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De Nigeria a Zanzíbar, África tuvo un silencioso rol fundamental en la llegada a la Luna de Estados Unidos

En Kano, Nigeria, un niño monta un camello con la estación espacial de la NASA como fondo, una de las 18 estaciones espaciales del proyecto Mercury situadas estratégicamente a lo largo de la trayectoria orbital de la Tierra. Las estaciones formaban parte de una amplia red de comunicación mundial necesaria para rastrear naves espaciales y transmitir información al Centro de Control Mercury de Cabo Cañaveral, Florida, Estados Unidos. Foto publicada por la NASA el 21 de mayo de 1962.

El 20 de julio de 1969, el Apolo 11 hizo historia cuando llegó a la luna. Pero hasta la fecha, pocos conocen de las estaciones espaciales en Kano, al norte de Nigeria, y Tunguu, en Zanzíbar, que ayudaron a sentar el trabajo preliminar que hizo posible la misión del Apolo 11.

La Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos tuvo un papel dramático en la gran carrera espacial. Antes de que pudiera ocurrir un exitoso alunizaje, Estados Unidos necesitaba probar una nave espacial tripulada y no tripulada. En octubre de 1958, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) lanzó el proyecto Mercury, proyecto de cinco años y 400 millones de dólares diseñado para probar la viabilidad de viajes espaciales humanos.

Lanzar una nave espacial a la órbita requería controles en tierra en países ubicados a los largo de la trayectorial de la órbita terrestre. La NASA construyó un total de 18 estaciones en ubicaciones estratégicas globales como Nigeria, recién independizada del Gobierno británico, y Zanzíbar, entonces gobernado por el Sultanato Omaní con una administración británica.

Figura 8-1. Mapa que muestra la ubicación de las estaciones Mercury elegidas. Archivos de la NASA.

El proyecto Mercury aprobó a siete astronautas conocidos como “Mercury 7″ y completó varios vuelos orbitales a comienzos de la década de 196: 20 no tripulados, incluido el Mercury-Atlas-4, dos con chimpancés a bordo (“Ham” y “Enos”), y seis tripulados, incluidos MA-6 a MA-9 — que probaba que los viajes espaciales humanos eran posibles.

En 1960, NASA construyó la estación espacial de rastreo de satélites en Tunguu, Zanzíbar, a 16 kilómetros de Stone Town, la capital. Al año siguiente, completaron la última de 18 estaciones en Kano, Nigeria, cada una con un costo estimado de tres millones de dólares.
Los británicos, junto con el entonces sultán Khalifa bin Harub, apoyaron mucho la estación espacial estadounidense y aprobaron la venta de tierras rurales en Tunguu para ubicar el proyecto en 1960.

A lo largo del proyecto, Estados Unidos procesó más de mil toneladas de carga a través de depósitos estadounidenses designados especialmente que organizaron envíos a Nigeria y Zanzíbar, junto con los otros lugares, incluidos dos que fueron por barco. Las estaciones contenían equipo electrónico, torres refrigerantes, enfriadores de agua, tanques hidroneumáticos y generadores diésel para reservas de energía.

Estación espacial de seguimiento por satélite de la NASA, Tunguu, Zanzíbar, 1961. Foto vía la colección de Torrence Royer, usada con autorización.

La NASA contrató a ingenieros estadounidenses y británicos, y a especialistas y constructores locales en Kano y Zanzíbar para inspeccionar el terreno y establecer los ángulos más precisos para las antenas de radar utilizadas para comunicarse con las naves espaciales cuando pasaban por encima y por debajo de la línea del horizonte, según los registros históricos de la NASA.

Kano, lugar del antiguo reino de Kano, y Zanzíbar, centro del comercio del océano Índico durante milenios, eran ahora vínculos vitales en una red mundial para llegar a las estrellas.

Primera red global de comunicaciones del mundo

Antes de que existiera internet, existió el proyecto Mercury. La carrera hacia el espacio exigía que la primera red mundial de comunicaciones del mundo tuviera la capacidad de comunicarse entre estaciones espaciales, naves espaciales y astronautas. La red de comunicaciones Mercury incluía 163 000 kilómetros de líneas de teletipo, 96 000 kilómetros de líneas telefónicas y 24 000 kilómetros de líneas de datos de alta velocidad, según archivos históricos de la NASA.

Las estaciones de la NASA están equipadas con “funciones de telemetría, rastreo y computación”, y de “control de vuelo y seguimiento” y una “recepción aire-tierra multifrecuencia y provisión remota”. Un sistema de intercomunicación permitía que varias personas hablaran mientras que otras escuchaban.

La comunicación entre el personal de la estación espacial y la nave espacial era una danza altamente orquestada. Después del lanzamiento de una nave espacial, pasaban de cinco a 90 minutos antes de que la nave pasara por encima de una estación, dependiendo de su ubicación. El Centro de Control Mercury de la Estación de la Fuerza Aérea de Cabo Cañaveral en Florida, Estados Unidos, enviaría un mensaje de teletipo a las estaciones con la hora y las coordenadas con datos obtenidos al pasar la nave sobre una estación anterior.

