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Esta ‘cholita drag’ desafía estereotipos de género y folclore desde la periferia argentina

Captura del video Ramita Seca. Producido por Elisa Portela. Coreografía e interpretación de Bartolina Xixa.

En medio de un gran basural y rodeada de niebla, danza al son de la vidalita riojana una figura con amplia falda rosa pastel y largas trenzas postizas. Se trata del video de Bartolina Xixa, el personaje drag folk andino creado por Maximiliano Mamaní que replantea el folclore norteño argentino desde una perspectiva de género que es, a la vez, indigenista y descolonizadora.

Para su más reciente trabajo, Ramita Seca, la colonialidad permanente, el artista nacido en Jujuy y criado en Salta, en el noroeste argentino, eligió el escenario del basural a cielo abierto de Hornillos. El basural está en la Quebrada de Humahuaca, una región declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad de la Unesco en 2003.

La vidalita que acompaña el video y de la que se desprende el nombre de la obra visual no tiene menos simbolismos. “Ramita seca” es una composición de Aldana Bello y denuncia desde la explotación minera hasta los atropellos contra los pueblos indígenas.

Mamaní es también estudiante de Antropología en la Universidad Nacional de Salta y profesor de danza folclórica. Con Bartolina Xixa, Mamaní busca desafiar los estereotipos vinculados con el arte folclórico, en el que los roles de género perpetúan estructuras binarias que dejan muchas identidades por fuera. Como señala Mamaní en una entrevista con el sitio argentino VOS:

Hago danzas folklóricas argentinas, peruanas y bolivianas. Me gusta la música popular, por eso me surgió la necesidad de reflexionar sobre el folklore y pensar que a mí, como marica, se me negaba la posibilidad de mostrarme a la hora de construir una coreografía y armar una pareja de baile…

Y agrega:

Me di cuenta de que a muchas personas les pasa lo mismo porque el folklore está pensado desde una lógica heterosexual. Se le dan ciertos atributos a los varones, a los gauchos, como la fuerza, la firmeza y el galanteo. Es el que dirige. Las mujeres, en tanto, son sumisas, complacientes.

Un tributo a una heroína aymara

Las preguntas que hace Mamaní con su trabajo artístico no se quedan en el mundo del folclore, también se dirigen a las tendencias que dominan la estética global con la que se aborda el drag, una estética que el artista encuentra muy ligada a los estereotipos de femineidad occidentales.

Su personaje se diferencia de esta tendencia al inspirarse en Bartolina Sisa Vargas, una lideresa aymara que participó en la rebelión contra el imperio español y que fue capturada, torturada y asesinada en La Paz (Bolivia), en 1782. Al mismo tiempo, Mamaní hace un homenaje a la cholita andina, “una mujer muy trabajadora, jefa de su casa, que sale todos los días a trabajar, que tiene vínculos con su familia, con su comunidad, sus ancestros, sus tradiciones”.

Bartolina Xixa durante una presentación en Buenos Aires, junio de 2018. Foto de Elisa Portela, utilizada con permiso.

En un episodio del podcast Relatos Disidentes del portal salteño VóVè, Maximiliano Mamaní describe a su personaje:

Suelo decir que le presto mi cuerpo a Bartolina Xixa. [Un personaje que] nace por la urgencia de poder pensar otras formas de hacer folclore, otra forma de entender identidades que me vienen atravesando y que vienen atravesando a un colectivo.

Desafiar la construcción de la masculinidad argentina y la “LGBTnorma”

El activismo y la militancia de Mamaní también apela a las redes sociales (Facebook e Instagram especialmente) como herramientas para transmitir mensajes más provocativos. El mejor ejemplo es el de un post que se conoció como el “beso marica” y que se hizo viral en noviembre de 2018.

El “beso” fue un post compartido en Facebook durante la previa del partido de fútbol entre los clubes de Boca Juniors y River Plate, conocido como el “Superclásico”. Mamaní aprovechó la ocasión para compartir unas imágenes en las que aparecía besando a otro hombre frente al convento San Bernardo, en Salta, con las camisetas de los equipos rivales, y acompañadas de un texto contundente:

La publicación atrajo toda clase de reacciones y comentarios de los usuarios: de apoyo, de rechazo, de burla, de admiración, de amor y de odio. Conversamos sobre el post con Mamaní vía WhatsApp, que compartió una lectura de los aspectos que se destacaron entre los ataques en línea:

Una cosa interesante fue la de atacarnos diciendo que no éramos argentinos. […] Lo que querían decir era que el rostro de la argentinidad es blanco, es heterosexual, y no tiene atributos morenos, indígenas, ni de diversidades sexuales.

Mamaní reconoce que es precavido cuando publica en las redes sociales, consciente de lo expuesto que está a los ataques y a la intolerancia. Pero su interés primordial es difundir el trabajo artístico que hace a través de Bartolina y también hacer activismo ambiental, social, político y de género, sin dejar que los ataques y las críticas negativas sean un obstáculo.

También subrayó cómo dentro de las llamadas drag queens y de las comunidades LGBTQ de Argentina, se le cuestiona constantemente su manera de expresar la diversidad desde una “perspectiva periférica”, de escoger como personaje un ícono estético de la cultura indígena boliviana:

No es lo mismo ser un gay blanco de una ciudad que un gay moreno, con un cuerpo no estandarizado [según los cánones de belleza dominantes], con rostro indígena, que vive en una comunidad alejada de toda la cultura capitalista. [Ser] gay, pobre, trabajador… todo eso va a diferenciar las construcciones.

1 Comentario

  • Alejandra Vargas

    Bartolina Xixa o Maximiliano Mamaní desafía muchas de las miradas conservadoras latinoamericanas. Al tomar como referente un personaje icono en el compuesto histórico femenino, muestra aquello que busca el feminismo, dar voz a la femineidad de la historia, no como motín de guerras o como guardianas del hogar sino como iconos, que deciden expresar y contribuir a la sociedad, saltándose todo el contexto y la visión de normalidad de su época.
    Por otro lado, también hace una apuesta a los estereotipos que se generan al hablar de personas LGTBI, a pesar de que solo se cree que los estereotipos son cargados por los géneros biológicos, este personaje da una crítica y visibiliza que estereotipos tenemos desde que nos obligan a encasillarnos desde las preferencias sexuales, género y demás títulos que una sociedad pone a un ser humano desde que nace.
    Así mismo deja entredicho el componente machista desde todos los iconos culturales y tradicionales, dejando entrever que tenemos que valorar este componente, pero que así mismo es un tradicionalismo cerrado, donde no entra todos los avances que se han realizado cuando se habla de la cuestión de género y sexualidad.

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