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¿Por qué los gobiernos africanos criminalizan el discurso en línea? Porque le temen a su poder

Estudiantes de la Universidad de Haramaya en Etiopía haciendo un gesto antigubernamental cuasi oficial. Foto ampliamente difundida en las redes sociales.

El paisaje africano, en cuanto a la libre expresión en línea y el descuerdo, se está endureciendo gradual pero constantemente. En términos legales y económicos, el costo de expresarse está aumentando de manera rápida a lo largo del continente.

A la mayoría de los Gobiernos se los considera democráticos porque llevan a cabo elecciones en las que participan candidatos de diferentes partidos y porque profesan ideales participativos. Sin embargo, en la práctica, muchos funcionan de manera más parecida a una dictadura, y parece ser que con cada día que pasa, afirman más su control sobre el espacio digital.

Recientemente, Camerún, Tanzania, Uganda, Etiopía, Nigeria y Benín han sido testigos de cortes en el suministro de internet, de impuestos que se han ordenado al uso de blogs y redes sociales, y de la detención de periodistas. Se han arrestado a trabajadores de los medios de comunicación y a ciudadanos por causas que van desde publicar “información falsa”revelar secretos de Estado y hasta terrorismo.

En el Foro sobre la Libertad de Expresión en Internet en África (FIFA, por sus siglas en inglés), que este año se llevó a cabo en Acra, Ghana, un grupo de oradores de varios países de africanos dijeron que todos temían que los Gobiernos del continente estuviesen interesados en dominar el espacio digital para así mantener a sus ciudadanos bajo control.

Muchos de estos países tienen leyes que garantizan el derecho a la libertad de expresión. En Nigeria, por ejemplo, la Ley de Libertad de Información reconoce el derecho civil a exigir información a cualquier organismo gubernamental. El artículo 22 de la Constitución de 1999 contempla la libertad de prensa, mientras que el artículo 39 estipula que “toda persona tendrá derecho a la libertad de expresión, que incluye la libertad a defender, recibir e impartir ideas e información sin ninguna interferencia…”.

Sin embargo, en Nigeria se han promulgado otras leyes, que usan las autoridades para justamente privar a los ciudadanos de los derechos anteriormente mencionados.

El artículo 24 de la Ley de Delito Cibernético criminaliza “a todo aquel que difunda sabiendo que es falso, con el propósito de causarle a otro enojo, molestia, peligro, obstrucción, agravios, daño, intimidación penal, hostilidad, odio, mala voluntad o preocupación innecesaria, o que cause que se envíen mensajes con estas características”.

Es preocupante que se redacten leyes que contengan cláusulas ambiguas y subjetivas como “molestia” o “agravios”. Los Gobiernos y quienes los integran suelen utilizar este mecanismo como una pantalla para suprimir la libertad de expresión.

¿Quién determina qué se entiende por agravio? ¿Deberían los funcionarios públicos esperar a desarrollar la resistencia necesaria? Si en muchas partes del mundo los ciudadanos tienen derecho a criticar a sus funcionarios públicos, ¿por qué entonces los africanos no tenemos ese derecho como parte esencial de la libre expresión?

Tanto en 2016 como en 2017, a los periodistas y blogueros Abubakar Sidiq Usman y Kemi Olunloyo se les acusó falsamente de ciberacoso con relación a investigaciones periodísticas, al amparo de la ya mencionada Ley de Delito Cibernético.

No sufras en silencio – continúa alzando la voz

La propia existencia de estos retos legales es lo que le hace saber a los ciudadanos que sus voces importan. Desde la prohibición en Tanzania sobre difundir información en línea que sea “falsa, engañosa, errónea o inexacta”, al impuesto al uso de redes sociales en Uganda — que intenta reducir los “chismes”–, todo el ruido que se generó en las plataformas digitales asusta a los regímenes opresivos. En algunos casos, puede que este ruido incluso los lleve a desistir de sus acciones.

Tal es el caso de los blogueros de Zone9 de Etiopía, que constituye un ejemplo impactante.

