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“Lo que siguió nos horrorizó más allá de lo imaginable”: Relato de un testigo de las protestas estudiantiles de Bangladesh

Captura de pantalla de YouTube de grupos de estudiantes manifestantes que dirigen el tráfico en Dacca, Bangladesh, después de que dos buses que iban a velocidad atropellaran y mataran a dos adolescentes.

Por Saleh Ahmad

Como muchos otros estudiantes de secundaria, Abdul Karim Rajib, de 18 años, y Dia Khanam Mim, de 17 años, tenían muchas esperanzas y sueños. Uno quería ser oficial del Ejército, el otro quería ser banquero. El 29 de julio de 2018, cerca del mediodía, los dos adolescentes murieron en las calles de Dacca, capital de Bangladesh, cuando tres buses que hacían carreras entre sí los atropellaron por ninguna otra razón más que llegar primero y apiñar la mayor cantidad de pasajeros en sus ya atiborrados vehículos, para tener una máxima ganancia.

No fue un accidente aislado. Todos los años, más de 12 000 personas pierden la vida en accidentes de carreteras en Bangladesh, y esos son solamente los que se informan. Doce mil muertes que fueron completamente evitables si se hubieran cumplido las leyes. Decir que la aplicación de las leyes de tránsito en Bangladesh es negligente es quedarse corto.

Congestión vehicular cerca de New Market en Dacca, menos rickshaws, cuyo uso está prohibido en la calle. Foto vía Flickr (CC BY-SA 2.0).

Sin embargo, esta vez dijimos basta. “Los jóvenes bangladesíes como yo estamos cansados de temer por nuestras vidas en las carreteras —de tener miedo de que nos atropellen simplemente porque el conductor valora más ganar dinero que la vida humana. Estamos cansados de formar cadenas humanas en las vías solamente para que nuestros líderes nos ignoren. Estamos cansados de promesas vacías de personas que viajan en séquitos VIP sin tener que enfrentar nunca la precaria realidad de moverse por las calles de Bangladesh.

Por eso tomamos las calles y protestamos.

Comenzó con los estudiantes de Shaheed Ramiz Uddin Cantonment School and College, la secundaria de Rajib y Mim, en el lugar del accidente en el camino al aeropuerto, apenas minutos después de que ocurrió el atropello. Al segundo día, se difundió por la ciudad y para el tercer día, las protestas estaban en toda la ciudad, con participantes de casi todos los colegios de la ciudad.

Protesta estudiantil por la muerte de dos estudiantes atropellados en la vía al aeropuerto de Dacca. Imagen vía Wikimedia Commons de Asive Chowdhury CC: BY-SA 4.0.

Tomamos las principales intersecciones de la ciudad y protestamos por la muerte de Rajib y Mim, exigimos castigo ejemplar y que el Gobierno se ponga serio e implemente medidas de seguridad vial. Nuestras demandas están en una lista de nueve puntos.

Nos hicimos cargo del control del tráfico, nos aseguramos de que los vehículos mantuvieran sus carriles, que viajaran por el lado derecho y de que hubiera un carril libre para vehículos de emergencia. Nos aseguramos —tal vez por primera vez en la historia de la nación— de que se aplicaran estrictamente las reglas de tránsito, y que todos fueran iguales a los ojos de la ley.

Capturas de pantalla de Facebook que destacan algunos efectos de los esfuerzos de los manifestantes en la dirección del tráfico.

Detuvimos el séquito del ministro de Comercio, Tofail Ahmed, que iba en el lado equivocado de la vía. Detuvimos al subinspector general de la policía y descubrimos que su auto no tenía certificado de registro, y que su chofer no tenía permiso para conducir. Y cuando otro oficial de policía no pudo mostrar su permiso para conducir, nos aseguramos de que un colega suyo lo multara. Estas son apenas una parte de las infracciones de tránsito que encontramos entre los miles de autos que detuvimos. Y todo lo hicieron estudiantes adolescentes, como anunciaban nuestros carteles sin remordimientos.

En muchos modos, estas protestas representan la gran unificación de los estudiantes a través de currículum, género y clase social. Se unieron los universitarios, y los padres y tutores nos apoyaron con comida y agua. Por primera vez, se sentía un desborde de optimismo a menudo asociado con los jóvenes.

Composición de fotos tomadas de Facebook. Izquierda: estudiante sostiene cartel que dice: “No queremos internet con velocidad de 4G, queremos justicia coin velocidad de 4G. Centro: estudiante sostiene cartel que dice: “Excelente cosecha de limones en Dinajpur”, sobre el logo de BTV, en referencia al hecho de que el canal BTV no informó sobre las protestas; Derecha: cartel se burla de que los estudiantes asuman el control de la aplicación de la ley de tránsito.

Llegó el sábado 4 de agosto, y estábamos más decididos que nunca a seguir protestando. Para ese momento, el Gobierno había afirmado que aceptaría nuestros pedidos, pero en abril de 2018, los mismos líderes habían prometido a otro grupo de manifestantes, que distorsionaron los pedidos originales y los habian vuielto inviables. Nos negamos a dejar las calles hasta que empezaran a cumplir nuestros pedidos o presentaran un proceso sólido y detallado para cumplirlos. Así que seguimos protestando. Hasta que llegó la Liga Chhatra de Bangladesh (BCL), rama estudiantil del partido gobernante, Liga Awami.

