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¿Las elecciones presidenciales de 2019 pueden aliviar la pobreza descontrolada en Afganistán?

Trabajador manual Mohammad Jan Hussaini fue a votar en las elecciones presidenciales afganas, pero le dijeron que no podría votar, pues la máquina de votación no pudo leer su huella dactilar. Foto de Ezzatullah Mehrdad, usada con autorización.

Mohammad Jan Hussaini es jornalero en Kabul y está decidido a ejercer sus derechos civiles. El 28 de septiembre, concurrió temprano a su centro de votación a emitir su voto en las elecciones presidenciales. Pero las cosas no salieron como planeaba.

Hussaini tiene 35 años pero parece de 50, y lucha y espera todos los días con sus ropas raídas y zapatos gastados con la esperanza de encontrar un trabajo no especializado. El día de las elecciones vagabundeó algunas horas frente a la centro de sufragio de Marefat en el centro de Kabul. Tras estar en fila durante 30 minutos, finalmente pone su dedo en el dispositivo biométrico para emitir su voto. El dispositivo no reconoció su huella dactilar.

“Tu huella dactilar está echada a perder, no puedes votar”, le dijo un funcionario electoral afgano. Como se negó a aceptar esta respuesta, Hussaini solicitó una explicación de funcionarios de mayor rango. De nuevo, le dijeron que no podía votar.

Los dispositivos biométricos se empezaron a usar en 2018 en Afganistán para evitar el fraude. Según Hussaini, lo que le ocurrió el 28 de septiembre equivale al fraude. “Ya tengo esta sensación de impotencia, y no había nada que pudiera hacer, salvo votar”, dice. “Nuestra situación va más allá de las dificultades: el nivel de desempleo, elecciones llenas de fraude y la guerra”.

Los afganos están muy afectados por una prolongada guerra civil en la que 50 personas pierden la vida todos los días. Otra carga igulamente pesada es la pobreza, segun una encuesta de Gallup publicada en 2019, el 85 % de aganos se describe como “en sufrimiento”, y ninguno “prospera”. La misma fuente indica que el 90 % de afganos dice que es difícil vivir con sus ingresos, mientras el 57 % lucha para comprar comida.

Un deseo desesperado de cambio es lo que impulsa a personas como Hussaini y a 2.5 millones de otros afganos a votar por quien manejará el país los próximos cinco años. “Es el último día de Ashraf Ghani [actual presidente que postuló a un segundo mandato]”, explica Hussain. “Hoy vine a votar por mi candidato favorito”.

Amina, madre de 53 años que vive en una casa rentada gracias al ingreso que le brinda su hijo, tiene una motivación similar: “He votado cada vez que ha habido elecciones. Esta vez, voté con la esperanza de traer estabilidad y seguridad en el país y a la gente no le alcanza para comer”.

Afganas en el centro de votación Sayed Shuhada en Kabul durante las elecciones presidenciales de 2019. Muchos regresaron a casa sin haber votado por no haber encontrado su nombre en las listas de electotres. Foto de Ezzatullah Mehrdad, usada con autorización.

Pero no todas las mujeres tienen la suerte de Amina. Mohammad Eisaq Arefi, que está a cargo del centro de votación de Marefat, donde Hussaini intentó votar, reconoce que en algunos casos los nombres de las mujeres aparecian en las listas de hombres y viceversa. “Realmente no sé por qué hemos tenido estos amplios problemas técnicos”, dijo, “pero parece ser un problema mayor relacionado con el ente electoral”.

Otros afganos decididos a votar perdieron la vida en el proceso: al menos 30 guardias de seguridad y diez civiles murieron en incidents relacionados con las elecciones, según estimados conservadores.

¿Qué sigue ahora?

Aunque el proceso electoral terminó el 28 de septiembre, no se espera que los resultados se hagan públicos antes del 19 de octubre. Las autoridades electorales no dijeron exactamente cuántos centros de votación se abrieron en todo el país, pero informaron de un significativo aumento en votes entre la primera y segunda actualizacion sobre índices de participación. Esto es particularmente relevante a la luz de acusaciones de fraude, como explica Jawad Zawulistani, activista de derechos humanos que decidió no votar. “No tengo confianza alguna en el ente electoral. Cuando mi voto cuenta y se respeta, es valioso. Pero como ciudadano, no quiero que me manipule un equipo [del actual presidente] que ha decidido traicionarnos”.

También se informó que mientras los funcionarios electorales contaban votos, el Talibán destruyó que pertenecen a empresas de telecomunicaciones en el norte del país, con lo que fue imposible para las autoridades electorales publicar datos correctos.

La confusión en torno al proceso electoral también aumentó cuando los dos principales candidatos habían logrado la victoria. El jefe del Ejectivo, Abdullah Abdullah, y el presidente Ashraf Ghani afirmaron que ganaron antes de que el ente electoral hubiera podido calcular el total de votos. En 2014, ambos candidatos impugaron la elección presidencial anterior y proclamaron la victoria en un escenario simliar.

Sin embargo, si se desarrolla otra crisis polítical, el impacto en personas como Mohammad Jan Hussaini será severo. Como padre de seis hijos, Hussiani es responsable de mantener casi a diez personas, incluidos sus padres. Los precios de los alimentos aiempre aumentan: un saco de arroz ahora cuesta el equivalente a 35 dólares, un litro de aceite está a 15 dólares.

“Quién sabe qué pasará luego”, Hussaini dice. “Durante 20 días al mes, voy a casa sin haber ganado nada. El resto del mes,. voy a casa con 400 afghani [5 dólares]”.

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