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“Hombre regresa a su natal Sinkiang y desaparece” — un titular que se ha vuelto muy común

Nurbolat Shalayit está desaparecido desde marzo de 2018. Captura de pantalla de un testimonio en video que se grabó en una oficina de Ata Jurt en Almaty, Kazajistán, y publicada en el canal de YouTube del grupo el 11 de noviembre de 2018.

Nota: El 20 de febrero, Sayagul Nurbolat informó a Global Voices que su padre volvió a Kazajistán el 19 de febrero, el mismo día en que se publicó este artículo. Se pusieron en contacto mediante videollamada el 20 de febrero.  

La oficina de Ata Jurt en Almaty, grupo de Kazajistán que apoya a las víctimas del estado policial que China tiene establecido en Sinkiang, puede ser un lugar terrible para pasar una mañana.

Las paredes de la habitación principal están cubiertas de fotografías de personas desaparecidas. Es ahí donde el grupo informal lleva a cabo conferencias de prensa, publica nuevos casos de personas que han desaparecido o están detenidas hace tiempo en Sinkiang, hogar de los infames “campos de reeducación” del Gobierno chino.

En días como este, los pasillos estrechos de la oficina se vuelven intransitables por el incremento de denunciantes que intercambias historias de pérdidas demoledoras y esperanzas agotadas.

Todas estas personas (algunas ciudadanas kazajas, otras ciudadanas chinas de descendencia kazaja que buscan naturalizarse) se han comprometido a que “se sepa” sobre la desaparición de sus parientes.

Para ellos, un periodista es sinónimo de un megáfono andante, una oportunidad de poner presión para que China libere a sus seres queridos, ya sea que se encuentren en los campos de “reeducación” política, con arresto domiciliario, en campos de trabajos forzados o que sus pasaportes hayan sido confiscados, algo que en la actualidad afecta a muchas minorías en Sinkiang.

Saben que este enfoque no es garantía de nada y hasta podría redundar en aumentar el sufrimiento de sus parientes desaparecidos. No obstante, también saben que algunas familias que han realizado campañas públicas para la liberación de sus seres queridos han encontrado la luz al final del túnel. Sus parientes fueron puestos en libertad y las autoridades chinas les permitieron reunirse con sus familias en Kazajistán. La única estrategia que fallará es mantenerse en silencio.

¿Qué le pasó a Nurbolat Shalayit?

Duante mi última visita a la oficina de Ata Jurt, conocí a la esposa de Nurbolat Shalayit, que se encuentra desaparecido en Sinkiang desde hace casi un año. Ella era parte de un grupo de mujeres que tenían la ilusión de que ese día se llevara a cabo una conferencia de prensa con mucha repercusión, lo que les facilitaría un espacio para contar sus historias a los periodistas ávidos de una historia atractiva.

Tanto Nurbolat como su esposa, Kulpash Kadyrbek, son de origen kazajo y nacieron en Sinkiang. Vivieron juntos hasta 2014, cuando Kulpash se mudó a Kazajistán con su hija mayor, Sayagul. Las dos se instalaron en Almaty, la ciudad más grande de Kazajistán, donde contaban con familiares.

Nurbolat Shalayit se quedó en Sinkiang junto a su hija menor, Sandugash (quien da el testimonio de la desaparición de su padre en el video de más arriba), para cuidar, sobre todo, de su madre anciana. En diciembre de 2016, pocos meses después del fallecimiento de su madre, se mudaron a Kazajistán y la familia volvió a reunirse.

En febrero de 2017, Nurbolat volvió a Sinkiang desde su nuevo hogar en Kazajistán para concluir con la venta de la que era la casa familiar.

Cinco meses antes, el partido Chen Quanguo se había convertido en el partido comunista oficial más poderoso de Sinkiang, designación que iniciaría la cadena de los llamados “campos de reeducación” a lo largo de la región.

Cayendo en la desesperación

En ese entonces, afrontar los gastos de lo que se presumía sería una visita corta a Sinkiang para poner las cosas en orden era algo difícil para alguien como Nurbolat Shalayit.

En el transcurso de ese año, la “reeducación” política para las minorías se convirtió en una institución plena. No fue hasta finales de 2017 que los artículos de prensa occidental comenzaron a mostrar el panorama completo del sufrimiento en esta región.

En agosto de 2018, un panel de expertos de Naciones Unidas estimó que un millón de personas, en su mayoría de minorías musulmanas (principalmente, uigures, pero también kazajos, kirguíes y huies), han sido ubicadas en campos de reclusión de Sinkiang.

¿Será Nurbolat Shalayit una de estas personas? Su familia lo desconoce.

El último contacto entre ellos ocurrió en marzo de 2018, cuando le dijo a su esposa que “cuidara a los niños”. Desde entonces, no ha habido forma de ubicarlo.

El impacto emocional y financiero de su ausencia ha sido devastador.

Al no poder afrontar los gastos de un hogar permanente en Almaty, Kulpash Kadyrbek se queda con familiares. Sayagul estudia en una universidad angloparlante en Polonia; sin embargo, esta oportunidad se desvanece con el correr de los días, junto con las ganancias de la venta de la granja de la familia en Sinkiang.

Escribo este artículo gracias a que Sayagul habla inglés. La mayoría de kazajos que vive en Kazakstán habla ruso, como yo. Para muchos en Almaty, este es el idioma que prefieren utilizar, un resabio de la rusificación de tiempos soviéticos.

No obstante, para los kazajos oralman (“devueltos”) de China, que llenan la oficina de Ata Jurt, su idioma materno es el kazajo, mientras que el chino y el uigur son sus segundas lenguas. Cuando llegan la BBC y la CNN, los buenos traductores pueden fijar su tarifa.

Ese día, entre los participantes de la conferencia de prensa se encontraba una mujer que fue liberada de China luego de pasar un año y medio en un campo de reeducación, y un expolicía que había escapado de China y tenía, por lo visto, un conocimiento considerable del estado de vigilancia de Sinkiang.

Ambos casos contenían las dosis necesarias de dramatismo para atraer la atención de los medios de comunicación extranjeros que han estado buscando nuevas formas de informar sobre la crisis acuciante en la aislada Sinkiang.

De otro lado, la historia de Nurbolat Shalayit se podría repetir en incontables ocasiones, con cambios mínimos entre cada caso.

Mientras otros familiares exigían que sus historias fueran escuchadas antes del comienzo del evento principal, Kulpash Kadyrbek me lanzó un teléfono. Ahí estaba su hija, Sayagul, hablándome a través de una videollamada en un idioma que podía entender.

Esta es la historia de esta familia. Existen miles de otras historias iguales a esta.

La base de datos de víctimas de Sinkiang es la mayor en inglés en relación a las víctimas de la represión constante en la Región Autónoma Uigur de Sinkiang.

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