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¿Los macedonios desean que su país se afilie a la OTAN y Unión Europea? Histórico referéndum lo decidirá

Rally in Skopje, MAcedonia in support for the referendum on EU and NATO accession.

Mitín a favor del referéndum realizado el 16 de septiembre, 2018 en Skopie. Fotografía de Andreja Stojkovski via Twitter, utilizada con autorización.

El 30 de septiembre, los macedonios votaron en un referéndum para decidir si su país debería afiliarse a la alianza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Europea.

El referéndum forma parte de un proceso que inició en 1993, cuando todos los partidos políticos de la recién creada República de Macedonia declararon que afiliarse a la OTAN era una prioridad estratégica clave. Muchos creen que ingresar a la alianza militar ayudaría a proteger al país, situado en la volátil región balcánica, de la agresión externa y guerra civil. Años más tarde, el país realizó un compromiso similar: luchar para obtener la membresía en la Unión Europea.

Para ingresar a la OTAN y la Unión Europea se requiere de un consenso de todos los miembros existentes, por lo tanto, Macedonia primero necesitó resolver las disputas bilaterales con sus vecinos, algunos de los cuales ya forman parte de ambas organizaciones.

El mayor obstáculo fue la antigua disputa del nombre con Grecia, que ha obstruido el desarrollo de Macedonia durante 27 años. En junio de 2018, como precondición para eliminar el veto de Grecia en su afiliación con la Unión Europea y OTAN, Macedonia ratificó un acuerdo que le obliga a cambiar su nombre por República de Macedonia del Norte.

Pese al acuerdo, el cambio de nombre continúa siendo un problema central. El referéndum del 30 de septiembre preguntó explícitamente:

‘Are you in favour of EU and NATO membership by accepting the Agreement between the Republic of Macedonia and the Republic of Greece?’

¿Está a favor de la afiliación con la Unión Europea y la OTAN y aceptar el acuerdo entre la República de Macedonia y la República de Grecia?

Una mayoría debe participar

El referéndum no tiene efectos jurídicos vinculantes, más bien es de índole informativo, y solo se considerará válido si una mayoría de votantes registrados participa. No obstante, no alcanzar el 50 % de votantes requerido no detendría el proceso de adhesión con ambas entidades, pues requiere de la participación del Parlamento.

De acuerdo con un usuario de Twitter:

El 30 de septiembre nos brinda una oportunidad para alejarnos finalmente del statu quo que nos retuvo, y librarnos por fin de un extraño problema que nos ha reprimido durante casi 30 años. Es por eso que voto.

Para otros usuarios, el referéndum es simbólico y catártico, puesto que representa un giro hacia el “camino correcto” tras una “década pérdida” de retroceso democrático, por lo que muchos estaban a la expectativa:

Todo el Estado se volvió neurótico, lo dejan todo para después del 30 [de septiembre]. Incluso si quisieras comprar un emparedado, tal vez la vendedora te diga, ‘Ahora no, lo preparo después del 30, luego de que se esclarezca la situación’.

Llamados al boicot

Esta ansiedad puede relacionarse con la campaña de boicot que realizaron los opositores populistas de derecha, que fue dirigida por varios partidos no parlamentarios, incluidos los que están a favor de los rusos, los euroescépticos y Macedonia Unida, contrario a la OTAN, que se formó al estilo de Rusia Unida de Putin.

La campaña avivó el temor entre los macedonios de origen étnico, pues presentó al cambio de nombre del país como el primer paso hacia un callejón sin salida que conllevará al genocidio o al etnocidio. La campaña estuvo impregnada de información errónea y discurso de odio, desde malinterpretar intencionalmente las consecuencias del acuerdo con Grecia hasta declarar que el Gobierno concedió la ciudadanía a los albaneses de Kosovo para incrementar el número de votos “afirmativos”. Incluso hubo sugerencias de fraude electoral, a lo que un usuario de Twitter replicó:

Cuando piensas realmente que las autoridades planean un fraude electoral, los ciudadanos salen a votar para hacérselo más difícil, no se quedan sentados en casa.

Entretanto, VMRO-DPMNE, el principal partido opositor y miembro del conservador Partido Popular Europeo (EPP), se mantuvo al margen, sin respaldar abiertamente la campaña de boicot ni exhortar la participación de sus simpatizantes en el referéndum para votar contra el acuerdo con Grecia, que considera como “una rendición“.