Oficialmente, el propósito de BCL es animar la participación juvenil en política y cambio social. En realidad, son un grupo de jóvenes leales al partido que, a cambio de favores políticos, actúan como matones contratados cuando el Gobierno quiere evitar la reacción internacional que viene como respuesta a demostraciones de fuerza de entes oficiales, como la policía. Son una fuerza gubernamental, y esencialmente están sobre la ley, y no dudan en ejercer su impunidad.

No fue una sorpresa. Habían estado circulando rumores de que BCL planeaba incitar la violencia y que habría infiltrados en las protestas con uniforme escolar. El ministro del Interior declaró que fuerzas de seguridad del estado no “cargarían con ninguna responsabilidad si había algún acto de sabotaje en nombre del movimiento estudiantil”.

Nos preparamos y tomamos medidas. Nos formamos en círculos concéntricos, y quienes estaban en los exteriores revisaban las identificaciones antes de dejar entrar a los manifestantes. Sabíamos que había posibilidades de violencia y que la policía se quedaría sin hacer nada —o que ni siquiera asistiría, como ocurrió el 2 de agosto cuando un grupo de personas no identificados atacó a estudiantes en Mirpur, al nortesta de la capital, Dacca.

Pero lo que siguió nos horrorizó más allá de lo imaginable. Jigatola y las zonas circindantes en el centro de Dacca fueron la escena de un baño de sangre.

La intervención de BCL parecía destinada a dispersar a la multitud y a inflingir daño corporal: cientos de estudiantes quedaron gravemente heridos, como demuestran las imágenes de este artículo del Daily Star. Como informó Al Jazeera, periodistas de diversos medios fueron atacados y hasta acosados, mientras BCL se aseguraba de destruir tanto material como podían.

Más aterradores son las denuncias no confirmadas —sobre todo de imágenes en medios sociales— del presunto asesinato de al menos cuatro estudiantes y la violación de cuatro muchachas por parte de BCL. También hubo informes de que BCL tomó rehenes entre los estudiantes, y una denuncia no confirmada de que le habían arrancado los ojos a una persona. Jaachai, comunidad de verificación de datos en Facebook, señaló que aunque las denuncias de golpizas y enfrentameintos son ciertos, muchas imágenes que circulan con afirmaciones de muerte eran falsas. Según el diario británico The Guardian, la policía detuvo a una actriz bangladesí por “difundir rumores por decir en una publicación en Facebook de la muerte de un manifestante y que le habían arrancado los ojos a otro”.

La respuesta del Gobierno a las denuncias de violencia fue rápida. Se convocó a conferencia de prensa a las pocas horas para negar que esos terribles hechos hubieran ocurrido y que no había rehenes en las instalaciones de BCL. Un portavoz de BCL que afirmó no haber participado en la violencia fue fotografiado en las protestas realizando los actos que negaba. Y se supo que el “representante estudiantil” que habló en la conferencia de prensa era miembro del BCL con uniforme escolar.

En televisión, hubo un bloqueo casi completo a las acciones de BCL. El Gobierno empezó con la represión a comienzos de agosto, citó la política nacional de transmisiones de 2014 y una lista de leyes preexistentes, pero el 4 de agosto, los medios dejaron de informar. La velocidad de datos celulares en todo el país se redujo casi totalmente, lo que afectó la capacidad de los manifestantes de comunicarse y organizarse. Y el Gobierno siguió negando haber auspiciado la violencia, y envió un mensaje de texto a muchos celulares en el país:

Reports of murder and rape of students in the capital’s Jigatola have no truth to them. This entire story is fictitious. Please do not be confused by this. Assist the police by providing information against people who are sharing this fake news – Ministry of Home Affairs.

Las denuncias de asesinato y violación de estudiantes en Jigatola, en la capital, no son ciertas. Toda la noticia es ficticia. Por favor, no se dejen engañar. Ayuden a la policía con información contra personas que están difundiendo estas noticias falsas – Ministerio del Interior.

Las protestas continuaron el domingo 5. Muchas estudiantes prefirieron no asistir, por temor a su seguridad. En una conferencia sobre tecnologia de fibra óptica, el primer ministro, Sheikh Hasina, reiteró que los informes de violencia, asesinato y violación por parte del Estado eran “noticias falsas”.

Hacia el mediodía, la policía y BCL habían reprimido la mayoría de protestas en la ciudad con gas lacrimógeno y cocteles molotov. Se pidió a los periodistas que no pidieran información a la policía. Al norte de Dacca, en Uttara, los manifestantes lograron contener un ataque de BCL hasta las 4 p.m.

El Gobierno está usando los poderes combinados de todos los entes que tiene para reprimir los disturbios tan rápido como sea posible. El domingo, el ministro del Interior dijo que las autoridades habían estado “mostrando paciencia”, y que los manifestantes no debían creer que podían “seguir pasando los límites mientras nos sentamos y miramos. Recurriremos a la acción dura si se cruzan los límites”. Y el ministro de Educación amenazó con responsabilizar a los colegios si los estudiantes salen a protestar.

Todo lo que queríamos era vías más seguras donde no tuviéramos que preocuparnos por nuestras vidas todos los días. No pedimos leyes mágicas nuevas, todo lo que queremos es aplicación estricta de las leyes que el propio Parlamento ha aprobado, que ya existen. Pero el Gobierno respondió con esta brutal represión. Nuestro optimismo sin límites finalmente se encontró con la sombría realidad de nuestro país.

El lunes 6 de agosto, Human Rights Watch emitió una declaración de denuncia las acciones del Gobierno bangladesí y de exhortación para “procesar a todo aquel ataque a menores con palos y machetes, incluidos seguidores de los jóvenes del partido gobernante”.

Saleh Ahmad es estudiante y vive en Dacca, Bangladesh.

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