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Retiro de tropas burundesas de Somalia lleva a otro punto muerto diplomático

Tropas burundeses de la Unión Africana llegan al aeropuerto de Mogadiscio, Somalia, 9 de diciembre de 2011. Información Pública de AMISOM vía Flickr / Creative Commons.

Desde 2007, la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM) se ha encargado de combatir a Al-Shabaab, grupo militante extremista islamista con vínculos a Al-Qaeda. Miles de soldados de esas tropas han muerto, se calcula un total de 21 500 de varios países. Burundi es el segundo país con tropas después de Uganda.

En diciembre de 2018, el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana decidió retirar mil de sus 5400 soldados burundeses de Somalia para fines de febrero de 2019, como parte de la progresiva reducción de soldados de AMISOM decidida por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en julio de 2018. La resolución 2431 de Naciones Unidas amplió el mandato de AMISOM, pero determinó la reducción de tropas y a la larga entregar el conflicto a las fuerzas somalíes para diciembre de 2021.

El presidente burundés, Pierre Nkurunziza, se opuso al retiro, los funcionarios dijeron que era peligroso para la seguridad regional y protestaron ante la Unión Africana. Los parlamentarios de Burundi objetaron particularmente la reducción solamente de tropas burundesas y no de otros países. Sugirieron que la amenaza de retirar todas sus tropas si la Unión Africana no reconsideraba la decisión. Los parlamentarios hasta hablaron de complots y un intento de “desestabilizar” Burundi.

El Gobierno de Burundi ha propuesto compartir el retiro de tropas con otros estados, como en la reducción previa de diciembre de 2017.

El embajador Basile Ikouébé, representante de la Unión Africana en Burundi ha sido citado por el Ministerio de Asuntos Exteriores. El asistente del ministro embajador Bernard Ntahiraja le reiteró un mensaje ya comunicado a la Unión Africana sobre las preocupaciones del Gobierno burundés.

Durante la visita del presidente somalí, Mohamed Abdullahi Mohamed, a Burundi a mediados de febrero, ambos presidentes convocaron una cumbre en un comunicado conjunto para revisar el asunto. No obstante, el 21 y 23 de febrero, 400 soldados burundeses regresaron a casa, aunque el Gobierno burundés se negó a proceder con el retiro de los restantes 600, que estaba planeado originalmente para el 26 de febrero.

El 28 de febrero, el Gobierno de Burundi cedió al final, pues no contaba con apoyo en el tema, y que los soldados restantes regresarían a comienzos de marzo, según fuentes anónimas de alto nivel de AFP, citadas por TV5Monde.

El 28 de febrero vence el plazo para que AMISOM repatrie a mil soldados burundeses en una misión de paz en Somalia. Según fuentes en Somalia, 600 tropas restantes regresarán desde comienzos de marzo, sin mayores detalles.

¿Por qué Burundi se opone a la reducción de tropas de AMISOM?

La actual crisis política y económica de Burundi ha llevado a serios déficits en el presupuesto relacionados con sanciones, pobreza exacerbada, interrupción del comericio y grandes movimientos de refugiados. En 2018, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas expresó su preocupación por la situación humanitaria — refiere que hay 3.6 millones de personas en necesidad de asistencia en Burundi.

Por tanto, el financiamiento de las misiones internacionales de paz es una significativa fuente de divisas para el Gobierno. Jeune Afrique informó que la Unión Africana transfiere 16 millones de euros cada tres meses al Banco Central de Burundi.

En 2017, la Unión Europea –importante financista de AMISOM– intentó evitar pasar los fondos de los salarios y equipo de los soldados directamente a través del Gobierno, que toma un porcentaje aparentemente para equipo y otros gastos. Esto llevó a un punto muerto hasta que se llegó a un acuerdo, aunque la agencia RFI informó que hubo soldados que acusaron el Gobierno de apropiación.

Observadores como Gabriel Rufyiri, activista contra la corrupción, ven una conexión entre el pedido para que Burundi reduzca sus tropas y las actuales tensiones con la Unión Europea, y el descontento de la Comunidad de África Oriental y políticos de la UniónAfricana, sobre todo de Uganda, por el fracaso en las mediaciones de diálogo.

Este diálogo intentaba resolver la agobiante crisis política en torno al controvertido tercer mandato de Nkurunziza en 2015, y posteriores cambios constitucionales. La intransigencia del Gobierno de Burundi es vista como muy responsable —junto con una débil participación internacional— por las dificultades en el inicio del diálogo. Burundi ni siquiera asistió a la última ronda a fines de 2018.

Desde 2015, muchas organizaciones, como la Comisión Investigadora de Naciones Unidas, Human Rights Watch o APRODH, documentaron abusos sistemáticos de derechos humanos —sobre todo contra la oposición—, represión a los medios y grupos no gubernamentales, y enfrentamientos con grupos rebeles. Los funcionarios rechazan los informes por considerarlos manipulados.

En respuesta, la Unión Europea y otros socios internacionales implementaron sanciones y recortaron la ayuda directa al Gobierno —de la que dependía mucho— con la intención de redirigirla a ONG en el terreno. Estas organizaciones se han visto sometidas a mayor control y presión del Gobierno. En particular, nuevas reglas de findes de 2018 sobre financiamiento y cuotas étnicas hicieron que algunos, como Handicap International, dejaran el país.

Seguridad futura

El regreso de las tropas plantea serias preguntas sobre seguridad en Somalia y en Burundi.

Primero, una reducción de tropas puede desencadenar problemas potenciales para el Ejército de Burundi. Las misiones de paz peligrosas reciben mejor paga y son más atractivas como oportunidades para los soldados. Muchos pueden haber quedado descontentos al perder la perspectiva de AMISOM, lo que podría agravar las divisiones politizadas dentro del Ejército originadas en la guerra civil de Burundi.

Segundo, los críticos apuntan a una aparente contradicción en que el Gobierno de Burundi envíe tropas para mejorar la seguridad de ciudadanos extranjeros mientras la situación de derechos humanos en el país se ha deteriorado, con arrestos arbitrarios, torturas y muerte. Sin embargo, el bloguero burundés Apollinaire Nkurunziza informó que en el terreno en Somalia, las personas han mostrado aprecio a las tropas burundesas.

No obstante, la controversia vino cuando se acusó a soldados de AMISOM de matar civiles.

Tercero, aunque el objetivo de AMISOM a la larga es retirarse y dejarlo todo a fuerzas somalíes, hay preocupación expresada por la capacidad y futura estabilidad, incluso entre funcionarios somalíes. Al-Shabaab sigue en control de territorio y puede lanzar ataques letales, incluso fuera de Somalia, como Kenia.

Este episodio parece reflejar actuales tensiones con Gobiernos de la Unión Europea y la Comunidad de África Oriental por la crisis en Burundi. Los gobiernos regionales tampoco están unidos, y el Gobierno ha enfrentado reiteradamente a la Unión Europea, la Unión Africana y la Corte Penal Internacional, entre otros, por abusos de derechos y diálogo con los opositores. La coalición burundesa del Consejo Nacional para el Respeto del Acuerdo de Arusha para la paz y Reconciliación en Burundi (CNARED) en el exilio también ha pasado por más divisiones.

Podrían venir más complicaciones, pues la crisis política y económica continúan –con cientos de miles aún en campos de refugiados casi sin financiación y conflictos la República Democrática del Congo– y las elecciones de 2020 se acercan.

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