Otros miembros del PPE acusaron a VMRO-DPMNE de hipocresía, ya que funcionarios de alto rango participaron personalmente en el boicot, y la campaña fue promovida vigorosamente por medios de comunicación importantes conocidos por ser portavoces del partido.

Los representantes del partido gobernante SDSM también afirmaron que VMRO-DPMNE intentó realizar un trato, en el que prometía apoyar el referéndum si se concedía amnistía a antiguos líderes de sus partido que están en juicio por corrupción. El Gobierno se rehusó, por lo que la postura indecisa de VMRO-DPMNE se interpretó extensamente como una señal de debilidad:

VMRO-DPMNE no tiene una postura oficial con respecto al problema más importante de Macedonia, y declaró que el pueblo debería votar de acuerdo con sus propia preferencia. En las próximas elecciones, espero que adopten la misma postura y que no recomienden por quién votar.

Tácticas de medios sociales y acusaciones sobre Rusia

En los medios sociales, la campaña “Yo boicoteo” (#бојкотирам) se originó a medidados de 2018, y consistió principalmente en perfiles anónimos de medios sociales y marionetas del ejército de troles del VMRO-DPMNE. Los observadores percibieron un aumento en la cantidad de nuevos perfiles en agosto de 2018, y se sospechó que eran bots automáticos creados fuera del país. También difundieron la campaña a través de perfiles vinculados a pesonas específicas, como defensores extranjeros del VMRO-DPMNE, organizaciones nacionalistas macedonias que operan fuera del país, y el presidente de Macedonia, que obtuvo el cargo con apoyo del partido.

Aproximadamente 50 personas asistieron al mitín de la campaña de boicot en Ohrid, el 22 de septiembre. Fotografía de GV, CC-BY.

Fuentes occidentales acusaron a Rusia de intentar obstruir la consolidación del proceso de la OTAN y la Unión Europea; Cuando se cuestionó al primer ministro Zoran Zaev, dijo diplomáticamente que las autoridades no han encontrado “evidencia de influencia rusia directa con “noticias falsas” concernientes al referéndum, y que confía en los aliados de la OTAN de Macedonia con respecto a este asunto.

No obstante, antes de esa declaración, Zaev fue menos reservado en señalar los intentos relacionados con el Kremlin –incluida la financiación de las protestas violentas de parte de un oligarca greco-ruso– para obstruir el acuerdo con Grecia. Además, un periodista independiente descubrió que, en 2005, una especialista rusa de granjas de troles llamada Anna Bogacheva realizó una visita a Macedonia por negocios. Desde entonces, la consideraron una de los 13 ciudadanos rusos acusados de presuntamente interferir en las elecciones de Estados Unidos en 2016.

La campaña “Yo boicoteo” también empleó tácticas que utilizan los ultraconservadores estadounidenses, como el meme de Pepe la rana, que fue ridiculizado incluso por los miembros del VMRO-DPMNE, que no pudieron comprender cómo el símbolo de su partido, el poderoso león, se redujo a una rana.

Listos para el cambio

Hubo intentos, en su mayoría a través de ciberacoso, de intimidación dirigidos a activistas y figuras de derecha opositoras que dijeron que participarían en el referéndum. La revelación del exministro de Gobierno de VMRO-DPMNE, Nikola Todorov, quien dijo que votaría “no”, lo expuso a acoso particularmente brutal en Facebook. Pero a pesar de algunos problemas de amenazas, los observadores no esperaron mucha violencia.

Varios ciudadanos expresaron también su apoyo por el referéndum, como una herramienta definitiva de la democracia, y por la campaña de participación respaldada por el Gobierno:

Durante casi tres décadas hemos vivido en una cueva, mientras anhelamos que el mundo sepa de nosotros y nos acepte.
De todo eso, el mundo solo sabe que hemos vivido en una cueva
¡Yo voto!

Si tomaramos en consideración las encuestas realizadas en los meses anteriores al referéndum, la mayoría de los ciudadanos macedonios están preparados para el cambio, aunque esto signifique aceptar la amarga píldora de modififcar el nombre a cambio de los beneficios a largo plazo de la afiliación con la OTAN y la Unión Europea.

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