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Paradas de autobús sin techo y mantenimiento revelan las desigualdades entre barrios de São Paulo

Parada de autobús de madera en la periferia de São Paulo | Foto: Léu Britto/Agência Mural

Los autores de este texto son Karol Coelho, Aline Kátia, Humberto Muller, Luana Nunes, Lucas Landin y Lucas Veloso. Se publica aquí a través de una colaboración de contenido entre Global Voices y Agência Mural.

“Las personas toman el autobús allí”, afirma Elza Pereira, de 55 años, apuntando hacia un área en medio de un matorral. Si no fuese por su indicación, no sería posible saberlo. El lugar, en la carretera Engenheiro Marsilac, no tiene señalización que indique que la ruta va hacia el centro de São Paulo. Tampoco tiene postes, está al descubierto y ni siquiera tiene una acera. Del otro lado de la calle, por donde pasa el autobús en la dirección contraria, hay un antiguo poste de madera.

La escena vista en el distrito de Marsilac, al extremo sur de  São Paulo, es común a lo largo de la periferias de la capital y ejemplifica los desafíos de quienes utilizan el autobús en São Paulo, la ciudad más rica de Brasil y con una población de más de 12 millones de habitantes.

Una persona puede tardar hasta tres horas con 20 minutos para ir de Marsilac a la Avenida Paulista, en el corazón de la capital. En automóvil, la misma ruta tardar una hora y 17 minutos. El barrio, con amplias zonas verdes, es el que tiene menos paraderos de autobús en todo el municipio: un total de 47, que atienden a una población local de alrededor de 8400 personas. Las paradas no tienen ningún diseño ni señalización.

Encontramos a Elza cuando llegaba a la parada final de la línea Marsilac/Terminal Varginha, en la Plaza Maria Nazareth da Costa. “No me gusta São Paulo, pero me gusta Marsilac”, y cuenta que vino a vivir a la capital hace 36 años por decisión de su padre, que trajo a la familia desde Paraná por motivos de trabajo. Caminamos por la región a su lado.

Parada de autobús sin ninguna señalización en São Paulo | Foto: Léu Britto/Agência Mural

Cuenta que este año los habitantes hicieron una petición para mejorar la estructura de la parada de autobús que ella usa habitualmente, cerca de su casa. Antes había una parada de madera y consiguieron que se hiciera de concreto y teja. No obstante, poco tiempo después un accidente de autobús destruyó la parada. “Hicieron un techo, pero el parabrisas del autobús se cayó y lo rompió todo” cuenta.

Durante los meses de junio y julio, Agência Mural verificó la situación de las paradas de autobús en ciudad de São Paulo y de la región metropolitana, donde viven cerca de 21 millones de personas –cerca del 10 % de la población brasileña. Estructuras desgastadas, instalaciones dañadas, modelos antiguos y falta de información sobre las líneas son algunos problemas presentes en las periferias, mientras que en las regiones del centro las paradas se transforman en plataforma para campañas publicitarias.

En la capital existen 20 018 paradas de autobús, según la SPTrans, empresa administradora del sistema. En las ciudades de la región metropolitana, la Empresa Metropolitana de Transportes Urbanos (EMTU) contabiliza 18 000 paradas de autobús intermunicipales, donde no se incluyen las paradas municipales.

Diariamente, la vendedora Ana Paula Santos, de 24 años, toma el primer autobús aún de madrugada para llegar a su trabajo en la región de Cidade Jardim, barrio de clase acomodada. La parada inicial está en Parelheiros, al extremo sur de São Paulo, en la carretera de Barragem, donde los habitantes cuentan con apenas una línea de autobús para llegar a la terminal más próxima: la Terminal Parelheiros – Barragem.

Vieja y con un techo lleno de rendijas por donde se filtra la lluvia, la parada no sirve de abrigo. Nunca la reconstruyeron, pero algunos comerciantes le hicieron algunos arreglos. No tiene banco donde sentarse y la placa metálica de identificación está oxidada. “Veo muchas paradas durante el camino y las de esa línea son las más precarias”, cuenta Ana Paula.

Cada municipio es responsable de la instalación y mantenimiento de los equiops en su territorio. Fuentes: SPTrans/EMTU/Fundación SEADE

Ana Paula pasa por 115 paradas de autobús. La primera línea que utiliza tiene 33 paradas y un dato curioso es que todas las que van hacia el centro están cubiertas, mientras que del lado contrario apenas dos tienen techo o cubierta. Todas las demás tienen solamente un poste.

