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¿Es la destitución del Parlamento de Haití del primer ministro Céant otro logro del juego político que no aporta nada?

Luis Almagro, secretario general, en reunión con Jean-Henry Céant el 30 de octubre de 2015 en Washington D.C. En ese momento, Céant era candidato presidencial de Haití. Foto de Juan Manuel Herrera/OAS, CC BY-NC-ND 2.0.

Es una tradición de la política moderna haitiana que el primer ministro sirve como amortiguador al presidente y es quien se suele sacrificar cuando el Gobierno está bajo presión. Jean Henry Céant es ese amortiguador. El presidente Jovenel Moise lo designó primer ministro (con la esperanza de que fuera el indicado para revertir la crisis socioeconómica del país), y Céant asumió el cargo en septiembre de 2018. Seis meses después, el Parlamento haitiano selló su destino, tal como hizo con su predecesor, Jacques Guy Lafontant.

El 17 de marzo, la cámara baja le confirió un voto de no confianza a Céant, con el voto de 96 diputados para retirarlo del cargo. Un minoría de seis diputados votó a su favor, y otros tres se abstuvieron:

La cámara baja de diputados de Haití acaba de votar 93 a 6 con tres abstenciones para sacar del cargo al primer ministro Jean Henry Céant y su gobierno. Céant no estaba presente en la cámara y no hubo debate, lo que no es usual para una cámara a la que le gusta hablar.

Sin duda, la crisis ha empeorado desde que Céant asumió el cargo, pero aunque sus medidas luchaban para ser efectivas, el primer ministro mostraba interés en abordar la causa subyacente.

Por momentos, hasta mostró liderazgo, como su discurso a la nación luego de las protestas callejeras, en el que adoptó un tono más conciliador que el presidente Moise, de quien muchos sentían que perdió la oportunidad de demostrar que podía encargarse de los problemas de la nación. En lo que respecta al público, fue el discurso del primer ministro lo que apaciguó un poco después de diez días de disturbios, no el del presidente.

Céant no es el primero en enfrentar una destitución tan poco digna. En abril de 2008, el senado haitiano, respaldado por la presión de la turba, llevó a cabo una sesión especial para poner fin al cargo del primer ministro Jacques Edouard Alexis durante el segundo mandato del presidente Rene Preval, después de que no puedo reaccionar a intensos disturbios alimentarios que sacudían al país.

La sucesora de Alexis, la primera ministra Michelle Duvivier Pierre-Louis, duró apenas un año en el cargo. El Senado la destituyó en octubre de 2009 por acusaciones de no haber enfrentado la crisis tan rápidamente como se esperaba, y por malos manejos de 197 millones de dólares estadounidenses que habían sido asignados ayuda para la emergencia después de la devastación por cuatro huracanes que azotaron el país en 2008.

La cámara baja de Haití también destituyó al primer ministro Lafontant porque no pudo manejar el descontento social provocado por el intento del Gobierno de elevar los precios del combustible en julio de 2018.

La situación es ligeramente diferente esta vez. Las violentas protestas que sacudieron el país en febrero pedían borrón y cuenta nueva y la renuncia del presidente Moïse. Nadie pedía la cabeza del primer ministro, lo que ha llevado a muchos a asumir que la causa de la destitución de Céant puede no haber estado en la insatisfacción del público sino en cómo la población piensa que ha manejado la crisis:

Fueron a censurar al primer ministro, no a interrogarlo sobre nada. Eso no fue una verdadera interpelación. No hay nada que el primer ministro pudo haber hecho para obtener voto de confianza de la cámara baja. Ya es muy tarde. Volvemos a designar a un nuevo primer ministro por seis meses.

Al comienzo, Céant trató de defenderse, dijo que la revocación de su puesto era ilegal e inconstitucional, y que seguía siendo primer ministro. Resulta que su incómoda coexistencia con el presidente puede haberle costado el puesto:

Jean Henry Céant dijo: “El presidente Jovenel Moïse debe trabajar conmigo para encontrar a KotKòbPetroKaribeA [¿Dónde está el dinero de PetroCaribe?]”.

