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Periodistas de Moldavia con cauto optimismo tras “revolución silenciosa”

“Desoligarquización: el comienzo”, dice el titular del semanario moldavo Ziarul de Gardă. Foto de Maxim Edwards.

Moldavia casi no aparece en los titulares. Pero cuando aparece, el país suele tener un rol de extra en el drama entre Rusia y Occidente. Pero el guion cambió en junio, cuando amargos adversarios dejaron a un lado sus diferencias para derrocar a gobernantes prooccidentales solamente de nombre, pero muy impopulares.

Las elecciones parlamentarias de febrero no tuvieron un resultado definitivo: en junio todavía no se había formado el Gobierno, y eran probables unas elecciones anticipadas. Pero el 8 de junio ocurrió algo inesperado: el Partido de Socialistas prorruso (PSRM) y el bloque proeuropeo ACUM-PAS se convirtieron en el Partido Democrático de Moldavia (PDM) y formaron una coalición “antioligárquica” . El PDM se negó a aceptar la derrota; al día siguiente, el primer ministro Pavel Filip disolvió el Parlamento y la Corte Constitucional calificó de ilegítima a la nueva mayoría parlamentaria. Este punto muerto duró casi una semana antes de que el PDM cediera. Su líder, Vlad Plahotniuc, ampliamente considerado como el hombre más poderoso de Moldavia, huyó del país. Maia Sandu, líder de ACUM, se convirtió en la primera ministra.

Estos acontecimientos fueron posibles gracias a la disposición de la oposición moldava a dejar de lado sus diferencias geopolíticas para perseguir la “desoligarquización” y limpiar un Estado que una resolución del Parlamento Europeo de 2018 describió como “capturado por intereses oligárquicos”. A pesar de algunas protestas, el cambio de Moldavia se vio muy presionado por politiquería institucional y presión de Rusia y de Occidente. Por eso, algunos observadores, como el politólogo Dumitru Alaiba, calificaron los acontecimientos de “revolución silenciosa“. Por su parte, los cibernautas lo llamaron #PlahaPad (obra de teatro sobre “Leninopad“, nombre de la caída de las estatuas de Lenin en Ucrania después de 2014 y el apodo de Plahotniuc).

De cualquier manera, el cambio está en marcha. Y para los atormentados periodistas de Moldavia, llegó justo a tiempo. Antes de las elecciones parlamentarias, hubo varios incidentes de ataques verbales y físicos contra periodistas. En 2019, el Índice Global de Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras  ubicó a Moldavia en el lugar 91, por debajo del 81 del año anterior. Fue uno de los mayores descensos de Europa del Este. Los periodistas del país se han quejado de un Gobierno poco claro e inaccesible, de un paisaje mediático dominado por los oligarcas con un bajo nivel de calidad periodística y de acoso por parte de las autoridades.

“Los ministros no daban conferencias de prensa. El Gobierno sólo realizaba reuniones informativas sin derecho a preguntas, se llevabab a cabo en las oficinas del partido gobernante PDM, y no todos los periodistas tenían acceso. Los registros de tierras que deberían haber sido públicos estaban disponibles a precios altos, y mucha información no estaba en línea. El distribuidor de publicaciones impresas estaba bajo control estatal, así que a veces los periódicos no llegaban a los lectores”, explica a Global Voices Alina Radu, editora y cofundadora de Ziarul de Gardă, semanario de investigación que se publica en rumano y ruso.

Justo después del reciente cambio de poder, el centro de investigación RISE Moldavia publicó documentos filtrados que muestran una amplia campaña de vigilancia llevada a cabo por las autoridades anteriores contra sus oponentes. La lista de nombres de los encuestados incluía a activistas de la oposición y a políticos, y también a periodistas como Vladimir Soloviev, corresponsal del diario ruso Kommersant y fundador de NewsMaker, cadena independiente en ruso. Radu sospecha que el número real de periodistas bajo vigilancia puede haber sido mucho mayor.

En abril de 2017, Soloviev escribió que unos desconocidos y un misterioso auto negro lo habían seguido por las calles de la capital moldava, Chișinău. Hay historias aún más siniestras; en 2016, alguien intentó chantajear a la destacada periodista de investigación Natalia Morari con una cinta íntima grabada dentro de su propio apartamento.

Morari revisó los hechos en una transmisión de televisión en la reciente agitación política, cuando explicó por qué usaba una camiseta con las palabras “Je Suis Moldova” (Yo soy Moldavia).

Ровно три года назад в 2016 году я выходила в майке на которой написано: «Улыбайтесь, Вас снимает скрытая камера.» Это был следующий день после того, как меня за несколько минут до эфира набрал человек, приближенный к Владу Плахотнюку и предупредил меня о том, что в ближайшее время в публичном пространстве будет опубликовано видео того, как мы с моим мужчиной занимаемся любовью в моем доме. […] Я помню, что в тот день сильно переживала, на том эфире я вся тряслась. Придя домой я поняла, что единственный способ себя защитить — заявить о том, что меня шантажируют. […] Я знаю, что многие мне тогда не верили, многие, в том числе коллеги из прессы, обвиняли меня в том, что я пытаюсь сделать пиар. Но поверьте, это не очень приятно видеть съемки из твоей квартиры, как тебя снимали скрытой и ты не понимаешь как долго эта камера была у тебя у тебя дома. […]

По моей информации, я надеюсь ее проверить, теперь, когда у нас будет независимый прокурор, отвечал за операцию по установлению прослушки и видео был Георгий Кавкалюк. Я все эти годы об этом молчала, но по моей информации именно Георгий Каваклюк отвечал за то, чтобы у меня появилась видеокамера.

