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Kim Kardashian, apropiación cultural y genocidio

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Postes conmemorativos en exhibidos en una vitrina en el Museo Real de Columbia Británica en Victoria, Columbia Británica, Canadá. Son originarios de SG̱ang Gwaay llnagaay (Ninstints, en Haida Gwaii) y datan de la década de 1880. Los postes fueron retirados de SG̱ang Gwaay llnagaay y adquiridos por el Museo Real de Columbia Británica en 1957. A la izquierda, en el fondo, hay una figura de “figura Potlatch” de Quatsino de la comunidad de X̱wa̱tis, al la isla de Vancouver, adquirida por el museo en 1911. Foto de Nevin Thompson.

Menos de una semana después de que Kim Kardashian lanzara una controvertida nueva marca, Twitter declaró la victoria y ella se vio obligada a dar marcha atrás. Kardashian generó clamor y una tormenta internacional en medios sociales el 25 de junio cuando anunció sus planes de lanzar “Kimono”, línea personal de ropa interior, bolsos y desodorantes que no tiene nada que ver con el icónico y elegante atuendo tradicional japonés.

La mayor queja era que Kardashian estaba incurriendo en apropiación cultural —como estadounidense e integrante de una cultura dominante, Kardashian estaba apropiándose del kimono de Japón, una cultura minoritaria menos favorecida en el contexto de Estados Unidos.

Sin embargo, en mi cronología de Twitter y Facebook, no todos parecían pensar que Kardashian emprendía apropiación cultural. Era obvio, según algunos, que la línea de fajas de Kardashian no se parecen a un kimono, así que no había mucha apropiación, si es que la había.

Otro argumento era que, a pesar del hecho de que el alcalde de Kioto le mandó una carta a Kardashian para rogarle que reconsiderara el nombre ‘kimono’ para su nueva marca, la mayor parte del ruido en medios sociales llegó de fuera de Japón, y no de japoneses. Un reportero tuvo que explicar el significado de ‘apropiación cultural’, pues el término (文化の盗用) es casi desconocido para los lectores en Japón.

¿Qué cultura sufre la apropiación? ¿Y acaso existe la apropiación cultural?

Este aspecto ambiguo de la controversia del kimono de Kardashian trae a la mente las protestas de kimono de Boston de 2015. Cuando el Museo de Artes Finas de Boston alentó a los asistentes a vestir kimono y posar frente a “La Japonaise” de Claude Monet, los manifestantes dijeron que el evento era racista, colonialista, orientalista y culturalmente insensible —y un ejemplo claro de apropiación cultural.

No ayudó que hubiera una breve charla en la exhibición de Monet llamada “Coqueteando con lo exótico”.

Según el Boston Globe, los manifestantes también asistieron a la exhibición de Monet en Boston para apoyar que cualquiera pueda usar el kimono. “En realidad, no entendemos de qué se trata la protesta”, dijo un funcionario en el Consulado de Japón en Boston (la bloguera Keiko en Boston ofrece un analisis detallado y actualizado de la controversia).

También estaba la idea de que los asistentes occidentales a la exhibición vestidos de kimono de alguna manera repetían el ‘japonismo‘ de hace 150 años, cuando el movimiento impresionista occidental se apasionó y se influenció por lo japonés.

Las culturas toman prestado entre ellos siempre, ¿no es así?

La naturaleza complicada de las dos controversias por el kimono, en la que no está totalmente claro si es Japón quien protesta como “cultura minoritaria menos favorecida”, facilita dejar de lado la apropiación cultural como algo de qué preocuparse. Las diferentes culturas “toman prestado” una de otra todo el tiempo, tanto como los impresionistas tenían influencia de los diseños Ukiyo-e.

Al menos, eso pasa con la sabiduría convencional, a juzgar por lo que se ve en Twitter y Facebook, y en diversos periódicos y revistas: la “apropiación cultural no es real“, y es solamente un ejemplo de una “cultura tóxica de la denuncia“, “incoherente y fuente de discordia” cuando está fuera de control.

Discrepo. La apropiación cultural es ciertamente muy real, y causa verdadero perjuicio, sobre todo en Canadá, donde vivo ahora.

Stolen Sisters March Victoria Feb 16 2019

Marcha de hermanas robadas en Victoria, Columbia Británica, Canadá, 16 de febrero de 2019, comemora a mujeres desaparecidas y asesinadas. Foto de Nevin Thompson.

Para los miembros de una cultura dominante, el concepto de apropiación cultural puede parecer abstracto (en el mejor de los casos). En Canadá, suele estar enmarcado en términos que la mayoría conformista puede entender: dinero.

Victoria, donde vivo, queda en los territorios tradicionales y no cedidos de las naciones lkwungen (songhees), xwsepsum (esquimal) y WSÁNEĆ (saanich). Victoria es la capital provincial y una ciudad turística, y alberga el Museo Real de Columbia Británica y otras instituciones. El museo tiene una extensa colección de artefactos culturales de las Naciones Originarias, en gran parte rescatados, recuperados o recopilados de comunidades Indígenas por la costa en la primera mitad del siglo XX.

Por la presencia del museo y la cercanía geográfica de los pueblos lkwungen, xwsepsum y WSÁNEĆ, el arte de las Naciones Originarias es parte clave de la identidad local de Victoria. Tanto así que la iconografía de las Naciones Originarias se ha vuelto una presencia llamativa en las calles de Victoria.

Se puede decir que la culpable es la apropiación cultural.

