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Por qué debemos continuar prestando atención a Turkmenistán

Presentadora de noticias del canal de televisión Altyn Asyr de Turkmenistán informa sobre las proezas más recientes del presidente Gurbanguly Berdymukhamedov. Turkmenistán tiene uno de los peores historiales en materia de libertad mediática en el mundo. Imagen del video de YouTube de Watan Habarlaty, 28 de agosto de 2019.

Mi país es una de las dictaduras más represivas en el mundo.

Turkmenistán, un país árido en Asia Central, está gobernado por un presidente narcisista conocido por realizar tretas publicitarias extrañas y proyectos exuberantes, además de contar con un historial de derechos humanos realmente terrible. Preside un estado que, pese a tener abundantes recursos naturales, se encuentra en
una profunda crisis económica. La situación para los ciudadanos turcomanos es lamentable, con el aumento del desempleo y la escasez de alimentos. A medida que aumentan las filas de espera en las afueras de los almacenes, estallan las peleas por un poco de pan.

Como es de esperarse, las autoridades no sienten impaciencia por publicitar estas dificultades. El país recientemente obtuvo la última posición en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2019 de Reporteros Sin Fronteras, “superando” a Corea del Norte y Siria. No existen medios independientes y la comunicación entre los ciudadanos se restringe seriamente: si las noticias circulan, ocurre de manera secreta. Y allí es donde yo entro.

Soy el fundador y editor de Turkmen.News, sitio informativo con sede en los Países Bajos creado en 2010, con el nombre de Alternative Turkmenistan News. Publicamos noticias y análisis sobre el ámbito económico, social y político del país. Mi trabajo me ha enseñado que la tarea de obtener información objetiva fuera de Turkmenistán es igualmente difícil e importante.

En julio, participé en una conferencia en Londres organizada por el Centro de Política Exterior, laboratorio de iedas del Reino Unido. Con la colaboración de académicos, investigadores y políticos, publicamos un informe con el objetivo de atraer la atención internacional hacia la situación en mi país. El informe, titulado Primer Plano sobre Turkmenistán, se enfoca en uno de los regímenes más autocráticos y corruptos del mundo.

Las instituciones gubernamentales en Turkmenistán son corruptas y disfuncionales. Escribí recientemente un reportaje sobre las prisiones turcomanas, donde abundan las enfermedades y los guardias desarrollaron sus propios sistemas sofisticados de extorsión para permitir que los reclusos accedan a las necesidades básicas. El país practica métodos de tortura medievales, desapariciones forzadas y exhibe anualmente uno de los ejemplos más atroces de trabajo forzado durante la temporada de cosecha del algodón.

El informe destacó un ámbito comercial interno corrompido hasta la médula. Mi reciente revelación sobre un contrato de infraestructura por $2300 millones de dólares adjudicado al cuñado del presidente es tan solo un ejemplo de las redes de lucro que existen únicamente para asegurar la estabilidad del régimen. El panel en Londres mencionó que las inversiones extranjeras en los últimos años no han prosperado por el rechazo impredecible de los contractos y licencias; varios clientes, como la operadora de telecomunicaciones rusa MTS y la compañía de construcción bielorrusa Belgorkhimprom, se han incorporado a la lista de entidades que desean demandar al Gobierno de Turkmenistán.

Los ciudadanos comunes y corrientes en Turkmenistán no tienen acceso a esas noticias, por fuentes nacionales ni extranjeras. Todos los medios extranjeros están prohibidos. Esto se aplica a los medios occidentales como Reuters, la BBC y Deutsche Welle, y también a los sitios web en ruso (a favor y en contra del Kremlin), como Meduza, TASS y Ekho Moskvy. Pese a que existen varios diferentes periódicos turcomanos en el país, sus reportajes siguen un patrón establecido y todos alaban al presidente Gurbanguly Berdymukhamedov.

La incapacidad de difundir noticias o expresar descontento empeora con la prohibición casi total de los medios sociales: Instagram, YouTube, Facebook, así como las redes sociales rusas Odnoklassniki y Vkontakte, entre otras, están prohibidas. A medida que se deteriora la situación en Turkmenistán, el Estado refuerza las restricciones sobre cualquier voz independiente.

