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“Aventuras espaciales pueden mejorar la calidad de vida en la Tierra” — entrevista con el presidente de la Universidad Internacional del Espacio

De una promoción del programa de estudios espaciales en la Universidad Internacional del Espacio. Fotografía cortesía de la Universidad Internacional del Espacio y utilizada con autorización.

Esta es la primera parte de una entrevista de Global Voices a Juan de Dalmau, presidente de la Universidad Internacional del Espacio (UIE).

En 2019, el espacio ya no es la frontera final, sino que ya es un terreno para la explotación y la exploración.

Según el registro de la Oficina de Asuntos del Espacio Exterior de Naciones Unidas, unos 20 000 objetos de fabricación humana se encuentran actualmente en órbita alrededor de la Tierra y otros cien están orbitando alrededor de otros cuerpos del sistema solar.

Ochenta naciones u organizaciones supranacionales han lanzado sus propios satélites. Los objetivos de estos satélites ya abarcan diversas actividades humanas: telecomunicaciones, vigilancia militar de territorios, prevención de desastres naturales, investigación científica, ecología, etc.

La Universidad Internacional del Espacio (UIE) es una universidad privada fundada en 1987, cuyo objetivo es formar a futuros líderes en la exploración y desarrollo del espacio. Global Voices habló con el presidente de la universidad, Juan de Dalmau, sobre sus esfuerzos para continuar con las tradiciones de desarrollo interdisciplinario y pacífico de la institución.

Global Voices: ¿Cómo decidió una universidad estadounidense establecer su campus principal en Estrasburgo, Francia?

Juan de Dalmau (JdD): This was actually decided by the results of a competition. The founders had already decided that the growth of the ISU would be accomplished through a central campus, paired with a network of collaboration with universities around the world.

In the 1990s, a contest was launched to choose the city to host the central campus: Strasbourg was the winner, over other candidate cities from Canada, Japan, Italy, or other regions of France. In an initiative strongly supported by its mayor at that time, Catherine Trautmann, Strasbourg took on the task of constructing a building for the ISU, which would suit the criteria of the university, and for which the funding was already guaranteed.

However, the university has also kept a significant presence in the United States, and thus, a rotating course program returns to the United States once every three or four years. Former students, and a collaborative network of companies in the aerospace industry, as well as NASA [National Air and Space Administration] sponsor courses, or send their collaborators to attend.

Juan de Dalmau (JdD): Realmente, esto se decidió en un concurso. Los fundadores ya habían decidido que el crecimiento de la UIE se lograría mediante un campus central, junto con una red de colaboración con universidades de todo el mundo.

En la década de 1990, se lanzó un concurso para elegir la ciudad que sería la sede del campus central: Estrasburgo fue la ganadora, tras superar a otras ciudades de Canadá, Japón, Italia u otras regiones de Francia. En una iniciativa fuertemente apoyada por su entonces alcaldesa, Catherine Trautmann, Estrasburgo asumió la tarea de construir un edificio para la UIE que se ajustase a los criterios de la universidad y para el que la financiación ya estaba garantizada.

Sin embargo, la universidad también ha mantenido una presencia significativa en Estados Unidos y, por lo tanto, un programa de cursos rotatorios regresa a Estados Unidos cada tres o cuatro años. Exalumnos y una red de colaboración de empresas de la industria aeroespacial y la NASA [National Air and Space Administration], patrocinan cursos o envían a sus colaboradores.

GV: ¿De dónde son sus estudiantes? ¿Qué traen estos futuros líderes espaciales en su equipaje?

JdD: The master's degree program in space studies [of 12 or 24 months of study] this year has a class of 45 students, who come from twenty different nations. They bring with them quite a variety of luggage. A bit less than half of the students have had a scientific or technical education, and the other half is more varied: economics, life sciences, medicine, management, architecture or teaching.

From the beginning, the ISU decided to teach by creating connections between disciplines. That was the vision of the founders, who were at that time students in MIT [Massachusetts Institute of Technology]. A vision of multidisciplinary learning.

The program is therefore designed to provide a general culture for everyone. Which is to say, engineers will have to attend basic engineering courses, but through which, they will also have to put themselves in the shoes of a lawyer, or an economist. And that has the additional advantage of putting everyone at the same level for practical work.

For example, our students have to imagine missions for fleets of mini-satellites [cube-shaped space devices as small as 10 centimeters on a side] which can be used for sustainable development initiatives of the United Nations, designed for developing nations.

Today, the International Space University has more than 4,600 former students, and of those, more than 80 percent are working in space industries. From ISU, they have taken with them in their luggage the versatility to work in many different ways, whether it be with other countries, disciplines, or ways of thinking. And in knowing how to find the right person in the right country, due to an informal but well-maintained professional network.

