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“Sereno y comprometido”. Legado de legendario pedagogo afgano continuará brillando por generaciones

Doctor Mohamamd Sharif Fayez. Usada con autorización de la Universidad Americana de Afganistán.

A finales de enero, en un día vigorosamente frío en Kabul, una multitud de estudiantes de primer año se congregaron en un auditorio grande para recibir su orientación en la universidad privada más importante de Afganistán, la Universidad Americana de Afganistán (AUAF).

“Damas y caballeros, por favor denle la bienvenida”, el maestro de ceremonias exclamó, y carraspeó, “¡al doctor Mohammad Sharif Fayez, el fundador de la Universidad Americana de Afganistán!”.

Mientras el doctor Fayez se aproximaba lentamente al escenario, lo que manifestaba su fragilidad física, capturó la atención completa de la audiencia de jóvenes.

Cuando habló, su tono de voz fue moderado y gentil.

“Antes de comenzar mi discurso, me gustaría hacerles una pregunta. ¿Qué es la libertad académica?”.

Un profundo silencio se apoderó del auditorio decorado con abundantes tapices tradicionales hechos a mano. Susurros inciertos se escucharon y extinguieron, lo que acentuó más la pausa.

“La libertad académica”, continuó el doctor Fayez, “es la confianza de indagar en un entorno académico que ustedes [los estudiantes] deben tener para comunicar ideas o hechos sin temer a ser objetos de represión. Tener la libertad de expresar sus opiniones sin temer a la censura o disciplina institucional. Tener la libertad para cuestionar a sus profesores cada vez que piensen diferente”.

El doctor Mohammad Sharif Fayez, tenaz pedagogo, personalidad académica y poeta, exministro de Educación Superior y fundador de AUAF, falleció a los 73 años de edad el 8 de febrero. Dejó atrás a su esposa y dos hijos.

La noticia de su muerte generó una ola de dolor y duelo dado que fue un estadista cuya contribución a los beneficios obtenidos en la educación afgana desde 2001 probablemente sea imposible de sobrestimar.

Una historia de caos y triunfo

El doctor Fayez nació en 1946 en el pueblo Seyoshan, en la provincia occidental de Herat. Después de graduarse de la Secundaria Avicenna en Kabul, obtuvo un título académico en Literatura Inglesa de la Universidad del Norte de Colorado, y un doctorado en Literatura Estadounidense y Comparativa de la Universidad de Arizona, en 1978.

Su aclamada disertación doctoral personificó su obra de vida, conectó las culturas de aprendizaje oriental y occidental. La disertación demostró la influencia de Rumi, poeta persa de siglo XIII, en Walt Whitman, escritor estadounidense del siglo XIX.

En una memoria de 96 páginas publicada en 2014 (Un elemento indeseable: una memoria afgana), el doctor Fayez escribió sobre el caos que suscitó a su regreso a Afganistán tras concluir sus estudios en el extranjero. Menos de un año después que asumiera un puesto como profesor en la Universidad de Kabul, la Unión Soviética invadió
el país, lo que lo obligó a unirse a los miles de personas que escaparon hacia Irán.

Su llegada al país coincidió con el comienzo de la Revolución Islámica dirigida por el gran ayatolá Rohullah Khomeini. Después de cinco años de luchar para sobrevivir, aceptó agradecido una propuesta de su alma mater en Arizona para trabajar como un académico invitado.

Durante esa época más difícil –la guerra afgano-soviética a finales de la década de 1980, la guerra civil afgana a principios de 1990, y el Gobierno del Talibán durante los años de 1990– el doctor Fayez surgió como una de las voces más importantes de la resistencia entre los afganos que viven fuera del país. Escribió cientos de artículos y abogó incansablemente por los derechos humanos en su país natal.

Cuando la invasión encabezada por Estados Unidos derrocó al Talibán en 2001, el doctor Fayez se convirtió en el primer ministro de Educación Superior del nuevo gobierno.

Fue criticado por conservadores y defendido por progresistas, y rápidamente emprendió la tarea de renovar el sistema educativo, reducido a lo mínimo por décadas de guerra y conservacionismo extremo del Talibán.

Con sus reformas, se reinstauró en el país la educación mixta y se crearon seis nuevas universidades, como la valiosa Universidad Americana de Afganistán (AUAF). Pocos políticos de la época pueden afirmar haber obtenido logros comparados en escala.

Un legado para inspirar

Tras la trágica noticia de su fallecimiento, políticos, académicos, activistas, escritores y estudiantes inmediatamente honraron al doctor Fayez y su extraordinario legado.

El presidente Ashraf Ghani le describió como un “profesor brillante, que desempeñó un papel significativo en instruir a la sociedad y enriquecer de ciencia y conocimiento a la nueva generación”.

El presidente de AUAF, el doctor Kenneth Holland, lamentó la pérdida de “uno de los mejores amigos de la universidad”, cuya visión “continuará a través de uno de sus adorados hijos, la Universidad Americana de Afganistán”.

El doctor Rangin Dadfar Spanta, amigo cercano del Fayez y exasesor de Seguridad Nacional, escribió en una declaración que la “escritura del académico era influyente y su amor por lo persa perceptible. Fue uno de los mejores académicos Jami de nuestro país. Esta es una enorme pérdida para Afganistán, un país demasiado pobre cuando se trata de figuras de su talla”.

Spanta es parte del grupo de afganos que vivían en el extranjero a quienes el doctor Fayez imploró con entusiasmo regresar al país para que lo ayudaran con su renovación en la educación superior.

“Me trajo de vuelta a Afganistán para que enseñara en la Universidad de Kabul… Me quedé y él nos dejó solos a todos. Me entristece profundamente”, dijo el doctor Spanta dijo en su declaración.

Apesar de su juventud, muchos estudiantes del doctor Fayez en la AUAF han asumido papeles importantes dentro del Gobierno afgano y la sociedad civil, lo que los convirte en amplificadores de su visión progresiva.

Sayed Madadi, a quien el doctor Fayez enseñó literatura inglesa en AUAF, es ahora director general oficial del Instituto de Servicio Civil de Afganistán, en Kabul.

Madadi escribió en Facebook: “Sharif Fayez fue una de las mejores personas de este país –un hombre sereno, profundo y comprometido que trabajó duro en el silencio. Pensaba más y hablaba menos. Cuestionar era algo que amaba y valoraba”.

Mis interaciones con el doctor Fayez en la universidad fueron cortas pero inolvidables. En una ocasión, nos encontramos fuera de su oficina mientras se disponía a ir a una reunión.

“¿Qué quieres hacer después, en tu carrera?”, preguntó en el corto intercambio.

Le dije que me fascinaba la ciencia política y quería continuar estudiando.

“Espléndido, entonces deberías hacerlo. Veo que estás haciendo algo maravilloso, no te conformas con algo pequeño”, respondió afectuosamente, antes de seguir su camino.

Fueron unas cuantas palabras amables –de las que probablemente le dijo a muchos otros– pero cargadas de inspiración suficiente para perdurar por generaciones.

Nota del editor: Maisam Iltaf es un colaborador frecuente de Global Voices que trabaja y estudia en la Universidad Americana de Afganistán.

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