A pesar del clamor generalizado por estar descubiertas, SPTrans afirma que sigue los criterios técnicos para la instalación de esta protección y de las paradas de autobús en general.

Según la empresa, para que una parada exista en la ciudad, se considera la distancia entre paradas, el tipo de vía, la demarcación vial, el relieve y la ocupación. Una vez verificadas estas condiciones, se considera la demanda de embarque, y sobre todo de desembarque, para escoger el tipo de parada a colocar.

Después se verifica si la calzada posee las medidas mínimas de seis metros de longitud, si hay guías elevadas, si hay cercanía a la entrada de algún inmueble y si existen obstáculos en el piso, como árboles o alcantarillas.

Además de eso, las paradas de autobús son actualmente un negocio para la colocación de propagandas. La SPObras, secretaría responsable de ejecutar las acciones, informó que la Prefectura de São Paulo no incurre en gasto para sustituir y mantener las paradas de autobús de la ciudad.

Toda la inversión para producir, sustituir, instalar, mantener y limpiar las cubiertas y postes durante 25 años es responsabilidad de la concesionaria Pra SP, ganadora de una licitación, realizada en 2012. Esta concesionaria está formada por las empresas Odebrecht Transport, Kalítera Ingeniería, Radio y Televisión Bandeirantes (MG) y APMR Inversiones y Participaciones.

La concesionaria paga a la prefectura la suma de 172 millones de reales (41 300 millones de dólares estadounidenses) durante todo el periodo de concesión. Como contraparte, recibe el derecho de explotar la publicidad en el mobiliario urbano.

Corresponde a la SPTrans indicar los lugares donde se deben instalar, modificar o suprimir paradas de autobús, y si recibirán una cubierta o solamente un poste. En 2018, se realizaron 1164 inspecciones en paradas de la ciudad, según el Informe de Administración de la SPTrans. Eso equivale apenas a un 5.8 % de las paradas de la capital.

Además del mantenimiento, el contrato de Pra SP con la prefectura prevé la sustitución de 6500 cubiertas en paradas de autobuses y de 125 000 postes antiguos por modelos nuevos. Todas las sustituciones ya se implantaron, afirma la gestión. Mientras tanto, en todos los barrios que Agência Mural visitó hay parada sin ninguna información sobre las rutas que pasan por allí.

Parada en Mairiporã, en el Gram São Paulo; cada una de las 38 ciudades de la región metropolitana tiene una administración propia para las paradas. | Foto: Humberto Müller/Agência Mural

La calle  Marechal Odylio Denys, en la zona norte de la capital, es una vieja conocida de los pasajeros de Mairiporã y de Guarulhos, municipios de la región metropolitana. No precisamente por estar al lado de la mayor terminal de autobuses de América Latina, la Tietê, sino por los trastornos que deben enfrentar a diario los usuarios de las líneas que salen de ahí.

Por allá, los pasajeros tienen que esperar bajo la lluvia o el sol, pues no hay cubierta alginas y para empeorar las cosas un pequeño muro de la terminal que servía de banco fue protegido con rejas. Quien no conoce podría hasta pensar que se trata de paradas provisionales, sin embargo es la realidad desde hace muchos años.

Para la trabajadora independiente Simone Fernandes, de 42 años, el recorrido de ida y vuelta a Mairiporã podrían ser mejores. Simone, que acostumbra ir a São Paulo en sus ratos de ocio, también reclama por las condiciones que encuentra al volver a su casa en  Mairiporã, a 40 km de São Paulo, donde se encuentra una de las paradas principales, y más precarias, del centro de la ciudad.

El local, en la entrada de la ciudad, recibe pasajeros de diversas líneas municipales e intermunicipales. Aunque está cubierta, está en pésimo estado de conservación: el banco está lleno de basura, hay grafitis por doquier, la pintura está descascarada y falta un panel de información. Las paradas de autobús en el Gran São Paulo son administradas por la EMTU o por la prefecturas de las ciudades.

“Además de pagar caro y de ir de pie en el autobús, cuando llegamos allá nos topamos con la falta de mantenimiento en la parada. La gente se siente abandonada, olvidada”, dice Simone.

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