Entities which were at first hesitant, or did not really believe in the ISU, are now the ones who come to us, and want to work with us. This development of our image and our reputation can be credited largely to the accomplishments of our former students.

Thus, in September 2018, we signed a collaboration agreement with the European Commission, which they initiated, that allows us to propose internships to the Commission, to facilitate interventions by Commission officials, to give courses or to enter as participants. Or even to conduct joint space research projects as a tool for dialogue, international cooperation and diplomacy with non-member countries.

JdD: El programa de maestría en estudios espaciales (de 12 o 24 meses de duración) este año tiene una clase de 45 alumnos que vienen de veinte naciones diferentes. Traen consigo un equipaje bastante variado. Algo menos de la mitad de los estudiantes tiene una educación científica o técnica, y la otra mitad es más variada: economía, ciencias de la vida, medicina, administración, arquitectura o enseñanza.

Desde el principio, la UIE decidió enseñar creando conexiones entre disciplinas. Esa fue la visión de los fundadores, que en ese momento eran estudiantes del MIT [Massachusetts Institute of Technology]. Una visión del aprendizaje multidisciplinar.

Por lo tanto, el programa está diseñado para proporcionar una cultura general para todos. Es decir, los ingenieros tendrán que asistir a cursos de ingeniería básica, pero a través de los cuales también tendrán que ponerse en la piel de un abogado o de un economista. Y eso tiene la ventaja adicional de poner a todos al mismo nivel para el trabajo práctico.

Por ejemplo, nuestros estudiantes tienen que imaginar misiones para flotas de minisatélites [dispositivos espaciales en forma de cubo de tan sólo 10 centímetros de lado] que puedan utilizarse para iniciativas de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas, diseñadas para países en desarrollo.

Hoy en día, la Universidad Internacional del Espacio cuenta con más de 4600 exalumnos, de los cuales más del 80 % trabaja en la industria espacial. Desde la UIE, se han llevado en su equipaje la versatilidad de trabajar de muchas maneras, ya sea con otros países, disciplinas o formas de pensar. Y el saber cómo encontrar a la persona adecuada en el país adecuado, gracias a una red profesional informal pero bien gestionada.

Las entidades que al principio dudaban o que no creían realmente en la UIE son ahora las que acuden a nosotros y quieren trabajar con nosotros. Este desarrollo de nuestra imagen y nuestra reputación se puede atribuir en gran medida a los logros de nuestros exalumnos.

Así, en septiembre de 2018, firmamos un acuerdo de colaboración con la Comisión Europea, que ellos iniciaron, que nos permite proponer prácticas a la Comisión, facilitar las intervenciones de los funcionarios de la Comisión, impartir cursos o asistir como participantes. También llevar a cabo proyectos conjuntos de investigación espacial como herramienta para el diálogo, la cooperación internacional y la diplomacia con países que no son miembros.

GV: ¿Cuál es la actitud de los países en desarrollo en relación con la conquista del espacio? ¿Puede la UIE asegurar que participen plenamente en el desarrollo de sus naciones a través del espacio?

JdD: Space exploration has become much more democratic. A country like India immediately comes to mind, since India has developed its own space technology, without buying it abroad. It has built its own satellites, to monitor its territory in case of natural disasters, and to develop telecommunications in rural areas.

JdD: La exploración del espacio se ha vuelto mucho más democrática. Inmediatamente, me viene a la mente un país como India, ya que ha desarrollado su propia tecnología espacial, sin comprarla en el extranjero. Ha construido sus propios satélites para vigilar su territorio en caso de desastres naturales y para desarrollar las telecomunicaciones en zonas rurales.

GV: ¿Está hablando sobre el desarrollo de la industria espacial fuera de cualquier contexto de guerra fría o aplicación militar?

JdD: Yes, quite so. We can do a lot of good with civilian satellite programs. More and more developing countries are investing in space technology and education, to avoid buying it. Mexico, Thailand, Nigeria, South Africa, Bolivia and Colombia are implementing programs to benefit their national quality of life. They do not want to “miss the train of space” because space ventures can become a source of well-being and a better quality of life.

JdD: Sí, así es. Podemos hacer mucho bien con programas de satélites civiles. Cada vez más países en desarrollo invierten en tecnología espacial y educación, para evitar comprarla. México, Tailandia, Nigeria, Sudáfrica, Bolivia y Colombia están implementando programas que benefician su calidad de vida nacional. No quieren “perder el tren del espacio” porque las aventuras espaciales pueden convertirse en una fuente de bienestar y mejor calidad de vida.

Andrew Kowalczuk, traductor de Global Voices, hizo las presentaciones entre Global Voices y la Universidad Internacional del Espacio. La editora Suzanne Lehn facilitó la entrevista.
La segunda parte del artículo se publicará en Global Voices próximamente.

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