En una reciente publicación de Facebook, Richard Hunt, conocido escultor de la isla de Vancouver, se quejó de que el Museo Real de Columbia Británica vendía arte “falso” de las Naciones Originarias en su tienda. La transformación de artefactos culturales en recuerdos para turistas fue molesta, pues parte del mandato del museo es fortalecer las “relaciones con las Naciones Originarias de Columbia Británica (sic)“.

En realidad. según The Times-Colonist, diario de Victoria, algunos diseños de las Naciones Originarias que se venden en la tienda del museo tienen la licencia de los creadores originales. Sin embargo, las cuotas de licencia que se pagan a los creadores son pequeñas comparadas con el precio de venta y los márgenes de negocio de los productos. Se puede afirmar que este es un ejemplo concreto de apropiación cultural en acción, practicada por el museo, que recibe apoyo financiero de un Gobierno provincial que dice que se dedica a fomentar la reconciliación.

¿Es apropiación cultural, o solamente robo?

Un ejemplo más descarado de apropiación cultural ocurrió en 2017, cuando la artista no indígena canadiense Amanda PL fue acusada de copiar los diseños del conocido artista anishinaabe Norval Morrisseau. Es notoria la semejanza entre las pinturas de Amanda PL y la icónica obre de Morrisseau, que toma la inspiración del arte tradicional de las Naciones Originarias.

En este caso, enmarcar la obra de Amanda PL con el controvertido término “apropiación cultural” simplemente sirve para oscurecer el hecho de que participaba de robo de propiedad intelectual, delito que la cultura conformista en Canadá toma muy en serio.

Centrar el debate de las supuestas ridiculeces de apropiación cultural también ayudó a las élites culturales de Canadá a marginar a los artistas, escritores y otros creadores de las Naciones Originarias. En 2017, al mismo tiempo que Canadá debatía si Amanda PL le robó o no a Norval Morrisseau, había otra discusión sobre apropiación cultural.

En su prefacio a un ejemplar de la revista trimestral publicada por el Sindicato de Escritores de Canadá dedicado a la obra de autores indígenas, el editor Hal Niedzviecki dijo que no creía en la apropiación cultural. Cuando el prefacio generó debate en Canadá, Niedzviecki renunció rápidamente. En respuesta, miembros de los medios y del ámbito literario de Canadá se manifestaron en apoyo a Niedzviecki, y lanzaron un “permio de apropiación“.

Cuando el debate pasó a personalidades de medios que alegaron sobre la difusa abstracción de apropiación cultural, nunca se dirigieron las consecuencias a los autores indígenas que debían haber sido celebrados en la revista trimestral del Sindicato de Escritores de Canadá. Que se borre la voz indígena no es raro en Canadá.

Se podría decir que es parte del ADN del país.

La apropiación —y eliminación— de cultura tiene una larga historia en Canadá

En Victoria, Columbia Británica, a veces es difícil ver los “postes de tótems” y otro arte de las Naciones Originarias como nada más que artefactos algo llamativos y estéticamente agradables. Es por diseño. A menudo, se afirma que la epidemia que sufrieron las Naciones Originarias por la costa del Pacífico en el siglo XIX tras el contacto europeo llevó a la disminución de la población y el deterioro cultural, por lo que el arte y los artefactos como postes de tótems debían ser literalmente apropiados y preservados en un museo.

Sin embargo, al mismo tiempo, las llamadas leyes potlatch ilegalizaron la práctica tradicional de las Naciones Originarias. Mientras los museos mostraban postes de tótems adquiridos por coleccionistas como Charles Newcombe para contar la historias de las culturas de las Naciones Originarias que supuestamente se iban a extinguir como parte de un proceso natural, el Gobierno de Canadá trataba activamente de borrar la cultura indígena.

Mientras puede ser fácil entender la apropiación cultural en términos de dólares y centavos, el resultado final de la práctica en Canadá ha sido la eliminación cultural que lleva al genocidio.

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Pedir aventón, ¿vale la pena el riesgo?
Cartel en la carretera 16 cerca de New Hazelton, al noroeste de Columbia Británica. Foto de Nevin Thompson, 2008.

Conexión entre apropiación cultural y genocidio

En junio de 2019, la comisión nacional de investigación de mujeres y niñas indígenas desaparecidas y asesinadaspublicó su informe final. El informe tenía el objetivo de ayudar a entender y dar soluciones a la crisis de violencia sistemática y en curso contra las mujeres y niñas de Naciones Originarias, inuit, métis y 2SLGBTQQIA en Canadá y generó otra controversia cuando identificó la violencia contra estos grupos como genocidio.

Aunque muchos columnistas, políticos, y otros denigraron la idea de que había ocurrido un genocidio en Canadá, el informe dependía de una ley internacional establecida que no restringía la definición a destrucción física de una nación o grupo étnico. El informe definía genocidio en parte como “desintegración de las instituciones políticas y sociales, de cultura, lenguaje, sentimientos nacionales, religión y la existencia económica de grupos nacionales, y la destrucción de seguridad personal. libertad, salud, dignidad y hasta la vida de personas que pertenecen a esos grupos”.

Mientras combinar “Kim Kardashian”, “kimono” y “apropiación cultural” en una oración parece casi cómicamente tonto, la apropiación cultural ha sido empleada como una estrategia exitosa en los últimos 150 años. Los resultados han sido mortales, lo que es razón suficiente para tomar en serio la apropiación cultural hoy en día.

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