Según Gary Bodeau, el presidente de la Cámara de Diputados, la atención ya está puesta en encontrar un nuevo primer ministro que no será un desafío para el presidente o sus prioridades:

El más reciente gobierno de Haití cae tras seis meses después de que legisladores destituyen al primer ministro.
La Cámara de Diputados de Haití despidió al primer ministro Jean Henry Céant y su gobierno el lunes [18 de febrero], lo que profundiza la incertidumbre en medio una crisis política y económica que llevó a violentas  protestas el mes pasado y a que Estados Unidos y Canadá advirtieran a sus ciudadanos a no viajar al país
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La manera en que Gary Bodeau habla en la radio Magik9 Haití sobre el perfil del próximo primer ministro de Haití parece que ya tiene un nombre, no solamente una descripción de este “técnico que puede combatir la corrupción, el contrabando” y “no estar en conflicto con el presidente”.

La situación de Céant es muy similar a la de Garry Conille, que ejerció durante cuatro meses como primer ministro en la presidencia de Michel Martelly. Conille renunció en febrero de 2012 por luchas políticas con el presidente Martelly y su insistencia en una auditoría de millones de dólares de contratos suscritos por el gobierno anterior después del terremoto. El círculo de Martelly se opuso, pues podría afectar a personas asociadas con el presidente, lo que obligó a Conille a renunciar.

El 21 de marzo, cuando el presidente Moïse designó al ministro de Comunicación, Jean Michel Lapin, como nuevo primer ministro interino, Céant finalmente envió su carta de renuncia, y dejó a la dirigencia política de Haití lista para una nueva lucha de poder mientras la verdadera crisis económica del país burbujea en segundo plano.

Esta nueva reestructuración ha impactado la capacidad del Gobierno de brindar una respuesta oportuna y efectiva a la crisis. El 7 de marzo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) accedió a brindar 229 millones de dólares al país a una tasa de 0 % por tres años, pero el FMI ha anunciado que este dinero no se desembolsará hasta que un nuevo gobierno esté instalado:

Jacqueline Charles (corresponsal del Miami Herald en el Caribe), es porque no usan su poder para levantar al pueblo haitiano. Los usan para sus intereses especiales. Qué vergüenza. El FMI no desembolsará el dinero. ¿Pudo el artículo de The Intercept sobre Haití de Haïti Liberté haberlo provocado?
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No, advertí que esto iba a ocurrir en mi artículo sobre el despido de Jean Henry Céant y el impacto de la mala oportunidad para Haití. La está costando al Gobierno cien millones que actualmente no tiene, pues el combustible ahora el 24 [de marzo] cuesta de 20 000 a 25 000 al día.

El senador estadounidense Marco Rubio viajó recientemente a Haití para reforzar la posición de su país como firme partidario del llamado del presidente haitiano al diálogo. Moïse fue uno de los líderes caribeños invitados por el presidente estadounidense, Donald Trump, a Mar-a-Lago, Florida, el 22 de marzo, para analizar oportunidades para inversión y mayor cooperación:

Me reuní con el presidente de Haití, Jovenel Moïse para discutir la importancia del diálogo hacia las elecciones de octibre. Agradecí al presidente Moïse por su apoyo sobre Venezuela y hablé sobre explorar oportunidades para asociarnos en desarrollo económico y detener el tráfico de drogas.

Este continuo apoyo sin duda ha fortalecido la mano del presidente Moïse en este inestable tablero de ajedrez de la política haitiana, pero el nuevo cambio en el Gobierno bien puede indicar un deseo de tener un control más firme del aparato estatal para proteger estrechos intereses políticos a expensas de encontrar soluciones permanentes a la actual crisis. El momento en que el ex primer ministro Céant expresó una voluntad de abordar problemas delicados al presidente Moïse, como la controversia de PetroCaribe y el reciente arresto de cuidadanos estadounidenses armados en Haití, puede haber organizado su propia caída.

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