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Para mujeres de la periferia de São Paulo, derecho a un parto humanizado es mas difícil de alcanzar

Con un embarazo de nueve meses, Janaína Normandia optó por un parto humanizado en su segunda gestación después de sufrir violencia obstétrica en el primer embarazo. | Foto: Paula Rodrigues/32xSP

Este texto se publica como parte de una colaboracion entre Global Voices y Agência Mural. Las autoras del texto son Jéssica Bernardo, Lara Deus y Paula Rodrigues

“Fue un buen momento para hacerlo, ¿verdad?”. A los 23 años, Janaína Normandia esperaba el nacimiento de su primer hijo cuando le oyó esta frase a un médico de un importante hospital privado en São Paulo. Esa conversacion es uno de los recuerdos negativos que tiene de aquel día.

Tras un parto inducido por medicamentos, nació Rafael. “Me mostraron a mi niño y se lo llevaron para recibir atención. Recién lo vi el martes. Había nacido el lunes a las 10:45 horas”, cuenta Janaína.

Para que experiencias como la de Janaína no se repitan, el Ministerio de Salud establecio el decreto nº 569 de 2000, que garantiza la atención humanizada, digna y acogedora para madres gestantes y recién nacidos.

Así y todo, para quienes viven en las periferias de São Paulo ese tipo de asistencia humanizada es raro.

Casa Ángela y la Casa del Parto

Diecisés años después del nacimiento de Rafael, Janaína está embarazada de nuevo y espera al pequeño Benjamín. Al buscar en internet sobre el parto humanizado, encontró a Casa Ángela, centro de parto humanizado a poco minutos de donde vive.

La casa está ubicada en el distrito de Campo Limpo, en la zona sur de São Paulo, y es uno de los dos centros de parto gratuito del município –igual que la Casa del Parto de Sapopemba, en la zona este. Ambos tienen financiamiento del Servicio Único de Salud (SUS).

Las dos instituciones se especializan en realizar partos naturales y humanizados, de acuerdo con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

Las casas cuentan con equipos especializados y ambulancias. A diferencia de lo que sucede en un hospital, no es un médico quien está presente durante el alumbramiento, sino parteras con formación superior en obstetricia, con un enfoque en las técnicas de cuidado de las gestantes. Se les conoce como “parteras profesionales”.

Andressa Fontes Guedes, de 27 años, tuvo a su hijo Zion en Casa Ángela, a más de 30 km de donde vive, en Jardim Apuanã, zona norte (Paula Rodrigues/32xSP).

La demanda de madres gestantes por espacio ha aumentado en los últimos años. En 2018, se realizaron 440 partos en Casa Ángela. Este es un incremento del 46 % con respecto al año anterior, cuando nacieron 300 niños a manos de las parteras del local.

No obstante, a pesar del aumento en la demanda, la Prefectura de São Paulo no tiene planes de abrir nuevos centros de parto a corto plazo.

Parto en casa

El parto en casa no está disponible dentro del sistema de salud público brasileño, sin embargo el Ministerio de Salud exige que las gestantes respeten algunas directrices si decidien alumbrar en casa. Una directriz es que la mujer esté acompañada por una enfermera obstetra o una partera, y que tenga acceso rápido a un centro de maternidad en caso de necesitar un traslado. En el caso de Casa Ángela, se ubica a 10 minutos del hospital Campo Limpo, la unidad pública de referencia.

Letícia Faustino, de 23 años, sabe que es una excepción por haber podido solventar los costos. Decidida a dar a luz en su casa, en el barrio de Parada Inglesa en la zona norte de la capital, gastó 7000 reales (casi 1900 dólares estadounidenses) a pagar en cuotas, por un equipo que involucraba una enfermera, dos parteras y una doula.

Melania Amorim, médica especialista en humanizacion del parto, indica que “por el hecho de no estar disponible como política pública de salud, el parto en casa sólo es accesible para quienes pueden pagarlo. Para las mujeres de las periferias, no estará disponible en la mayoría de lugares del país”.

Recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para una experiencia de parto positiva.

Parto humanizado en los hospitales

“Se están implantando buenas prácticas de nacimiento humanizado en todas nuestras maternidades”, afirma Sonia Raquel Leal, coordinadora del programa Salud de la Mujer de la Prefectura de São Paulo.

En la práctica, los profesionales que atienden en la mayoría de hospitales y unidades básicas de salud no están entrenados en las prácticas de humanización del parto. Para Melania Amorim, uno de los grandes desafíos por superar para que la red pública de salud practique el parto humanizado es la resistencia de los profesional en salud al momento de reevaluar lo que han aprendido.

“Eso sucede porque las personas continúan perpetuando el modelo de asistencia al parto que aprendieron en las facultades, que está marcado por intervenciones innecesarias y perjudiciales”, añade la especialista.

Al analizar los índices de partos vaginales realizados en los hospitales, por ejemplo, se observa que en las cinco regiones de São Paulo, el índice de cesáreas es mayor que el recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), con un índice del 90 %, mientras que el parto natural tiene un índice del 85 %.

Brasil es puntero en cesáreas: corresponden al 55 % de los partos realizados en el país. En el município de São Paulo, de los 69 locales que realizan partos, 34 estaban por encima del promedio brasileño de cesáreas.

El centro expandido de la ciudad lleva la delantera en la proporción de cesáreas realizadas en la ciudad, con un 68,3 % de partos efectuados a través de cirugía. Le siguen la zona oeste (57,3 %), zona este (47,2 %), norte (47,2 %) y por último, la zona sur con 41,5 % de las cesáreas en la región.

Entre los locales con tasas más cercanas a la recomendada por la OMS, un 83 % estaba en la periferia (29 hospitales o casas de parto). Los datos provienen de una tabla difundida por la Secretaría Municipal de Salud de la Prefectura de São Paulo, que incluye a todos los hospitales e instituciones que realizaron más de 50 partos en 2018.

Datos de la Secretaría Municipal de Salud de la Prefectura de São Paulo.

Violencia obstétrica

El Ministerio de Salud había vetado el uso del término “violencia obstétrica” para tratar los casos de negligencia en la asistencia brindada por los médicos antes, durante y después del parto.

El argumento dado por el órgano federal era que “ni los profesionales en salud ni los de otras áreas tienen la intención de perjudicar ni causar daño”.

Mientras tanto, y después de la reacción del Ministerio Público Federal, el Gobierno se retractó y pasó a reconocer la legitimidad del término.

El mismo punto es respaldado en el ámbito municipal. Para la coordinadora del  programa Salud de la Mujer de la Prefectura de São Paulo, Sonia Raquel Leal, los equipos médicos no se formaron para agredir a una mujer que está en trabajo de parto.

“¿Estamos hablando de un concepto político-social o de nuestro rango de acción, que es la salud? Yo entiendo el término violencia fuera del ámbito de la salud”, sostiene.

Acusaciones como esas fueron rebatidas por abogados que defienden los derechos de las mujeres y por mujeres que ya sufrieron algún tipo de maltrato cuando estuvieron en labor de parto.

En entrevista con el portal Lunetas, la abogada Marina Ruzzi afirmó que la decisión del Ministerio de Salud es inadecuada porque “se nota que la preocupación del actual ministerio no es proteger a las mujeres y asegurarles sus derechos y garantías como ciudadanas, sino más bien proteger al gremio médico de ese tipo de acusaciones”.

La opción para las gestante que sufra algún maltrato o falta de respeto es comunicarse con un equipo profesional o poner la denuncia en el portal de atención 156 de la Prefectura de São Paulo.

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