Hace exactamente tres años, salí al aire con una camiseta que decía “¡Sonríe! Te estás grabando una cámara oculta”. El día anterior poco antes de salir al aire, había recibido una llamada de alguien cercano a Vlad Plahotniuc, que me advirtió que pronto se haría público un video que nos mostraría a mí y a mi esposo haciendo el amor en casa. […] Recuerdo lo preocupada que estuve ese día; temblé durante toda la transmisión. Cuando llegué a casa, comprendí que la única forma de defenderme era declarar que me estaban chantajeando. […] Sé que en aquel muchos no me creyeron. Muchos, incluidos colegas de la prensa, me acusaron de intentar hacer relaciones públicas para mí. Pero créanme, no es muy agradable ver una grabación hecha en tu propio apartamento, cuando te han grabaod en secreto y no sabes cuánto tiempo ha estado la cámara en tu casa.

Según mi información, que espero confirmar ahora que tenemos un fiscal independiente, el responsable de instalar las escuchas telefónicas y la videovigilancia fue [el exsubcecretario de la Policía] Gheorghe Cavcaliuc. Guardé silencio sobre esto durante todos estos años, pero según mi información, Cavcaliuc fue responsable por esa cámara de video.

— Natalia Morari, TV8, 15 de junio de 2019

Dados los cambios de personal en las instituciones estatales, Morari espera que los chantajistas comparezcan ante la justicia. Pero Morari también se quejó de la conducta de hostiles medios de comunicación que se jactaron por el incidente a su costa. Cambiar eso puede tomar más tiempo.

Con el régimen anterior, el mercado de televisión de Moldavia estuvo monopolizado en gran medida por Plahotniuc y sus asociados. Una dócil comisión de publicidad financió acuerdos con medios impresos y de radiodifusión leales y se mantuvo alejada de los medios críticos; los periodistas moldavos exigen reformar esto. Hasta y a menos que las nuevas autoridades emitan una impugnación legal para congelar sus activos, Plahotniuc podría seguir controlando una parte significativa de los medios de comunicación de Moldavia. Hasta ahora, los canales siguen transmitiendo fervientes críticas a la nueva primera ministra, Maia Sandu, y al líder del PSRM, Igor Dodon.

Pero Vladislav Kulminsky, politólogo recientemente nombrado asesor de Sandu, duda de que el oligarca pueda mantener a distancia este imperio mediático. “En gran parte del país, los canales de televisión de Plahotniuc; PublikaTV, Canal 1, Canal 2, Prime son los únicos canales con los que cuenta la gente. Y ha gastado mucho dinero en apoyarlos; extrajo ese dinero ilegalmente de empresas estatales y monopolios para importar bienes a Moldavia”, explicó Kulminsky en una entrevista en el edificio de Gobierno en el centro de Chișinău

“Al final, había un sistema en el que todos los negocios rentables generaban ingresos para Plahotniuc y su círculo inmediato, que luego se utilizaba para pagar a los funcionarios públicos y mantener este enorme imperio mediático. Así que hoy, es cuestión de si tendrá acceso a estos flujos de dinero para subvencionar ese imperio. Creo que es apenas cuestión de tiempo antes de que su influencia (de medios) termine”, dijo el asesor de la primera ministra a Global Voices.

Este polarizado panorama de medios condiciona cómo los políticos de Moldavia interactúan con la prensa, dice Maria Levcenco, periodista y experta en medios de comunicación del Instituto de Iniciativas Estratégicas (IPIS), grupo de expertos de Chișinău “Los políticos de Moldavia están acostumbrados a comunicarse con los periodistas que les son leales”, continúa Levcenco, que escribió uno de los perfiles más completos de Plahotniuc para la prensa internacional. “Lo que no quiero es que los papeles simplemente se inviertan ahora que el PDM está en la oposición. Los periodistas no deberían estar ‘a favor’ ni ‘en contra’ de ningún político, y no quiero que esas categorías sigan siendo la base de cómo los políticos y los funcionarios eligen a las personas con quienes hablan”, concluyó.

Felizia Nedzelschi, periodista moldava que trabaja para la publicación independiente en línea Agora.Md, dijo a Global Voices que sus colegas estaban inicialmente divididos sobre cómo responder al nuevo gobierno. ¿Se unirían al coro de la crítica y se arriesgarían a reforzar la narrativa del imperio mediático de Plahotniuc, o deberían tratar de brindar un equilibrio si atenúan sus críticas? Nedzelschi y Ștefan Grigoriță, periodista del servicio moldavo de Radio Europa Libre/Radio Libertad, llegaron a la conclusión de que la posición responsable nunca fue ocultar las críticas, sino garantizar que sean objetivas.

“Sí, apreciamos la orientación prodemocrática y proeuropea del Gobierno. Pero hemos sido críticos durante los últimos 15 años con 12 gestiones y seguiremos siéndolo; ya hemos publicado artículos críticos sobre los conflictos de intereses que afectan a dos miembros de este gobierno. Entendemos que si no se critica [a los políticos] en el momento oportuno, se instalarán muy profundamente y dejarán de escuchar cualquier crítica”, comenta Radu, editora del Ziarul de Gardă. Y añade: “No nos detendremos. Hemos sufrido demasiado”.

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