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Jóvenes se unen a huelga climática en Japón mientras Gobierno invierte en combustibles fósiles

Tsuruga Thermal Coal Power Station Hokuriku

Terminal termal de carbón en la planta generadora de electricidad Hokuriku Denryoku, Tsuruga, Fukui. Foto de Nevin Thompson (CC BY 3.0).

Arao Hinako notó algo extraño cuando fue a nadar al mar epicontinental Setouchi con el hijito de su prima.

“Normalmente, si permaneces un poco más de tiempo dentro del mar, comienzas a ponerte azul (del frío). Pero este verano, el clima era excesivamente caluroso y húmedo, y el agua inusualmente cálida”, expresó la productora de cine y activista medioambiental.

Arao es una experimentada organizadora en Japón para 350.org, organización internacional que trabaja con estudiantes activistas de Viernes para el Futuro de Tokio (FFF por su nombre en inglés) –ramificación del movimiento de la adolescente sueca Greta Thunberg para mantener el aumento de la temperatura global debajo de los 2 grados Celsius.

Arao y otros han notado que Japón ha tenido su cuota de responsabilidad sobre las consecuencias del cambio climático durante mucho tiempo.

No sólo se ha estado calentado el océano paulatinamente en lugares como el mar epicontinental, sino que lluvias torrenciales sin precedentes y subsiguientes derrumbes durante la estación de tifones en agosto han obligado a los Gobiernos locales a pedir ayuda de las Fuerzas de Autodefensa de Japón, incluida asistencia en la evacuación de 870 000 residentes luego de las fuertes lluvias en el sureste de Japón en agosto de 2019. El poderoso tifón Hagibis estaba pronosticado para azotar Japón el 12 de octubre.

Sin embargo, los japoneses se están preparando. El 20 de septiembre de 2019, cerca de 5 millones de activistas en 115 países se unieron a la Huelga Global del Clima, donde 2500 jóvenes manifestantes japoneses marcharon desde la Universidad de Naciones Unidas de Tokio en la moderna avenida Omotesando hacia el famoso cruce de Shibuya, vociferando lemas entre cientos de sorprendidos peatones que se detenían a mirar.

Fui a la marcha para realizar un informe para i-D magazine. Asistieron alrededor de 800 personas. Muchos eran estudiantes de secundaria camino de la escuela a sus hogares. Viernes para el futuro. Huelgas por el cambio climático.

Iwano Saori, de 16 años y alumna de último año en la escuela pública de Tokio, integra el grupo creativo de Viernes para el Futuro de Tokio. Explicó su decisión y la de sus compañeros de comenzar una rama de la marcha global por el clima en Tokio a las 17:00 horas, cuando finaliza el horario escolar, al mismo tiempo que en otras partes del mundo los alumnos organizaban protestas escolares: “No puedo traicionar al público que paga por mi educación”, dijo Iwano.

“Ni siquiera tenemos una palabra adecuada en japonés para ‘cambio climático’, dijo Kajiwara Takuro, universitario de último año coorganizador de la marcha. “Utilizamos el término ambiguo ‘sucesos climáticos extraordinarios'(異常気象)”, expresó Kajiwara.

Como anfitrión del acto de firmas del Protocolo de Kioto en 1997 –el primer tratado global en establecer objetivos vinculantes internacionalmente sobre la reducción en emisiones de carbon — y del G20 del presente año –en que se presentó un acuerdo para reducir residuos plásticos marinos–, Japón se encontró en una postura primordial para liderar la acción climática.

Sin embargo, a pesar de la evidencia del impacto del cambio climático en Japón, el Gobierno central ha sido lento en responder a la emergencia climática sobre la que Kajiwara, Arao y otros están intentando llamar la atención.

En cambio, Japón está promoviendo la producción de plantas generadoras de energía alrededor del mundo basadas en combustibles fósiles y exportando la tecnología necesaria para construirlas en países como India y Vietnam. La planta japonesa especialista en ingeniería JCG Holdings ganó un contrato de 3730 millones de dólares para construir una planta de gas natural líquido en Mozambique como parte de un consorcio de participantes que incluye a Exxon Mobil.

En 2018, Japón desplegó un nuevo plan energético que establece el objetivo de generar un 22 a 24 % de la electricidad a partir de fuentes renovables para el 2030. Dicho plan es una enmienda de una estrategia del 2002, cuya meta, según el Ministerio de Industria, Comercio y Medioambiente, ha sido parcialmente lograda. Como resultado, Japón no fue invitado a hablar en la última Cumbre de la ONU en Nueva York sobre Cambio Climático el 23 de septiembre de 2019.

Los jóvenes activistas japoneses comprenden muy bien el desafío que enfrentan los Gobiernos mundiales cuando intentan promover el crecimiento económico pero que evitan sea a expensas del medioambiente.

Sasaki Isao, escolar de secundaria y valiente activista medioambiental de 16 años, tiñó su cabello de verde en apoyo a la primera marcha medioambiental en marzo de 2019. Sasaki le contó a Global Voices sobre su reciente viaje escolar a una plantación en Borneo, Malasia, donde vio a los trabajadores desmontando bosques para cultivo –desmontes como los que contribuyeron con los recientes incendios masivos en la selva amazónica.

“Lo más llamativo fue que también pude entender la perspectiva de esos trabajadores. Las plantaciones sostienen su medio de vida”, dijo Sasaki.

Hay indicios de que la responsabilidad medioambiental está ganando popularidad entre las grandes instituciones financieras japonesas, que son el blanco de las críticas de los activistas climáticos.

A comienzos de octubre de 2019, Mitsubishi UFG se convirtió enel primer banco japonés en emitir los llamados “bonos verdes”, utilizados para financiar edificios con baja huella de carbono y energía renovable en Australia. Aun así, a Sasaki le preocupa que estos intentos de ganar popularidad entre inversionistas sea solo por una cuestión “de moda”.

Hay un hombre que aparentemente puede cambiar la trayectoria del gobierno en cuanto al medioambiente se refiere, y es Koizumi Shinjiro, el nuevo carismático ministro de Medioambiente de Japón, hijo de un famoso ex primer ministro.

Koizumi dice que la lucha contra el cambio climático debe ser “sexy, divertida y genial”. Aún queda por verse si puede encender la pasión de 126 millones de consumidores japoneses por el medioambiente.

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