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Salvadores blancos, escuelas liberianas

Fundadora de More Than Me, Katie Meyler, en Liberia, el 19 de septiembre de 2016. Foto de Wikimedia Commons de la cuenta oficial en Flick de More Than Me.

Hacia mediados de octubre de 2018, ProPublica, proyecto estadounidense de periodismo de investigación, publicó Desprotegida, historia que versa sobre un escándalo de abuso sexual masivo en More Than Me (MTM), ONG que opera principalmente en escuelas para apoyar a las niñas liberianas más vulnerables de West Point, Monrovia. El resumen hizo que muchos se preguntaran cómo puede haber una negligencia tan grave, si bien están surgiendo por toda África escuelas privadas gestionadas por ONG como MTM, un ideal altruista a la vez.

More Than Me fue fundada en 2008 por la estadounidense Katie Meyler, y el liberiano Macintosh Johnson. La fe evangélica de Meyler en la misión de MTM la ayudó a recaudar 8 millones de dólares de donantes internacionales, personalidades y filántropos. Desde su origen, MTM pasó de una a 19 escuelas diferentes, con más de 4000 estudiantes.

Meyler y Johnson no contaban con experiencia en educación ni desarrollo, pero en Liberia, donde un 60 % de los niños en edad escolar no va a la escuela, Meyler se presentó como una especie de salvadora que podía levantar un sistema educativo diezmado.

En 2013, la presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, consideró que el sistema educativo era “un desastre” después de que 25 000 estudiantes de educación secundaria desaprobaran los exámenes estatales. En plena recuperación de una guerra civil y de una crisis devastadora provocada por el ébola, y en busca de soluciones desesperadas, el Gobierno liberiano recurrió a donantes y benefactores internacionales.

El día de inauguración de la academia de MTM, la presidenta Sirleaf apoyó a Meyler, dho que lo que más quería para su país era “expandir la iniciativa de Katie Meyler a cuantas comunidades fuera posible”.

Con pocas restricciones legales, requisitos u obstáculos, Meyler estableció MTM como una organización de renombre con pubilcaciones en redes sociales de una fascinante historia de salvación.

Culpabilidad sin consecuencias

No obstante, a finales de 2012 ya habían empezado a circular por la comunidad MTM rumores que acusaban a Johnson de abuso sexual. Para ese momento, Meyler galopaba como “estrella de la caridad” por el mundo de la élite de filántropos, había obtenido un premio de 1 millón de dólares de JPMorgan Chase y el reconocimiento de la revista Time como Persona del Año en 2014 por su labor contra el ébola. Según ProPublica, Meyler sospechaba desde 2011 de la preferencia de Johnson hacia las muchachas, pero ambos tenían una relación intermitente, por lo que ella no actuó rápida y decisivamente contra él. Otros que sospechaban de Johnson dudaron sobre comparecer porque les preocupaba que Meyler prefiriera a su pareja antes que a las chicas, explicó Iris Martor, enfermera en una escuela de MTM.

La investigación de ProPublica confirma que Johnson violó y abusó de casi la tercera parte de las alumnas, algunas hasta de 10 años de edad. El personal de MTM denunció finalmente a Johnson ante la policía, que lo detuvo e investigó penalmente, con varias vistas judiciales. Meyler siguió comunicándose con Johnson mientras estuvo arrestado, pero no acudió a las audiencias. Johnson murió a causa del SIDA antes de que se resolviera el juicio. ProPublica confirmó que varias niñas violadas por Johnson también contrajeron VIH.

MTM negó todas las malas prácticas, salvo haber contratado a Johnson. La junta directiva de MTM defiende que MTM creó un “entorno seguro” con total compromiso por los derechos y la protección de los menores. Meyler se presentó en la historia como otra víctima de Johnson y elogió a las chicas que tomaban acciones, y prometió luchar aún más por su protección. MTM ofreció becas y alojamiento para algunas víctimas de Johnson, pero otras se retiraron y al menos una volvió a la dura vida de la calle.

Salvadores blancos, estados frágiles

Hoy en día, MTM sigue operando en relación directa con el Gobierno liberiano. En 2016, el Ministerio de Educación lanzó Escuelas Unidas por Liberia en el Programa de Avance de la Educación en Liberia, y subcontrató a casi cien 100 escuelas para ONG con y sin fines de lucro, incluidas a MTM, Bridge International Academies (investigada también por prácticas engañosas), Rising Academies, entre otras.

