras, en cambio, lloran desconsoladamente. Hay asimismo semblantes inexpresivos, como los de dos mujeres que están detenidas en medio del parque.

—¿Qué quieres hacer? –pregunta una a la otra.

—No lo sé. Creo que me voy a conectar ahora al WhatsApp para decirle que estoy embarazada.

Ilustración: MONK (Periodismo de Barrio). Usada con permiso.

Ilustración: MONK (Periodismo de Barrio). Usada con permiso.

En 2017, el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas desarrolló el estudio “Familias en situaciones de vulnerabilidad social”. Según Milagros Samón, investigadora titular del centro, una de las figuras más reiteradas en el escenario doméstico cubano es la familia en situación de transnacionalidad.

Nos tropezamos mucho con familias ensambladas en las que se desdibuja el concepto de núcleo tradicional y uno de los miembros ha emigrado ya no por cuestiones políticas sino por razones de bienestar social. Casi siempre, ese miembro que aporta dinero a la economía doméstica u otros bienes sigue siendo cabeza de familia aunque esté en el exterior y toma decisiones con respecto al presente y al futuro de esta. Las zonas wifi acortan la distancia, lo que hace esos procesos más naturales.

En otra escena, dos estudiantes de Secundaria Básica caminan alejándose de un parque wifi. Uno le pregunta al otro:

—¿Qué dijo tu mamá?

—Me castigó. No puedo ir a la fiesta el sábado.

—¿Pero cómo ella, que está afuera, te va a castigar?

—Porque desde allá controla todo.

—¿Y fuiste tú quien le dijo que desaprobaste?

—Ni falta que hizo, si ella hace que mi hermana le mande las notas de todas mis pruebas.

—Pero, ¿cómo van a saber en tu casa que te castigaron?

—Por la noche viene mi tía, se conecta, entonces mi mamá le dice y si se enteran de que me quedé callado capaz de que me quiten la X-Box. Me tienen amenazado con el teléfono y los juegos.

En otro parque, debajo de una farola está Rosa. Tiene 56 años, cuatro nietos, una hija en Miami que viaja a Cuba con frecuencia y un hijo en Texas al que no abraza desde 2012. Tras la inauguración de una wifi en su vecindario, se conecta casi todas las noches unos 30 minutos para hablar con ellos.

—Llamar a mi familia es lo que me mantiene saludable –dice Rosa–. Para mí, tenerlos a todos lejos es difícil. Cuando en Cuba no había wifi yo solo podía hablar con ellos en los cumpleaños o en fines de años. Me perdí tantas cosas.

Rosa recuerda que la primera vez que ella logró hacer una videollamada a través de la aplicación de IMO y ver a su hijo en tiempo real estuvieron como tres horas hablando sin parar hasta que el teléfono se le quedó sin batería.

—Le decía: “Déjame verte. Enséñame tu casa, el cuarto de los niños, la comida que tienes en el refrigerador”. Quería absorberlo todo como si estuviera ahí con él. Reía para no llorar. Estaba feliz pero solo podía pensar en el tiempo que faltaba para que él pudiera entrar de nuevo a Cuba, porque se fue ilegalmente.

La socióloga Déborah Betancourt ahonda en los efectos de la emigración de la figura materna. Según Betancourt, esta situación plantea “una nueva forma de entender los roles maternos desde las migraciones, conocida como ‘maternidad transnacional’, que permite llevar a cabo el cuidado y educación de los hijos en base a circuitos de comunicación, afecto y soporte financiero que transcienden las fronteras nacionales”.

Foto: Ismario Rodríguez (Periodismo de Barrio). Usada con permiso.

Foto: Ismario Rodríguez (Periodismo de Barrio). Usada con permiso.

En 2013, el Ministerio de Comunicaciones emitió la Resolución No. 197/2013, con la que se aprobaba la comercialización del servicio de acceso a Internet para personas naturales. Hasta ese momento solo se podía acceder a Internet desde algunos hoteles en la Isla a un costo superior a los 4 CUC la hora, el equivalente a 4 USD.

Sin embargo, no fue hasta 2015 que la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, S.A. (Etecsa) anunció la creación de 35 espacios públicos de conexión inalámbrica (wifi). Las medidas impactaron especialmente a las familias con miembros en el exterior. En lo que va de 2018 suman 635 los espacios públicos de conexión inalámbrica y se espera que en este año se comercialice el servicio de Internet para móviles de acuerdo con Mayra Arevich, presidenta de Etecsa.

Actualmente, en Cuba la hora de conexión a Internet cuesta 1 CUC, precio que continúa siendo elevado en relación al salario medio de los cubanos (29.6 CUC al mes).

“Te voy a llamar todos los días”

Es de noche y una mujer habla por teléfono en la wifi. Las palabras rifle, muertos y escuela se repiten una y otra vez. Tres veces da la vuelta al parque, desesperada. Llora, pide que le expliquen, que le vuelvan a explicar:

—¿Dónde estabas tú? ¿Conoces a algunos de los muchachos que murieron? ¿Y qué están diciendo los medios? No he visto lo que dijo el imbécil ese de Trump, acabo de enterarme. ¿Cómo es que alguien de tu edad consigue un rifle? ¿En tu escuela hay detectores de armas? Te voy a llamar todos los días. Ponme a tu papá, por favor.

Este fragmento de diálogo no es lineal. Hubo gritos y un poco de llanto en medio de varias frases, regaños y sobre todo impotencia. Cuando colgó le temblaban las manos.

Su hijo tiene 17 años y vive en el condado de Broward, en la Florida, el sitio donde este 14 de febrero hubo una masacre que dejó 17 muertos. Blanche Ely High School suena diferente a Marjory Stoneman Douglas High School, sitio donde ocurrió la matanza, pero a ella esos nombres le parecieron iguales cuando escuchó la noticia en la televisión.

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