Figura 8-20. Mapas orbitales MA-9 vía archivos de la NASA.

Torrence Royer, estadounidense cuyo padrastro, Roger Locke, trabajó en la estación espacial de Zanzíbar y que vivió unos años en Zanzíbar de niño, escribe:

The high-tech equipment, and the ‘reach-for-the-stars’ attitude’  intrigued many young Zanzibaris. I recall students in my school learning the schedules of the satellite launches and I remember young people would lay on the beach at night, on schedule, looking up, waiting for the spacecraft to pass overhead. One friend who had just heard about this phenomenon joined the beach-watchers … only to be somewhat disappointed by the small, slow-moving, star-like object that he witnessed. He expected a close fly-by of a ‘flying saucer’ perhaps.

El equipo de alta tecnología y la actitud de “llegar a las estrellas” intrigaron a muchos jóvenes zanzibaríes. Recuerdo que los estudiantes de mi escuela aprendían los horarios de los lanzamientos de los satélites y recuerdo que los jóvenes se acostaban en la playa por la noche, según un horario, mirando hacia arriba, esperando a que la nave pasara por encima. Un amigo que acababa de enterarse de este fenómeno se unió a los vigilantes de la playa… sólo para sentirse un poco decepcionado por el pequeño, lento y estrellado objeto que vio. Esperaba que un ‘platillo volador’ pasara cerca.

Revolución — y cambio

Antes de las elecciones generales de 1961 en Zanzíbar, empezaron a surgir dudas sobre la estación espacial estadounidense y creció una ligera resistencia contra su presencia. Algunos temían que Zanzíbar se convertiría en un blanco potencial para la guerra nuclear.

En Zanzíbar, grafiti muestra a un gallo (asociado con el ya desaparecido Partido Afro Shirazi) que saca a empujones a un vaquero estadounidense (que representa al imperialismo estadounidense) mientras grita “¡No te necesito para nada! Fuera de aquí” en suajili. Fotografía vía la colección de Torrence Royer, usada con autorización.

Pero la estación siguió abierta y el 15 de mayo de 1963, la misión final Mercury-Atlas 9 se lanzó de Cabo Cañaveral, y completó 22 órbitas terrestres que duraron 34 angustiosas horas antes de caer en el océano Pacífico, pilotado por el astronauta Gordon Cooper. El éxito sin precedentes de esta misión final completó el proyecto Mercury y dejó listo el camino para proyectos más ambiciosos como Géminis y, luego esa misma década, Apolo.

Ese año, Zanzíbar tuvo un breve momento de independencia cuando, en diciembre de 1963, los británicos salieron de las islas como monarquía constitucional al mando de los sultanes de Omán.

Pero el 12 de enero de 1964, una violenta revolución en Zanzíbar derrocó a los sultanes, con lo que se puso fin a dos siglos de mandato. Cuando todo se calmó, el nuevo gobierno revolucionario manifestó que la estación espacial con fondos estadounidenses planteaba una amenaza a la seguridad nacional y exigió su retiro.

Protestas contra el proyecto Mercury en las calles de Stone Town, Zanzíbar, 12 de abril de 1964. Foto de la colección de Torrence Royer, usada con autorización.

El 7 de abril de 1964, el Gobierno estadounidense anunció que clausuraría la estación espacial en Zanzíbar a pedido del Gobierno zanzibarí. “Lamentamos mucho esta necesidad pues la estación se usaba estrictamente con fines pacíficos que ayudarían al conocimiento científico de la humanidad”, dijo la NASA, y agregó que buscarían nuevos lugares en África oriental por la trayectoria de la órbita terrestre. Se ubicaron en Madagascar.

Tras años bajo influencia británica y árabe, Zanzíbar había empezado a evaluar alianzas con Gobiernos de China, Alemania Oriental y la Unión Soviética —y sus inclinaciones socialistas se volvieron un punto crítico diplomático. Al mismo tiempo, la recién independizada Tanganica se unió con Zanzíbar en 1964 para formar la República Unida de Tanzania, con Zanzíbar como región semiautónoma.

Hoy, la exestación espacial es un cascarón oxidado y lleno de grafiti sin marcas importantes que indiquen su rol global en la carrera espacial. Pero el lugar de Zanzíbar en la trayectoria de la órbita orbital terrestre significa que los observadores de estrellas pueden echar un vistazo a la Estación Espacial Internacional en su paso sobre la isla. El último avistamiento fue el martes 23 de julio, a las 5:11 a.m., y fue visible durante un minuto.

Abandonada estación espacial del proyecto Mercury en Tunguu, Zanzíbar, 2004. Foto de la colección de Torrence Royer, usada con autorización.

La estación espacial de Kano siguió abierta dos años más y cerró en diciembre de 1966. Pero el Gobierno nigeriano lanzó su propio programa espacial con satélites en el espacio desde 2003.

Nigeria planea enviar un astronauta al espacio en 2030.

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