La unión de docentes en Liberia y en otros países, y profesionales del desarrollo que se oponen a la privatización de la educación en África, condenaron esta iniciativa. Con todo, y pese a los resultados mixtos en su primer año, el Gobierno planea duplicar el número de escuelas con subcontratación para 2019, siguiendo una creciente tendencia del continente africano. Un estudio estima que uno de cada cuatro niños africanos (66 millones) asistirá a escuelas privadas en 2021.

De las siete asociaciones originales en Liberia, más de la mitad fueron fundadas por blancos no africanos, motivados por misiones financiadas más por filántropos altruistas que por conocimiento contextualizado. La raza, el género y el privilegio jugaron un papel esencial en la formación de MTM y en organizaciones similares. Como estadounidense blanca, Mayler obtuvo autorizaciones que una liberiana de color no hubiera recibido, como refirió Chidegar “Chid” Liberty, exdirectiva de MTM, a ProPublica.

“No se sabía lo mal que podría salir todo si las estructuras pertinentes del Gobierno no estaban preparadas”, dice Liberty, estadounidense-liberiana que vive parte del tiempo en Monrovia.

El desconocimiento deliberado de Meyler está vinculado al “complejo del salvador blanco”, término que hace referencia a blancos cuyo propósito es ayudar a gente de color que está arraigado a una historia de colonialismo y racismo que sigue perpetuando el deteriorado estereotipo de una África negra “incivilizada”. El escritor Teju Cole lo llama el Complejo Industrial del Salvador Blanco, porque claramente se gana dinero si se interfiere en la vida de otros.

Liberty, quien salió de la directiva en 2015, contó a ProPublica que cree que la organización “jugó un papel significativo en el gran crimen institucional contra estas chicas”.

“En cualquier otra parte del mundo, todo implicado rendiría cuentas”, dijo Liberty, sugiriendo que Meyler y el privilegio blanco de la organización conformó cada aspecto de la filosofía y acciones de MTM.

Aumentar o disminuir

Los planes de Liberia para aumentar las asociaciones de escuelas públicas y privadas no tienen precedente en el continente. Desde Bill Gates a Mark Zuckerberg, los filántropos que pertenecen a ProPublica hablan de un “mundo enrarecido de trotamundos solucionadores de problemas” que hacen que fracasen Gobiernos con perspectivas abusivas. El grupo reconoce la oportunidad de invertir en la educación africana, y en cómo se podría disfrazar fácilmente de altruismo.

Los que proponen la privatización de las escuelas insisten en que los centros privados simplemente son mejores que las escuelas públicas. Pero tal y como muestra la deblace de MTM, su frenética insistencia en un aumento rápido –que supone un rápido rendimiento de sus inversiones emocionales y financieras– puede acabar en violaciones de derechos humanos de proporciones épicas.

Si naciones como Liberia fracasan al concebir la educación como un derecho humano universal garantizado por el Estado, su lucha por renovar su sistema educativo seguirá dependiendo de que organizaciones como MTM llenen el vacío.

En una carta del 14 de octubre publicada en el sitio web de MTM, Meyler anunció que abandonará temporalmente su cargo de directora general mientras la organización lleva a cabo su propia investigación de las acusaciones presentadas en el documento de ProPublica.

Indiscutiblemente, se cometieron delitos terribles en instalaciones escolares de MTM sin que nadie asumiera la responsabilidad. Meyler sometió a las chicas más vulnerables de Monrovia a una fantasía evangélica de “salvación” cuyo control perdió aterradoramente, puso a las chicas en peligro con todas las metáforas del desarrollo “benefactor.

Sin embargo, cualquiera que pase un tiempo en África conoce a alguien como Meyler, quizás hasta reconoce su idealismo en los propios proyectos. Pese a las fuertes críticas, la industria del voluntariado (con 173 000 millones de dólares) está en auge en el continente, y ofrece a jóvenes idealistas la libertad de hacer realidad sus fantasías de salvador a expensas de comunidades más vulnerables. Desde Instagram a charlas TED, hay un coro global preparado para el próximo sermón.

Una poderosa combinación de privilegios e incompetencia suele derivar en graves errores. He cometido errores y conozco a amigos, colegas y antiguos estudiantes que también han recorrido las complejidades de proyectos de desarrollo sin tener experiencia ni conocimiento. El desarrollo real lleva tiempo, no hay soluciones rápidas.

No todos los proyectos se echan a perder como le ocurrió a MTM, y no todos los blancos que trabajan en África son irresponsables. La competencia trasciende la raza, la clase y el género. Pero la historia de Meyler es una señal de alarma para las estructuras, solidaridad, responsabilidad e integridad cuando se trata del desarrollo, si tenemos la intención de seguir trabajando así.

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