En 2014, encarcelaron y torturaron a nueve escritores etíopes por un proyecto de blog colectivo en donde escribían sobre las violaciones a los derechos humanos perpetradas por el anterior gobierno de Etiopía. Allí, se atrevían a enfrentar al poder con la verdad. Por su actividad en línea, el Estado los catalogó como “terroristas” y los mantuvo detenidos por casi 18 meses.

Mahlet (izquierda) y Zelalem (derecha), integrantes de Zone9, reciben con alegría la libertad a Befeqadu Hailu (el segundo desde la izquierda, con bufanda) en octubre de 2015. Foto publicada en Twitter por Zelalem Kiberet.

Seis miembros del ahora liberado grupo hicieron su primera aparición internacional en la conferencia FIFA en Ghana. Estuvieron presentes: Atnaf Berhane, Befeqadu Hailu Techane, Zelalem Kibret, Natnael Feleke Aberra y Abel Wabella. También asistió Jomanex Kasaye, que había trabajado con el grupo antes de los arrestos pero no lo habían arrestado.

Varios habían colaborado con Global Voices como autores y traductores al amhárico. Como miembros de la comunidad, Global Voices hizo campaña y movilizó a la comunidad global de derechos humanos para protestar por el arresto desde la noche de los arrestos.

Luego de meses de escribir artículos y promover su caso en Twitter, se hizo sentir la condena internacional de Gobiernos y destacados líderes de derechos humanos por el arresto y prisión, cientos de miles los apoyaron en línea. De todos los rincones del planeta, surgió un fuerte clamor que pedía al Gobierno etíope que liberara a los blogueros de Zone9..

En sus consideraciones en el Foro sobre la Libertad de Expresión en Internet en África (FIFA), los blogueros declararon que su afiliación a la comunidad de Global Voices fue clave para dar visiblidad a su arresto. En su ponencia, dieron crédito a Global Voices por mantenerlos con vida.

Berhan Taye, moderador de la ponencia, pidió al grupo que narraran sus experiencias en prisión. Mientras hablaban, las luces del escenario se hicieron tenues; sus voces llenaron la sala con un silencioso poder.

Abel Wabella, que administró el sitio de Global Voices en amhárico, sufrió la pérdida de la audición en un oído por la tortura que soportó por negarse a firmar una confesión falsa.

Atnaf Berhane recordó que una de las torturas que sufrió duró hasta las 2 am y que continuó después de unas pocas horas de sueño.

Uno de los agentes de seguridad que arrestó a Zelalem Kibret había sido su alumno en la universidad donde daba clases.

Jomanex Kasaye narró la agonía mental de dejar Etiopía antes del arresto de sus amigos, la angustia de la impotencia, la interminable espera y el temor de que sus amigos no salieron con vida.

Blogueros de Zone9 juntos en Adís Abeba, 2012. De derecha a izquierda: Endalk, Soleyana, Natnael, Abel, Befeqadu, Mahlet, Zelalem, Atnaf, Jomanex. Foto cortesía de Endalk Chala.

Modestamente, los blogueros de Zone9 afirmaron: “No somos personas fuertes ni valientes… Solamente nos alegramos de inspirar a otros”.

Con todo, los blogueros redefinieron patriotismo con sus palabras y sus acciones. Hay que tener un enorme coraje para amar a tu propio país luego de haber sufrido por alzar la voz.

El periodista ugandés Charles Onyango-Obbo, que también participó en la conferencia FIFA, dijo un proverbio igbo popularizado por el escritor nigeriano Chinua Achebe que dice:

Since the hunter has learned to shoot without missing, Eneke the bird has also learnt to fly without perching.

Como el cazador ha aprendido a disparar sin fallar, el pájaro Eneke también ha aprendido a volar sin asentarse en ningún lugar.

Con esto quiso reflejar que, para mantener a las plataformas digitales libres y a salvo, los involucrados en esta lucha deben idear nuevos métodos.

Los activistas de primera línea por el derecho a la libre expresión en el África subsahariana y alrededor del mundo no pueden permitirse trabajar de manera aislada ni callar por miedo con frustración y derrota. Con nuestra fuerza y unidad, los espacios digitales permanecerán libres para afianzar la democracia a través de una viva disidencia.

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