Pero incluso en semejante oscuridad, existe una chispa de esperanza. Fuera del alcance del régimen, se están creando proyectos dedicados a informar sobre los tormentos diarios de la población turcomana, como las Crónicas de Turkmenistán en Viena. Sitios como estos son la única manera de obtener información confiable acerca del país. Mi sitio web Turkmen.News trabaja con una red de valientes turcomanos que contrabandean las noticias fuera del país a través de sistemas de mensajería codificados. Lo realizan arriesgando considerablemente sus vidas y la de sus familias. Muchos periodistas en Turkmenistán han sido arrestados o, como en mi caso, forzados a escapar del país.

Gaspar Matalaev era uno de nuestros reporteros que daba seguimiento al uso de trabajo forzado durante la temporada de cosecha de algodón. En 2016, lo arrestaron por cargos fabricados de fraude y soborno y recibió una condena de tres años en prisión. Lo liberaron finalmente el 6 de septiembre de 2019 tras cumplir su condena. Otro de nuestros periodistas, Saparmamed Nepeskuliev, fue condenado a tres años en prisión en 2015 por poseer presuntamente sustancias ilícitas. Matalaev y Nepeskuliev recibieron apoyo de la comunidad internacional de derechos humanos y un grupo de trabajo de Naciones Unidas. Tras recuperar su libertad en mayo 2018, Nepeskuliev se marchó para siempre de Turkmenistán en marzo de este año.

Periodistas turkmenos Gaspar Matalaev (izquierda) y Saparmamed Nepeskuliev (derecha), ambos fueron puestos en ibertad este año tras cumplir largas condenas en prisión. Imagen cortesía de Turkmen.News. Usada con autorización.

Pero otros aún languidecen en la cárcel; las familias reciben poca información acerca de la salud o el paradero de sus seres queridos. La campaña “Prueben que estén vivos” registró 121 desapariciones dentro del sistema penitenciario de Turkmenistán, aunque la cifra real es indudablemente más elevada. El prisionero político Gulgeldi Annnaniyazov ha permanecido detenido por más de una década; durante este tiempo su familia solo ha recibido información básica sobre su condición.

La seriedad de los riesgos involucrados se filtra en mi trabajo como editor de nuestra publicación. Mientras el Gobierno de Turkmenistán utiliza técnicas sofisticadas de vigilancia para rastrear a su población, es peligroso publicar cualquier contenido que se pueda rastrear a una hora y ubicación específicas que identifiquen a la fuente. Tomamos muy en serio nuestra responsabilidad con nuestro periodistas, aunque esto limite nuestra habilidad para informar las noticias “de último momento” en tiempo real.

A pesar de que el régimen turcomano aparenta indiferencia sobre su reputación internacional, la estabilidad de este país mediterráneo depende de la cooperación de sus socios externos y del comercio con esos socios. Y cuando los medios internacionales dirijan su atención al país, la confianza de estos socios o futuros inversionistas decaerá. El aumento de interés de parte de la comunidad comercial internacional en lo que respecta a la sustentabilidad y prácticas comerciales éticas significa que las publicaciones como la nuestra son más importantes que nunca.

Los periodistas que arriesgan su libertad con cada información que nos envían aseguran que ninguna entidad corporativa o Gobierno que realice negocios con Turkmenistán puede alegar ignorancia sobre la naturaleza del régimen en Asjabad.

La conferencia del Centro de Política Exterior fue la plataforma perfecta para que personalidades de los derechos humanos y políticos por igual exigieran la reevaluación de la política del Gobierno del Reino Unido con relación a Turkmenistán. Mientras el régimen ajusta las tuercas, exigimos que esta política se difunda más extensamente, a las entidades comerciales y corporativas a lo largo de la Unión Europea y a la comunidad internacional, y a todos los que estén interesados en relacionarse con un Gobierno que persigue a sus ciudadanos y traiciona a sus inversionistas.

Mientras obligamos a Turkmenistán cuidar de su imagen, también presionaremos para que cambie su comportamiento. Este aumento de atención nos brinda una plataforma por medio de la cual exigir la calidad de vida que todos los turcomanos merecen.

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