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Intento de censura a novelista disidente ensombrece la antes vibrante escena cultural de Hong Kong

Ma Jian declara a la prensa a su llegada al aeropuerto internacional de Hong Kong. Foto: RTHK, captura de pantalla vía HKFP.

Los intentos de impedir que un controvertido novelista chino dé un conferencia en el Festival Literario Internacional de Hong Kong han despertado los miedos sobre el futuro de la expresión artística en Hong Kong.

Ma Jian, cuyos libros están vetados en la China continental desde 1987 y que vive exiliado en el Reinio Unido desde 2011, debía presentarse el 10 de noviembre para participar en un debate sobre la literatura de Hong Kong, y en otro para hablar de su última novela, Sueño de China.

La novela golpea políticamente al presidente chino Xi Jinping, y fue descrita por Penguin Books, que la publica, como una “mordaz sátira del totalitarismo que revela lo que le pasa a una nación cuando está cegada por el materialismo, y gobernada por violencia y mentiras”. La versión china del libro se publicará en Taiwán en 2019.

Ma no ha conseguido editor en Hong Kong, lo que no es sorpresa. En 2015, cinco libreros de Hong Kong desaparecieron, y luego se supo que las autoridades chinas los habían detenido. Uno de esos libreros se encuentra aún retenido, según Amnistía Internacional. Los cinco eran conocidos por tratar con libros de temas políticamente delicados.

Dos días antes de la esperada comparecencia de Ma en Hong Kong, Tai Kwun, centro de actividad artística y cultural recientemente renovado donde daría su conferencia, se retractó, y pidió a los organizadores del festival que reubicaran las charlas de Ma.

Aunque la decisión de cancelar se revirtió por la indignación internacional, el intento de dejar a fuera a Ma de la mayor actividad literaria de Hong Kong hizo que muchas personas se preguntasen qué le espera a la cultura y la literatura de la región en el futuro.

South China Morning Post, el mayor diario en inglés de Hong Kong, publicó un artículo de opinión en el que tildaba la actitud del recinto como “acto de autocensura”:

“…it appears to be an example of venue operators second-guessing where Beijing’s red lines may lie – and getting it wrong. Such actions pose a serious threat to artistic freedom”.

…parece un ejemplo de los anfitriones que prevén dónde están las ‘líneas rojas’ de Pekín, y que se equivocan. Esas acciones representan una grave amenaza para la libertad artística.

En el vigésimo aniversario del regreso de Hong Kong a China en 1997 (antes bajo control británico), el presidente Xi Jinping trazó una “línea roja” de prohibición a las sugerencias de independencia de Hong Kong. Esta “línea roja” parece impedir ahora cualquier referencia a la autodeterminación de Hong Kong.

Hasta se consideró que organizar una charla sobre la independencia de Hong Kong, planteada por el Club de Corresponsales Extranjeros (FCC), cruzaba la línea.  A Victor Mallet, subdirector del FCC, se le negó su visado de trabajo posteriormente, y no se le permitió entrar en Hong Kong como turista.

Amy Qin, que informa desde Hong Kong para el New York Times, tuiteó: “Parece que no pasa un día sin que aparezca nueva evidencia de la rápida disminución de la protección de la libertad de expresión en Hong Kong”.

El propio Ma Jian tuiteó acerca del incidente:

Qué bien estar de vuelta en Londres. Pero Hong Kong es mi segundo hogar. Fue mi refugio durante 10 años, después de que mis libros fueron prohibidos en China. Las libertades que antes se disfrutaban allí me permitieron desarrollarme como escritor. Continuaré hablando siempre que esas libertades estén amenazadas.

“Somos testigos de un Hong Kong moribundo”

Hong Kong ha sido desde hace mucho un refugio para los escritores chinos continentales exiliados. Después de que el Partido Comunista ganó la guerra civil y estableció la República Popular de China en 1949, muchos escritores huyeron a Hong Kong y se establecieron en la colonia. Empezaron la orgullosa tradición de la “literatura de exilio” de la ciudad, caracterísitica de la identidad cultural de Hong Kong.

El novelista Louis Cha y el productor de cine Raymond Chow —dos iconos culturales de Hong Kong que han muerto en las últimas dos semanas— son dos ejemplos destacados: son muestra de las libertades que antes se gozaba en Hong Kong, a diferencia de China continental. Cha se mudó a Hong Kong en 1949 para escapar los ataques comunistas en China, y pudo florecer con las relativas libertades disfrutadas en el distrito especial. Igualmente, Chow se mudó a Hong Kong a principios de la década de 1950, y llevó a mundo estrellas del estilo de Bruce Lee.

Con estos antecedenets, una cancelación como esta indica un cambio de rumbo en la escena artística de Hong Kong. El caricaturista chino-australiano Badiucao, cuyo trabajo explora el abuso de poder, y cuya identidad real se mantiene en secreto, canceló su primera exposición en solitario en Hong Kong poco antes en noviembre, después de lo que asegura fueron “amenazas” de China.

“Admiro realmente a los artistas y disidentes lo suficientemente valientes como para trabajar abiertamente. Yo me veo como un cobarde”, le dijo a Hong Kong Free Press una semana antes de la cancelación de su exposición. También expresó su preocupación sobre cómo fracasa la ciudad al proteger a sus artistas controvertidos: “creo que somos testigos de un Hong Kong moribundo”.

Estas nuevas “reglas” de la etiqueta artística de Hong Kong se extienden hasta a las industrias comerciales del cine y la música. Las películas críticas con el régimen comunista han desaparecido de los cines pese a los buenos ingresos de taquilla, mientras que otras han sido prohibidas en la China continental.

Por su parte, la cantante pop Denise Ho perdió un auspicio de Lancome después de presuntamente haber apoyado la Revolución de los Paraguas de 2014, movimiento de protesta liderado por estudiantes en el que decenas de miles de manifestantes ocuparon las principales calles de Hong Kong durante meses para exigir elecciones genuinamente democráticas.

Aunque hay pocas reglas escritas sobre lo que las autoridades chinas permiten o no permiten en el arte de Hong Kong, un artista y conferenciante cree que es deliberado.

“Hay mucha especulación sobre qué está permitido y qué no. Es más un límite psicológico para crear miedo, para que te autocensures”, es lo que declaró a Quartz Sampson Wong, artista y conferenciante de la Academia de Artes Escénicas de Hong Kong.

Hay hechos que apuntan a que es una estrategia de largo plazo aprobada por el partido gobernante de China.

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