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Refugiados sirios en el Líbano siguen esperando reasentamiento

Samir, originario de Siria, en su casa en un improvisado campo de refugiados sirio en el valle liban+es de la Becá. Foto de Darrian Traynor, usada con autorización.

“El campo es ahora mejor de lo que era”, dijo Abu Iday a Global Voices. En su calidad de líder informal de una pequeña agrupación de refugiados sirios del campo Al-Rihaniya en Akkar, al norte del Líbano, Iday agrega: “Aunque sigue siendo como una prisión”.

El reasentamiento es la única esperanza de una vida mejor para los cerca de un millón de refugiados en el Líbano, pero suele incluir una impredecible espera en difíciles circunstancias.

Aunque tienen electricidad, los refugiados deben recoger agua a lo largo del camino y usar retretes comunitarios. Unos mil habitantes viven en carpas improvisadas que entrega el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), a pesar de vivir en el sitio desde hace años. En teoría, los ocupantes pueden salir del centro, pero deben pasar controles de seguridad.

Abu Iday recuerda:

One resident went out and got stopped at a checkpoint near Tripoli [Lebanon] and put in jail for three days because he didn’t have the proper ID. On his way home after his release, he got stopped at the same checkpoint in the other direction and spent another three days in jail.

Un ocupante salió y lo detuvieron en un puesto de control cerca de Trípoli [Líbano] y lo metieron en la cárcel durante tres días porque no tenía una cédula de identificación adecuada. Cuando volvía a casa tras su liberación, lo detuvieron en el mismo puesto de control en la otra dirección y pasó otras tres noches en prisión.

Es común que los refugiados sirios en el Líbano tengan experiencias como las de “Esperando a Godot”. Aunque la mayoría aspira a regresar a Siria, muchos han desertado del servicio militar obligatorio o han tenído desacuerdos previos con el actual régimen, lo que complica la posibilidad de un regreso –aunque la guerra termine.

La mayoría de refugiados sirios en el Líbano no tienen identificación de seguridad, lo que restringe su libertad de movilización pese a los supuestos beneficios de la política oficial de ACNUR de brindar otras opciones a los campos de refugiados. En realidad, son muchos los refugiados que no reciben ayuda si no tienen dirección oficial, y deben pagar rentas extobitantes por alojamientos sin condiciones de habitabilidad o pequeños terrenos para colocar su carpas. Los lugares donde se congregan las familias de refugiados, que pueden llegar a los centeneres, son simplemente conocidos como “reuniones”.

Hace algunos años, el ACNUR entregaba cuotas de unas 260 000 libras libanesas (175 dólares estadounidenses) mensuales por familia. Pero el financiamiento del ACNUR se redujo drásticamente y los refugiados ya no reciben dinero, solamente un paquete de comida. El pago para atención médica o combustible para los calentadores (muy necesarios en invierno) debe salir de sus bolsillos.

Niños juegan en un improvisado campo de refugiados sirio en el valle de la Becá, en el Líbano. Foto de Darrian Traynor, usada con autorización.

A la espera del reasentamiento, una espera a la vez

“Iríamos a cualquier sitio”, dice Abu Adel, habitante de Al-Rihaniya. Hace casi 18 meses, fue invitado con su familia a asistir a una entrevista de reasentamiento de ACNUR.

Después de dos largos días de entrevistas en las oficinas de ACNUR en Trípoli, donde cada detalle de su vida en Siria quedó expuesto, la familia se alegró cuando las autoridades les informaron que habían verificado su historia y que cumplían con los requisitos para su reasentamiento en Francia.

Llovieron las felicitaciones del personal de ACNUR mientras la familia regresó a al-Rihaniya, donde recibieron más feilcitaciones y se despidieron de sus vecinos y amigos. Pasaron unos días, luego semanas y después meses sin recibir noticias de ACNUR sobre su reasentamiento.

Tras cinco meses de espera, Abu Adel finalmente recibió una llamada: “Disculpas por la demora, pero Francia no aceptó su expediente”. Casi un año después, la colocación de la familia sigue bajo evaluación para reasentamiento en otros países.

Abu Adel y su esposa dentro de su carpa en un improvisado campo de refugiados sirios al norte del Líbano. Foto de Darrian Traynor, usada con autorización.

El proceso de reasentamiento suele estar cargado de caprichos como ese.

Samir, originario de Hama, Siria, vive ahora en una agrupación informal en el valle del Bacé. En su noche de bodas en 2012, las fuerzas de seguridad del régimen de Bashar al-Assad fueron a arrestarlo por sospechas de que estaba involucrado en la rebelión.

Los soldados se compadecieron de Samir en su noche de bodas, pero le advirtieron que volverían al día siguiente. Tras las nupcias, Samir y su esposa Hiba huyeron al Líbano. En marzo de 2017, casi cinco años después, la pareja participó en una serie de entrevistas con ACNUR y también recibieron aprobacion para su reasentamiento.

Sin embargo, Samir tiene un hijo de 17 años de un matrimonio anterior que vive con Samir y Hiba. Como entonces era menor, para que su hijo también pudiera ser incluido en el reasentamiento, Samir tenía que tener autorización de la madre de su hijo, que ahora vive también como refugiada en el campo Zaatari al norte de Jordania. Completar los trámites resultó ser muy complicado.

Finalmente, el hijo de Samir sumplió 18 años y ya no necesita el permiso de su madre para viajar. Samir y su familia esperan que el ofrecimiento de reasentamiento de ACNUR siga vigente.

Sara, refugiada iraquí de Mosul que vive ahora en el Líbano, contó una historia similar sobre su hermano Ahmed, que fue reasentado en Australia a comienzos de 2107. Desde entonces, en el Líbano, Sara espera la solicitud de reasentamiento de su propia familia de acuerdo con el programa de reunificación familiar.

“Han procedido con reasentar a muchas personas”, dice. “También presentamos la solicitud a Australia, pero estamos esperando desde hace más de 18 meses”.

En la segunda mitad de agosto de 2018, Sara se enteró de que su hermano recibió una carta de denegación de la solicitud de su familia casi seis meses antes, pero por su escaso conocimiento de inglés no había entendido bien el mensaje.

Decepcionada y frustrada, Sara espera para volver a intentar a través de otro canal de reasentamiento de refugiados del Gobierno australiano –el actualizado Programa de Apoyo Comunitario (CSP). El programa hace que los refugiados con declaraciones válidas para reasentamiento paguen hasta $50 000 dólares australianas (36 500 dólares estadounidenses) por persona.

“Los detalles del CSP actualizado debían finalizar en julio de 2017″, dijo un trabajador de la Hermandad de San Lorenzo (organización con aprobación para aceptar refugiados), “pero recién nos enteramos del programa en marzo de 2018″.

Esta demora impidió que muchos refugiados en el Líbano presentaran solicitudes para otros países.

‘¡Apúrate y espera!’

Refugiados como Sara, Samir, Abu Adel y otros miles en el Líbanon siguen ‘apurándose y esperando’ en una serie de demoras y falsas promesas.

A su llegada en el Líbano, los refugiados se sienten presionados a registrar su condición para iniciar el proceso de reasentamiento solamente para esperar plazos indefinidos en que procedimientos altamente burocráticos siguen su curso.

Por otro lado, muchos refugiados pasan por el enfurecedor vacío de la espera que parece un oscuro requisito del propio proceso de reasentamiento.

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